domingo, 10 de abril de 2011

"Mi hermano mayor, Aurelio...no hace ni veinticuatro horas que le hemos dado tierra...el dolor que le habría producido leer sus libros"


"Viene la noche" (Foto tomada en Palacios de Benaver)


Comentario al capítulo sexto y séptimo de la novela "Viene la noche", de Óscar Esquivias.

Martes, 26 de diciembre de 2006.

¡Hola Sara!

Te cuento lo que pasa en Burgos, esos días 26 y 27 de diciembre.

Benjamín "come techo" y repasa las imágenes del día, las del funeral y el entierro de su hermano Aurelio.



Reciben la visita de unos cuantos curas viejos. Encadenados unos a otros, tanteando, renqueando, con los ojos nublados. Una peculiar danza de la muerte.



En el tanatorio, rezan un poco, se acercan a la vitrina para observar al muerto. Alguno besa el cristal y deja señal. También llega Dori, que solloza y entrega a Benjamín un florero y el "vuelto".

Se celebra la misa en la capilla del cementerio y siguen al coche fúnebre desde la zona noble, la de los mausoleos, hasta el suburbio de los nichos. Se dicen las oraciones, se bendice el cadáver y que la tierra le sea leve, aunque allí no haya ni para llenar una maceta.



El viento travieso levanta sotanas. Una transpaleta sube el ataúd hasta el nicho, un albañil da unas paletadas y coloca unos ladrillos. Los curas se dispersan , van a visitar las tumbas de otros amigos difuntos. Benjamín piensa , por un momento, que esos ancianos regresan a sus sepulturas, los imagina como muertos vivientes. ¿De qué celebérrimo vídeo me estoy acordando?

Benjamín piensa en Aurelio joven y en sus otros hermanos muertos. Rechaza la caricia de Teresa.

Al día siguiente, 27 de diciembre, van a la Residencia Sacerdotal del paseo de los Cubos, enfrente de la vieja muralla, para recoger las escasas pertenencias de Aurelio.



Papeles, revistas , estampas, cartas...En los cajones, calcetines anudados como cebollas y ropa interior deslucida, lavadísima...Escondida, una revista pornográfica antigua, en francés, "con señoras rotundas". Jaime no la quiere, se la queda Benjamín.



En una lata metálica hay fotos, con señales de haber estado pegadas en algún álbum.



Algunas son del seminario, ahí está un Aurelio adolescente, con su bonete, su manteo y sus compañeros.



Y hay muchas de Jaime niño, en aquellos veranos pueblerinos, junto al tío cura. Parece un reportaje de las antiguas labores agrícolas castellanas: en un trillo, subido a las alpacas, rodeado de espigas, con una azada, con un coloño... Aparece con la callada tía Benigna o con mujeres jóvenes y enlutadas, tan "esquinadas" ellas. Aunque no aparece en ninguna instántanea ,cerca estaría el padre Tobes, tratándolas con "displicencia", me gustó la palabrita.



En las fotos se le ve feliz, Jaime no recordaba esa felicidad de antaño. En el hospital, sólo le habían venido a la cabeza las largas horas de dibujos y lecturas solitarias, mientras el tío dormía sus borracheras de vino dulce.

Compran billetes para el tren de la tarde. Va casi lleno y les asignan plazas separadas, en vagones diferentes.



Mientras esperan en el vestíbulo, Benjamín observa el deterioro en que se encuentra la vieja estación, su "arco de triunfo", el que le daba la bienvenida a su ciudad.



El tren sufre retraso. Saca su novela y se pone a leer, rodeado de gente encogida y somnolienta.

A tu marido estos viajes nocturnos se le hacen interminables y no digamos esas "inexplicables paradas en los lugares más desolados". El tren sube por Somosierra...



De repente, ve a su padre en el pasillo, le está buscando, quiere hablar con él a solas. Quiere pedirle su opinión acerca de una nueva carta que ha escrito. ¿Otra para Putin? No, es para el autor de esas novelas que ha leído con tanta avidez. Cualquiera diría que le han gustado muchísimo, pues no. Las califica de "mierda pinchada en un palo". ¿Cómo puede ser tan hipócrita tu suegro?

Jaime tiene que leer una larguísima carta,llenita de paréntesis, dirigida al "señor Esquivias", para dar su opinión.



