jueves, 26 de mayo de 2016

Cicatriz: "Era verdad. Existía. Era."





¡Hola amigos lectores!


Aquí me tenéis otra vez, con Austri, mi fiel contertulia literaria. Como soy totalmente ajena al mundo de la ropa carísima, mi amiga me ha paseado, para ambientarme dice, por tiendas y grandes almacenes, en una magistral lección de lo que yo llamo "pijotería". Que todas esas marcas existen, María Ángeles, me asegura, incluso en Burgos. Y también esos precios de cuatro cifras que aparecen, de vez en cuando, en Cicatriz

No sé de dónde saca esta chica tales conocimientos sobre prendas que ella nunca compraría, ni llevaría, por razones obvias. Cansadas de ver trapos de oro, a juzgar por las etiquetas, nos sentamos delante de un café, con el portátil delante, para redactar la entrada semanal. Ya empezábamos a percibir hostilidad en las miradas de las dependientas...qué hacen estas que no llevan trazas de comprar y hablan de no sé qué libro. ¡Mira que hay gente rara!

-¡Qué decepción! ¡No vimos a nadie con trazas de ser un Knut o una Sonia!

-No, la señora del bolso a lo Rita Barberá o las rubitas gangosas no se parecían a Sonia. Ni a Knut...el viejecito del loden que buscaba un "picardías" para una señorita, como susurraba a la dependienta.

-No te fíes de las apariencias, dicen que muchos ladrones de tiendas son de los que podrían pagar sin problemas. También hay verdaderos profesionales, como dice aquí una legión:

"Son legión, dice él. Todas las mañanas montones de personas salen de sus casas a hacer acopio. Centenares de ellos pululando aquí y allá, invadiendo las tiendas como termitas: libros, cds, dvds, videojuegos, pero también perfumes, bebidas alcohólicas, gafas de sol, comida, juguetes, ropa. Muchas son descubiertas, está claro, y se vienen abajo, lloriquean, jamás vuelven a intentarlo. Pero otras son tenaces, continúan , dan ejemplo a las que aún están aprendiendo. Y siempre hay nuevas camadas dispuestas a intentarlo. La rueda gira y gira, nunca se detiene. Siempre hubo cazadores y cazados, vigilantes y ladrones, control y descontrol, sentencia Knut. Así es como funciona el mundo."

¿Seguimos comentando Cicatriz? Parece ser que no ha sido del gusto de algunos de tus compañeros lectores. Y alguno se ha pronunciado contundentemente. ¡Incluso en inglés! Pero siempre con respeto.

-Ahí tenemos  la señal de la buena salud de nuestro club de lectura. Ya te contaré la opinión de los de la lectura presencial.  Algunos han leído Cicatriz como un libro muy de nuestro tiempo: tanta comunicación y más solos que nunca, personas que dicen ser  libérrimas que se anclan a  nuevas esclavitudes. No parece haberles desagradado,  aunque les pueda esta chica, qué tonta, qué gilipollas incluso, dónde se va a meter, tiene un peligro.

-¿Por dónde seguimos?

-Por donde quieras porque es un libro circular, los personajes no escapan del esquema trazado en el capítulo 1. Sólo cambian las circunstancias personales de Sonia: deja de ser becaria y soltera, consigue un contrato en el archivo, se casa con un hombre que parece interesante, tiene un hijo, se separa...La tela de araña, digo los regalos de Knut, se amplían; ya no son sólo libros, también ropa y calzado de lujo, perfumes, cosméticos...coladores, tijeras de cocina o comprimidos de valeriana, todo robado. Sonia cada vez va más lejos en la construcción de su doble vida, llega incluso a robar, como él. 



-Knut disfruta vistiendo a su maniquí por fuera y también por dentro: qué y cómo leer, cómo pensar, cómo escribir para una hipotética carrera literaria de la cual Knut sería el mentor. Un formateador que la somete a  incansables cuestionarios: "Cada nueva respuesta que ella le da genera a su vez nuevas preguntas", una cadena agotadora pero Sonia aguanta, no puede evitar la atracción que siente por un personaje que asegura enviarle regalos "simplemente como pago por tu existencia".



-Como no podemos contar todo el libro, qué te parece si nos centramos en el primer encuentro personal. Jugamos un poco, yo me meto en el pensamiento de Knut y tú en el de Sonia. 

