sábado, 7 de mayo de 2011

"Juan, yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo"


"Viene la noche", imagen tomada en Burgos, en el paseo de la Quinta, junto al río Arlanzón, un tarde de tormenta.

Comentario al capítulo duodécimo de "Viene la noche", novela de Óscar Esquivias.

Sábado, 6 de enero de 2007, Epifanía del Señor.

¡Hola Sara!

Ya pasó aquella terrible Nochevieja. Vamos a ver qué hace tu suegro, algo alicaído desde aquella confesión vuestra, eso de la "no genitalidad". Ha quedado con Cebrianitos, en el bar "La Pampa". No te preocupes, que Benjamín no va a airear lo vuestro.



Cuando la negra Mildred llega y lo aparca en el bar, Benjamín ya se ha tomado el primer carajillo. Está triste , no es por su hermano Aurelio, muerto en vida desde hace tiempo, son "otras cosas". Cebrianitos no se atreve a preguntar.



Comienzan con la muerte del "Hogrible", un francés canaricida y monárquico fervoroso, en su republicano país. Recuerdan la ocasión en que estrelló contra el suelo a los cantarines canarios del mecánico Córcoles y la reacción violenta de éste, una persona de lo más pacífica, llave inglesa en mano.



Hablan de monarquías , en la televisión del bar sale la Pascua Militar, el Rey con su muestrario de medallas. Benjamín es republicano, feliz porque la calle Alfonso XIII, en su barrio de Tetuán, sea oficialmente la calle del Plátano. Cebrianitos, por el contrario, piensa en los reyes como seres humanos; dice que "en el fondo son personas desdichadas", preocupadas porque "saben que tarde o temprano se les echa".



Vuelven al tema favorito de la gente mayor, quién se ha muerto. Esta Navidad, ha caído el "Hogrible". De qué ha muerto: estaba pocho, tenía de todo un poco. Benjamín se decide, a ver qué opina su amigo de lo de no practicar sexo. ¿Recuerda Cebrianitos cuando le iba contando "Los miserables", capítulo a capítulo? Resulta que el protagonista, Valjean, no tenía necesidad carnal alguna.



Benjamín debería recordar que su compañero fue educado en el desprecio a las "novelerías". ¿A quién se le ocurre hablarle de novelas a un antiguo alumno de los paúles? Para Cebrianitos, era un culebrón retorcido y absurdo, sólo salvaba el episodio de la batalla de Waterloo. Y, exaltado, agita una cucharilla a guisa de espada.



Ahora se lo pregunta abiertamente, a que edad empezó a interesarse por las chicas. Y , para su sorpresa, le contesta que a los seis años. Benjamín fue mucho más tardío. A los dieciséis años, combatió en solitario el aburrimiento del servicio militar. A los diecisiete se estrenó, durante un permiso.



En realidad, pensando en tu Jaime, le quiere plantear si un hombre puede llegar a los treinta y cuatro años, sin que se le haya despertado el instinto sexual. Para Cebrianitos eso es rarísimo. Tu suegro no va a ir más allá en la conversación, no va a desvelar intimidades familiares, no te preocupes.

En el vestuario del hospital, te has encontrado con tres actores que se disfrazan de Reyes Magos. Ves un Gaspar tatuadísimo, con calaveras, guadañas y dragones; lo cubre con terciopelo y falso armiño.



Su aspecto fiero engaña. Son de una asociación cristiana que prepara funciones infantiles todo el año, sobre todo para la unidad de óncología infantil. Cargan en el saco los regalos de los Reyes Magos. Retiran dos paquetes, son para un niño que no jugará más.



Bandurrias, guitarras, espumillón. Dejas al alegre cortejo que lleva los regalos y te diriges, entristecida, a tu unidad. Tienes programado un parto de alto riego. El feto tiene terribles malformaciones y no vivirá. La madre tiene problemas de hipertensión y el ginecólogo ha decidido adelantarle el parto.



Se llama Rosa, es una joven ecuatoriana, reza y besa una medalla. Le acompaña su marido, lloran cogidos de la mano. Le ofreces bautizar al niño y ella encantada, se llamará Juan.

Compartes con el ginecólogo y la neonatóloga la pesadumbre de estos "partos silenciosos". Rosa sabe que su bebé vivirá unos instantes y que ella estará dormida. Ha pedido que le dejen morir dulcemente y que no se le utilice para atroces experimentos. El ginecólogo se lo ha prometido.

La cesárea es rápida. Recibes al niño y dejas caer unas gotitas de agua con una jeringa, sobre la frente. Le haces la señal de la cruz y lo llevas con la neonatóloga. En el camino, lo bautizas en el nombre de las tres divinas personas. "Ego sum hostium". Mujer, grande es tu fe.



No se reanima al bebé, su corazón no late, se certifica su muerte.

Es la parte fea de tu hermoso trabajo. Hasta mañana, Sara.

Un abrazo de María Ángeles Merino, para todos los que me visitáis.

7 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Qué triste la pérdida de ese bebé... Besotes, M.

Asun dijo...

Mi madre debe de ser un poco Benjamina porque uno de sus temas favoritos es "los que se han ido", y lo más gracioso es que suele decir: "se ha muerto esa muchacha que no sé qué" y la muchacha en cuestión igual tenía 80 años. Claro, igual para ella que tiene 87 es una muchacha.

Besos

pancho dijo...

A mi parecer el hecho de narrar el nacimiento de un bebé que no tiene posibilidades de vida, junto a la magistral elección y desarrollo de los protagonistas octogenarios es lo más original y novedoso de la novela.

Perfectamente captado el ambiente de tristeza del relato en la carta, muy emotiva. Hay cosas que le cuentas que ya no me acuerdo de ellas.

Un abrazo.

Gelu dijo...

Buenos días, Abejita de la Vega:

Estás haciendo un excelente trabajo en tu lectura del libro de nuestro paisano Óscar Esquivias.

Un abrazo.

Aldabra dijo...

Voluntad y tesón, si señora. Me quito el sombrero.
biquiños,

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Siempre me he preguntado cómo un profesional de la medicina puede recuperarse de la muerte de un niño.

Abejita de la Vega dijo...

Merche: es un capítulo triste,es un niño que dura lo que tarda Sara en envolverle y bautizarle. La mínima expresión de vida, pero sus padres lloran.

Asun: mi madre dice esa chica, tiene 87 como la tuya. Benjaminas tenemos.

Pancho: nunca habíamos leído una narración así, el niño que va a nacer pero no va a vivir. Seguro que Óscar Esquivias se documentó bien, acerca de estos partos silenciosos. Los octogenarios están muy bien retratados,aunque son poco convencionales.

Gelu: bien lo merece el paisano.

Aldabra: se me está alargando esta lectura, tengo que usar un poquillo de tesón; pero una vez que me embalo, ya no me cuesta.

Pedro: tiene que ser duro, no creo que lleguen a acostumbrarse nunca.

Besos, amigos.