Veamos su contenido, armémonos de paciencia. Jaime es paciente.

Benjamín, tras pedir perdón por robarle su tiempo, comienza declarando que no escribe la misiva por gusto, sino por un deber moral. Ha leído "Inquietud en el paraíso" y "La ciudad del Gran Rey". Le "han desagradado" y lo declara llanamente. ¿Por qué se disgusta tanto?

Ni por el estilo ni por el argumento. "Desenfocada y pasadera" la primera,"una tontería bastante aburrida" la segunda. Pero si ,desde que Jaime se las entregó, no las dejado ni a sol ni a sombra...

Le acusa de calumniar a ciertas personas, que el escritor no conoció y que él, Benjamín Tobes, trató y apreció. Son tres grados, de menor a mayor, las faltas cometidas: inexactitudes, bromas o injurias. Desea que el escritor medite y recapacite, ahí va. Lo primero, su burgalesa biografía.

Tu suegro vive en Burgos desde su nacimiento, en 1924, hasta que se translada a Madrid, en 1924. Su madre, viuda, tiene que ganarse la vida lavando y cosiendo ropa.



Entre sus clientes, hay varios sacerdotes, entre los cuales está el penitenciario don Damián Herrera; en el que el autor se inspira para su don Cosme Herrera, pese a que éste muere antes del Alzamiento, pese a ser delgadísimo, dulce y nada extravagante; todo lo contrario a su personaje.



Debido al trato con éste y con otros canónigos, sus hermanos Aurelio y Benito ingresan en beca en el Seminario de Burgos.

También recomendaron a su madre, para que el señor Dorronsoro la empleara en su fábrica de alpargatas.



El día de San José del 36, canta misa su hermano Aurelio y es destinado a un pueblo de la Ribera. Allí se translada, junto a su hermana Benigna, para "arreglarle", o sea de chacha. Vaya por Dios, cómo iba el señor cura a atender las labores domésticas. Perdona mi digresión, Sara. Y perdona, también que te cuente esto, porque seguro que ya conoces al dedillo estas historias familiares.

En mayo de ese mismo año, Benjamín se translada a Madrid, donde su madre se casa con un primo suyo, dueño de una tintorería, la que tu suegro heredó.

Así que, debido a las ocupaciones de su madre y a los estudios de sus hermanos en el seminario, asegura conocer muy bien el ambiente de la ciudad que la novela refleja.



Y se pone a contar, al paciente Esquivias, anécdotas como la de aquella vez que Pilar Dorronsoro le visitó en su "humildísima casa", cuando estuvo enfermo de sarampión, llevándole como regalo un Meccano, juego muy caro. De la buena de doña Pilar, sólo quedan unos pisos de lujo.



Por la carta desfilan "el educadísimo padre Zamora", "los rasgos de bondad del general Dávila", el arzobispo Castro "muy de derechas, pero hombre íntegro",don Manuel Santamaría, Mingo, Dorronsoro, González de Lara... El escritor no tiene derecho, le dice, a ridiculizarlos y caricaturizarlos. Fueron modelos de honradez, civismo y "hasta de santidad".

Ahora Benjamín va a destapar una parte de su biografía, que el propio Jaime no conocía. A propósito de ese Infierno que Esquivias quiere recorrer en su futuro tercer libro, el viejo va a describirle el suyo propio.

Para él, el Infierno fueron los tres años de la Guerra Civil, en Madrid, como artillero a la fuerza, con catorce años de edad, en las trincheras de la Dehesa de la Villa y en otras.



Acabada la guerra, cuatro años de durísimo servicio militar en las Canarias. Después, "voluntario" en la División Azul, en el frente ruso, "por pura supervivencia".

Queda "vacunado contra toda simpatía hacia Franco". Su régimen era corrupto, brutal y despiadado: pero opina que "la República se había convertido en un régimen indigno, intolerable para las personas decentes". Benjamín no es ningún cavernícola, quiere dejarlo claro: anticomunista, obrero y perseguido como cristiano de la HOAC.