-De acuerdo. Comienzo yo. Soy Sonia.

En los últimos días me ronda una tentación por la cabeza, quiero ver a Knut. Podría coger el primer avión a Cárdenas y volver en el último. Un cortafuegos de casi ocho horas para estar juntos. Salir y entrar de su vida, como por una hendidura casi invisible, sin riesgos ni compromisos. Olvidar por un día a la familia, el trabajo, los cortejadores que me graban cds y me invitan a tomar algo a la salida de la oficina. Qué vulgaridad.

No sólo es la íntriga de verlo, es la necesidad de fingir, sólo durante un día, que es posible vivir la vida de una chica distinguida, elegante y despreocupadamente libertina. Knut no oculta su entusiasmo ante mi propuesta, lo he conmovido. ¡Desea tanto verme, hablar conmigo! Me conmueve a mí también cuando dice que todo lo que puede darme es menos de lo que merezco. Fijamos una fecha.

-Ya ves la ensoñación de Sonia, qué obsesión por vivir una vida diferente. ¿En qué libro, o película, habrá visto una libertina distinguida y elegante?


Ahora me toca a mí. Soy Knut. 

Prometo a Sonia que le compensaré los gastos del viaje. Ella dice que ya están compensados con creces. Pero no, en serio, le enviaré algo, veré qué puedo conseguir. Me encantaría coger para ella alguna prenda que pudiera ponerse cuando venga. Le aclaro que no me refiero a lencería sino a algo de ropa fina, sofisticada. Tengo ya varios objetivos.


Le anuncio mi botín, tengo que contárselo. Una falda negra de Escada, tres piezas de tela superpuestas con delicadeza, todas diferentes al tacto. Calculo que le queda ligeramente por debajo de la rodilla. Los frunces superiores le prestan volumen, sin perder caída. Frunces, caída, qué pocos hombres saben de eso. Su precio normal era 319 euros, en oferta está a 230, qué me importan a mí las rebajas. Fue sencillo desprenderla de la percha y quitarle el clavo en una caja, en un descuido de la dependienta. Envío a Sonia unas fotos de la falda, le gustará.



-Miro las fotos pero más que la falda, miro lo que hay en torno de ella. Knut la ha extendido sobre una cama. ¿En su cama? La colcha tiene un estampado descolorido y anticuado de flores y peces. Hay un cojín marrón de cuadros y restos de papel pintado en la pared pintada de amarillo. Todo muy feo. Contrasta la falda de lujo sobre la colcha barata. 




Ahora caigo en la cuenta de que Knut y yo hemos emborronado nuestros orígenes hablando de lencería, restaurantes y libros. Los dos somos de un barrio periférico, venimos del mismo mundo.


Me anuncia que el paquete incluirá otros zapatos de Armani, de color crema y tacón medio, tipo mocasín. Así podré después ponérmelos a diario, ya sabe que soy de zapatos bajos y medias tupidas. Muy considerado en lo de los zapatos pero añade que le encantaría que llevara la falda y los zapatos con unas medias finas y trasparentes. ¡Medias en verano!


-Claro, por qué no, medias en verano. Me gustaría que se vistiese siempre como una señora, que fuese al trabajo con traje de chaqueta, falda, collares de perlas y medias. Y cuando hablo de medias no me refiero a los panties sino a medias de verdad, de las que se sujetan a medio muslo. No tiene que preocuparse si no tiene medias, yo le mandaré varias, de varias tallas. En uno de los sitios, casi me pillaron, pero yo vi a tiempo como se movía la cámara hacia mí y dejé la mercancia  en otro lado. Cuando el guardia me llevó al cuartelillo sólo encontró una servilleta usada. Seguí la caza por otros lados. De  vuelta a casa vi a un chico tirado en el suelo, había resbalado y se había golpeado contra el reborde de una tapa de alcantarilla mal encajada. 

"Era un chaval ordinario, rechoncho, con gafitas de alambre. Sentí que Dios lo había querido castigar a él mientras instantes antes me salvaba a mí. Probablemente Él aprueba que yo te haya cogido esas medias. Hay unas...preciosas, insuperables, con un sútil brillo nacarado. Las imagino en tus piernas...Frotar la banda, pasar la mano por ella para comprobar que está en su sitio y no se mueve, besarte las rodillas, me dan escalofríos."