Pero no acaban ahí las revelaciones. Las puertas del Infierno se abren para él, no el 18 de julio de 1936, sino el 1 de noviembre de ese año. Fue el día en que unos milicianos comunistas detienen a su padrastro, a su hermano Benito y a un amigo , Rodrigo Gorostiaga, que pasaba con ellos unos días. Buscan a unos sacerdotes, se llevan a los dos seminaristas porque llevan una cruz al cuello y al padrastro por defenderlos. Los llevan a la checa de Francos Rodríguez y, al día siguiente, son fusilados. Madrid, era más aterradora que la del Gran Rey.



¿Rodrigo Gorostiaga? El escritor puso a cierto personaje ,un seminarista dotado de una gran sensibilidad, el nombre de Rodrigo Gorostiza. Y eso indigna a tu suegro, que convivió estrechamente con aquel Gorostiaga fusilado, seminarista cuya personalidad no tiene nada que ver con la del ficticio Gorostiza. Jaime puede razonarle que no hay , por parte del escritor, voluntad de falsear nada. Tal vez vio ese nombre en la lista de los alumnos del Seminario, lo modificó levemente y le dio vida como personaje ficticio, no real. Por cierto, que es mi favorito de toda la trilogía. Bueno, Sara, tú también me caes muy bien.



Me da la impresión de que lo que no soporta es la homosexualidad de Rodrigo Gorostiza. Manifiesta que no considera el homosexualismo como una perversión, pero se delata cuando añade: "aunque habría mucho que hablar". Ya ves tú, le preocupa lo que dirían los amigos y la familia de un seminarista muerto en 1936. Que además no es él...en fin, paciencia.

Un último comentario se refiere a las supuestas burlas que Esquivias dedica a Jesús. Aparte de llevar a la peluquería al Cristo de Burgos, para recortarle la melena, no veo en ninguna parte que le llame charlatán, ni brujo, ni hechicero. A Mahoma, dejémosle quieto.



Con unos buenos deseos navideños termina y firma la carta. Pero , en una posdata larguísima, todavía precisa que en aquel Burgos del 36 no había palomas, ni en mi infancia de los sesenta tampoco, preciso yo.



Y que la palabra tanatorio era desconocida, efectivamente se velaba a los muertos en casa. Y que no se conocían los rulos, le pregunto a mi madre, de ochenta y siete años, sí se conocían.

Erratas, puntuación, acentos...que se esmere más . Y no estaría de más el que incluyera algún sueño en sus novelas, aprenda de don Feodor. Yo le diría que tanto paréntesis está de más, pero él cree que son las asas del lenguaje.

Tu Jaime está impresionado, no sabía nada de las muertes del hermano y del padrastro de Benjamín. Fue "hogroroso".

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino


10 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Una de las mejores entradas de esta serie tuya sobre Viene la noche... hasta salen el autor y Michael Jackson -me he reído con este divertido guiño tuyo.

Asun dijo...

jajajajaja, como dice PEDRO, muybueno lo de Michael Jackson.

Me gusta el humor con que cuentas las cosas. Muy buen resumen con tu toque personal.

Besos

Myriam dijo...

¡Muy buena entrada! Menos mal que al final vi el enlace, porque al leer los comentarios de Pedro y Asun, creí que Michael Jackson era el cura de la foto.

Besos

pancho dijo...

Seguro que los paseos estaban mucho más limpios que ahora con la plaga de palomas que parece haberse adueñado de todos los lugares públicos de las ciudades.

El viaje de Benjamín a Burgos fue un modelo de aprovechamiento, tuvo hasta tiempo de no dormir.

Estupendos los dos enlaces. El blog sobre las trincheras de la Guerra Civil es un excelente trabajo de investigación, ya le he dedicado varios ratos para verlo. También tus fotos, tan a cuento.

Conozco a bastantes curas que tenían una hermana soltera para atenderlos. Debía ser una cosa normal.

Profundo análisis de la carta con los añadidos de cosecha propia.

Un abrazo.

Paco Cuesta dijo...

Trabajada y completa entrada. Benjamín tiene la edad suficiente y necesaria para manifestar cuanto guste donde le apetezca. Quizá es la uníca ventaja que da la edad.

Aldabra dijo...

Tus resúmenes son para nota, en serio, por el resumen y por las fotos tan apropiadas. En mi casa hubo cajas de lata igualitas a esa de la foto, recuerdo una en blanco y negro, aún no sé si mi madre todavía no la tendrá con hilos. Biquiños,

MIMOSA dijo...

Todas y cada una de vuestras entradas, cada uno a su estilo, han contribuido de forma notoria y brillante a emplazar mi lectura, a enriquecerme y a descubrir con otro talante las letras que se encierran en cada uno de los libros, os doy las gracias por ello, y espero poder seguir enriqueciéndome con cada nuevo reto que se proponga, quizás algún día acierte a atreverme con la mía propia.
Me he dado unos cuantos paseos por Burgos de tu mano y todos han sido gratos y satisfactorios. Me ha gustado como has enfocado la lectura y todo lo que con ella nos has enseñado.
Unos besos y muchos mimos!!

Abejita de la Vega dijo...

Pedro: al leerlo, me vinieron a la cabeza las imágenes de una medieval danza de la muerte mezcladas con el vídeo de Michael Jackson, pero al revés, los muertos vuelven a sus sepulturas. Entre las infinitas lecturas que puede tener el texto de Esquivias, yo tuve ésta. Es lo que sueles decir: las miles de lecturas posibles de un texto literario. Los de mucha calidad, como éste, tienen más...

Con todo el respeto a los ancianos sacerdotes, que todos los ancianos merecen mi respeto.

Asun: con humor hay que tomar todo en esta vida, incluso la muerte que tiene muy poquita gracia. Con mucho humor se lo toma este escritor.

Myriam: la foto de los curas la hice hace unos meses, quería captar el ambiente eclesiástico de esa zona, entre el palacio arzobispal y la residencia sacerdotal, con la facultad de Teología donde estudió el ficticio Rodrigo Gorostiza o el también ficticio Rodrigo Gorostiaga.

Con todo el respeto a los ancianos sacerdotes, que todos los ancianos merecen mi respeto.

Pancho: los que yo recuerdo estaban limpios de cacas, pero menos cuidados que los de ahora. Ahora se gata más en su conservación.
La Catedral tiene un sistema que las repele...menos mal.

Ese enlace sobre la guerra en Madrid es muy interesante, para estudiar despacito, sí.

Ya sé que lo de la hermana del cura era normal y que la hermana tan contenta y con un estatus en el pueblo...pero lo que suena a machismo rancio me subleva. No lo puedo remediar, me enfada bastante un hombre que no sepa atender las mínimas necesidades domésticas, que manos y cabeza tenemos todos. Yo tengo un hermano que no es cura pero...

Paco: la gente mayor no se corta y hace bien, como Benjamín.

Mimosa: gracias por tus mimos y encantada de pasear contigo.

Aldabra: nota, nota, no sé; pero me entretengo como si fuera mi "punto de cruz", ahora lo cojo, ahora lo dejo....Biquiños.

Un abrazo, amigos , gracias por visitarme. Feliz Semana Santa, santa o menos santa, a elección.

Hernando dijo...

Yo soy de un pueblo de La Ribera, a lo largo de mi vida, cuando he dado con algún burgalés, por éstos mundos, siempre se tiene la idea de que somos un poco locos y que nos gusta el vino, en honor a la vetrdad siempre en mi casa había un porrón o jarro con vino, y de vez en cuando se le daba un tiento, también es verdad que los curas tenían un derecho y era unas cuántas cántars de vino al año, y he de decir, que el cura de mi pueblo, también tenía que hacer la siesta para levantarse más sereno para la hora del rosario. Una cosa que siempre me ha sorprendido y que siempre ha sido motivo de habladurías en los pueblos, es que casi siempre las "chachas" como tu dices eran sobrinas o hermans del cura y el parecido solía brillar por su ausencia, la verdad es que en mi pueblo un día su "sobrina" desapareció y en su lugar vino la madre del cura ésta si con un parecido y una edad lógica de que fuera su madre. Cuento esto, para decir que Esquivias, lo ata todo y bien atado, está en todos los detalles.

Abejita de la Vega dijo...

Hernando: leo tu comentario y das en el clavo. Los curas tenían un poder enorme en los pueblos de Burgos y en los de toda Castilla. Yo creo que si algunos acababan alcoholizados era por el tremendo aburrimiento . Tal vez a algun,, además, le faltara la fe y se creara conflictos.

Las amas del cura eran objeto de chascarrillos y cancioncillas. Eran las chachas y, a veces, algo más...Lo que no había eran curas apañaos y amitos de su casa, eran tan machistas como los seglares.

Un saludo, Hernando.