Este Knut es un psicópata que mezcla a Dios en sus retorcidos razonamientos. De castigos y premios divinos a sus fantasías con unas medias. ¡Y por medio un pobre chico accidentado que no tiene nada que ver!

-No me molestan sus comentarios, algunos un poco extraños como ese del chico en el suelo y el robo de mis medias. Accedo al plan de probarme la camiseta de Tommy Hilfiger delante de él, suena inocente, no veo el problema.

Me ha enviado una foto, para que pueda reconocerlo cuando nos encontremos. Amplío la foto hasta que los píxeles dejan de representar un rostro humano, la empequeñezco una y otra vez. Es un tipo normal, de facciones anchas y un gesto todavía infantil, moreno, con pelo abundante cortado a cepillo. Sonríe un poco, hay cierta expresión de jactancia en los ojos. Cejas pobladas, piel cetrina, tal vez acné...rasgos tremendamente vulgares. ¿Cómo relacionarlos con los paquetes de regalos que llevo recibiendo durante años? Me dice más el sillón viejo donde aparece sentado y la pared amarilla, rugosa y no muy limpia. 



Llegó el día y yo estaba tan aturdida que era incapaz de distinguirlo allí, tras la cinta de seguridad. En traje de chaqueta a pesar del calor, con el pelo engominado, manos sudorosas, en fin. Iba cargado de bolsas, "palpitante, paralizado, sin sonreír apeas, asustado". Porque yo ya estoy ahí y no me reconoce. Doy un paso hacia adelante y consigo sacarlo de la confusión. Sonrío, nos besamos en las mejillas y bajamos la mirada. No sé qué decir, no hay rastro de aquel gesto de orgullo desdeñoso. Ahora todo es timidez e inseguridad. Me pregunta por el viaje, lo más convencional. Desvía la mirada, no se enfrenta a mis ojos. No me siento defraudada porque no esperaba nada. Tengo la impresión de estar con alguien que no conozco en absoluto. Frente a mí: "un ser que respira, que suda, que se agita, tiembla, sonríe". Me observa de reojo.

 "Era verdad. Existía. Era." Todo en pasado, todo extrañeza. Devuelvo la sonrisa para vencerla.  Él señala mis piernas. Parece ser lo que más le interesa.

- Le señalo la falda que ella plancha con las manos. Se disculpa por no llevar medias, hace tanto calor. Yo, aunque defraudado, contesto caballerosamente:

"Te queda muy bien. Tal como imaginaba. Eres muy guapa. Más aún al natural"

Avanzamos rápidamente, sin hablar. Le cuesta seguirme. Nos sentamos en un banco, el uno al lado del otro. Sonia estira las piernas, resopla para coger aire. ¿No siente curiosidad por el contenido de las bolsas? 



Hay un ligero temblor en sus manos cuando las abre y va sacando zapatos de Armani envueltos en papel de seda más unas zapatillas de golfista. Son de su número, duda en probárselos. Lo hace un poco avergonzada de exhibir sus pies desnudos. De salón, abiertos, con pulserita, con remaches...y unas sandalias espectaculares, llamativas, de tacón plateado. Duda si podrá ponérselas. Se acerca a mí y me besa con suavidad en la mejilla.


-Me pide que me ponga de pie, que camine un poco, que me suba a un banco para verme con mayor perspectiva. Me tambaleo, me río nerviosamente. Knut quiere que cambie mis sandalias. Vamos a andar mucho y temo hacerme daño. Knut sonríe para sí y dice que no le importa. 

Dejamos los zapatos en la taquilla, entra en una perfumería para robar un perfume para mí y recorremos un itinerario previsto. Knut está cada vez más distendido y me enseña las etiquetas que invalidan las alarmas y algunos secretos de su "oficio". Una ruta jalonada de entradas más o menos rápidas en centros comerciales, librerías y grandes almacenes. Yo lo observo actuar con una mezcla de inquietud y orgullo.

En la sección de cosméticos de El Corte Inglés hay muchos más stands que en el de mi ciudad Hay un montón de artículos que, de pronto, se me vuelven irresistibles. Los voy escogiendo con entusiasmo infantil. 



Al salir, Knut mira hacia arriba, enrojece de súbito. Le pregunto qué pasa, él no me contesta. Le sigo con docilidad, siento nauseas. He visto a uno de uniforme decir algo con su walkie, la cabeza me da vueltas. Me dice que no me pare. A nuestras espaldas, vibra el sonido del walkie y luego un pitido y un "recibido" cortante, pero nadie nos detiene.

En la explanada, Knut me pregunta si puede abrazarme. Me estrecha entre sus brazos, pero mira con fijeza hacia el edificio que acabamos de dejar. Me toma por los hombros, me mira a los ojos, me besa en la boca. Nos abrazamos largo rato. Knut sigue mirando cada poco al edificio, yo también estoy pensando en otra cosa.

¡Qué pareja! No están a lo que están. 

-Le explico a Sonia lo que pasó. Teníamos una cámara encima, pero no debían estar muy seguros, por eso ni nos pararon para preguntar. Sí, también colocan cámaras en el exterior. Una nos estaba enfocando justo cuando nos besábamos en la explanada. A mí me gustó especialmente hacerlo allí, justamente por eso. "Debimos dejarlos a todos descolocadísimos". 

Un brownie, una crème brulée y dos copas de helado. En los restaurantes sólo pido postres. Sonia da otro trago a la cerveza, apenas ha tocado el plato. Mira con disimulo el reloj. El restaurante está atestado, la camarera sortea las mesas, el servicio es lento y el lugar agobiante.

Sonia me observa con atención mientras me limpio las manos con unas toallitas húmedas. Le llama la atención mi paleta picuda sobresaliendo de los labios.. Aparta el plato y extiende el brazo, nos cogemos de la mano y entrelazamos los dedos. Sonia tiene las uñas mordidas, con las cutículas desaliñadas y los dedos con padrastros, pellejitos y heridas. Me disgusta, mis uñas están bien cortadas y pulcras. Le digo que son "síntomas de una naturaleza inestable". 

-Como nota que me enfado, me dice que él también tiene la piel estropeada. Se le descama, se le enrojece, le salen granos, eccemas, un herpes en el labio. Pero que lo mío podría evitarlo, le gustaría ayudarme a tener las uñas bien. Yo me encojo de hombros y pregunto por el siguiente plan. "Vamos a ir a un sitio para que pueda probarme la camiseta, como hablamos. Nada de un probador, va a llevarme a la parte de arriba de un edificio de oficinas. Paga y me pregunta a la oreja si llevo algun sujetador de La Perla. 

Tras lo de la camiseta, por fin el panel de salida anuncia que se puede acceder a la zona de embarque. Nos levantamos y nos quedamos el uno junto al otro, sin decir nada. Quizás haya sido algo brusca con mi "Tengo que irme". Knut está abatido, me roza el brazo y el roce quema, no me aparto, pero miro hacia el suelo. Oigo su respiración agitada. Me quita con suavidad un cabello que tengo adherido en la camiseta y me pregunta si se lo puede quedar.

Claro, le digo. Se acerca, lo abrazo, noto su cuerpo tenso. "Knut emite un leve jadeo intermitente". Nos besamos una última vez. Me retiro, cojo las bolsas y me marcho sin mirar hacia atrás.

-Sonia parece que tiene mucha prisa por dejar atrás a la libertina elegante y despreocupada, como Cenicienta en el baile. Sin embargo, no podrá salir de la vida paralela que le ofrece Knut. ¿O sí? 


Una novela que se inicia como historia romántica, pero lo que nos ofrece es el pseudoamor, dos modalidades de sucedáneos del amor, para los tiempos de internet. 

Porque yo sigo creyendo en el amor. 

-Esta chica nos puede, María Ángeles.

Besos de María Ángeles y de Austri
 

19 comentarios:

María del Carmen Ugarte García dijo...

¡Vaya pareja! Sabéis sacar hasta de donde no hay. La idea de la circularidad y esa imagen me han recordado las palabras de un amigo que una vez me hizo una metéfora muy parecida con la M-30: "Cuando te pones a dar vueltas por ella, lo mejor es coger la primera salida, te lleve a donde te lleve". La verdad es que los que hemos conducido por la M-30, sobre todo en alguno de sus tramos, sabemos que lo fácil es que te salgas de ella, precisamente cuando no quieres salirte.

Myriam dijo...

¡jajajajaja me siento contundentemente aludida! Te cuento, como sabes, me gusta siempre utilizar las palabras de nuestro bellísimo idioma sin acudir a "anglisismos trending Topic". En este caso la utilización de una pregunta en inglés fue porque esa es la que me surgió -así mismo- cuando cerré el libro al finalizarlo y me senté a escribir mi aporte y al hacerlo, quise ser completamente sincera, como bien dices: eso demuestra la salud de nuestro club de lectura. Que nuestro Profe permita y aliente espacios para la critica sincera y genere el debate, sólo puede ser algo constructivo que nos hace crecer y es una prueba más de lo buen profesor que es.

Y esto, lo he dicho mil veces, no es un halago fortuito y banal, sino fruto de mi larga experiencia de estudiante - e incluso de auxiliar de Cátedra- en distintas Universidades en distintos países, de las cuales puedo recordar sólo los nombres de un puñado de PROFESORES, así, con mayúsculas.

Besos, Ma Ángeles y ya sabes que admiro tu tesón
y dedicación.




Ele Bergón dijo...

Ya he terminado de leer el libro y sí es tan circular que está siempre metido en el mismo bucle.
Para simplificar te diré que no me ha gustado y que no lo volveré a leer, como apuntaba Paco. Si tengo tiempo, aunque no suelo comentar los libros que no me gustan, quizá diga el porqué para mí es un libro con muy poca sustancia.

Besos

María Luz Evangelio dijo...

Como veo que te fijas en todo, te lanzo una pregunta. No entiendo el porqué de no dar los nombres de los perfumes y sí los nombres de los establecimientos y de las marcas de lencería. No sé si debe a un tema publicitario y la mala publicidad no se permite, o es un "símbolo" que debemos descubrir. Y sí, siempre están dando vueltas. Son así.

Anónimo dijo...

Además de dar vueltas, no me ha gustado la aproximación masculina a la novela, basada precisamente en esa progresión: libros, ropa, perfume...

Hubiera apostado que Sara Mesa era el seudónimo de un hombre bastante vulgar en su consideración de las mujeres.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

En la novela hay un juego con las marcas para connotar ciertas tendencias actuales en las relaciones sociales y personales. Como bien dices, la circularidad es una forma de entender lo que aquí pasa, incluso el final.

Bertha dijo...

No hay mal que por bien no venga, aunque esta señorita os puede, pero gracias a estas relaciones tan suis generis habeis experimentado el placer de conocer el mundo de las marcas (que aunque sea un buñuelo si es de marca, se vende bien).La autora nos refleja un mundo entre dos de frívolos y atrapados en su egocentrismo.

MªAngeles que pases un feliz fin de semana.

María Pilar dijo...

No conozco esta novela, pero tu entrada me ha atrapado y me ha tenido en vilo hasta el final que me ha dejado con ganas de más.
Abrazo Mª Ángeles y feliz sábado.

Bertha dijo...

...por cierto viendo lo bien que nos documentas gráficamente: esa colchan hecha de barbilla o ganchillo si le pones "marca"; puedes sacarle tres veces lo que marca en pesetas o incluso cuatro...Mi estimada MªAngeles el mercado es así:)

Abejita de la Vega dijo...

Algo tiene el agua...Besos Carmen.

Abejita de la Vega dijo...

Sincera y contundente. Este es un profesor distinto, sin duda.
Besos Myr.

Abejita de la Vega dijo...

Alguna sustancia tiene...yo no hubiera comido un plato insípido. Besos.

Abejita de la Vega dijo...

Puede ser publicidad. No lo creo pero no lo descartó. Los perfumes...no se.
Besos Mari Luz.

Abejita de la Vega dijo...

Misoginia, espero que no.
Besos Coro.

Abejita de la Vega dijo...

Las marcas marcan.La circularidad puede irritar.Besos Pedro.

Abejita de la Vega dijo...

Lo pasamos bien descubriendo que hay mujeres con sujetadores de quinientos euros.Locos están locos. Besos Berta.

Abejita de la Vega dijo...

Algo tiene Cicatriz. Te la aconsejo a pesar de las críticas. Besos.

Abejita de la Vega dijo...

Me gusta esa colcha vintage. Ahora sería mucho más cara, desde luego. Era una labor de martes o abuelas. Así es.
Besos Bertha.

Abejita de la Vega dijo...

madres