jueves, 31 de marzo de 2016

Andarás perdido por el mundo: Madres.


Recordáis a mi amiga Austri, la que me acompaña en mis paseos literarios, con el libro Andarás perdido por el mundo. Es muy suya en lo que toca a lecturas, pero los relatos de Óscar Esquivias la han atrapado. 

El Jueves Santo aprovechamos para visitar la Catedral. Mi amiga es tibiamente creyente y escasamente practicante, pero no quiere perder su rescoldo de fe. En mi caso, ni rescoldo; pero disfruté acompañándola, que los ojos de una niña de la calle de la Paloma siempre descubren algo nuevo entre sus piedras. Y como siempre que visito mi "gabacha" catedral, alcé la vista a mi estrella del Cimborrio y saludé a mi arcediano Villegas en su arco sepulcral de la girola, con su eterno libro entre las manos, clave en la trama de Inquietud en el Paraíso. 


Después de los oficios, salimos  a dar un paseo por nuestras habituales arboledas, pues la temperatura invitaba. Nos propusimos entresacar alguna idea que recogiera todos los cuentos de Andarás perdido por el mundo.

-Bueno, Austri. Ya los hemos leído todos, algunos varias veces. Incluso nos inventamos la cara B para uno de ellos.

-Sí, para Curso de natación. Dimos voz a un padre al que pintamos de color sombrío. Suponíamos que muy malo tenía que ser para  que los dos niños fantasearan con la idea de casar al monitor con mamá.

-Sí, y a Óscar le divirtió como cambiamos la perspectiva a la historia. Me decía, en un comentario, que podríamos haberlo contado de nuevo tres veces, con las voces de la madre, de Stefania y Davide.

-¡Claro! ¡La madre! Hay una madre en la mayor parte de estos relatos. Una madre o algo de lo que hay que despegarse. Soltar amarras. Se me ocurrió delante de Santa María la Mayor.


Réplica de Santa María la Mayor, Catedral de Burgos.

-Y eso ¿crees que tiene su importancia? 

-Mucha. Porque para andar perdido por el mundo hay que soltarse de la mano de una madre, como el niño Óscar en Textiles Marín. Mira, se me ocurre analizar los cuentos, en relación con la figura materna, una de las claves. Como ves, aunque soy lectora plana y convencional tengo mis ideas. Y me pongo manos a la obra. 

-¿Y lo de la Santa María la Mayor? ¿Te ha afectado el incienso, querida Austri?


-No me seas hereje. Comparaba la imagen gótica con las románicas, Theotokos, totalmente ajenas al niño que tienen sentado sobre sus rodillas. En la de nuestra patrona ya hay un indicio de relación entre la madre y el hijo, le está mostrando algo. Evidentemente, Jesús se soltará de la mano de su madre y andará perdido por el mundo. 



-Estás llena del espíritu de la Semana Santa, pero sigue con Óscar Esquivias. 

- ¡Sigo con Maternidad! En La marca de Creta hay un relato titulado así. Es una mujer solitaria que alquiló una habitación a un muchacho delgaducho que huía del pueblo y de un padre que le arreaba.  Comenzó a lavarle la ropa, a hacerle la comida y a sentir ”una continua y secreta alegría de la que a veces se avergonzaba”.  Una maternidad algo extraña, ficticia y con tintes algo morbosos porque a la buena mujer se le iban los ojillos detrás de los chicos jóvenes de la vecindad. 

-No me digas que has leído La marca de Creta.  ¿Lo compraste?

-No lo tenían y lo saqué de la biblioteca . Mira qué bonito, como es un libro de un burgalés, lleva una pegatina con la catedral.


-Pero ahora tenemos que centrarnos en Andarás perdido por el mundo que ya va por su segunda edición, todo un éxito.



- Ya me centro. De eso hablaba, de maternidad, de madres. Voy con el primer cuento.

En Todo un mundo lejano,  hay una madre , Encarna, “desorientada, muy triste” porque su hijo ha roto con su vida anterior. “¿Dónde estaba el Ismael estudioso y responsable? ¿Dónde el Ismael piadoso, cristiano, generoso? Ahora le sentía distante, frío, antipático, ajeno. Le había registrado los cajones de su cuarto y había encontrado cosas que yo ni me podía imaginar (sí podía pero me callé).”

- Efectivamente, Mateo sí podía imaginarse. ¡Qué ignorante Encarna, la madre catequista de un hijo catequista! Tan guapa como la Ceccarelli, tan elegante, con moño peineta y mantilla, en los actos litúrgicos. Tal vez pasara por su cabeza que una buena novia, una chica cristiana y modosita acabaría con la tontería de su vástago y nada de psiquiatra, un buen director espiritual, un lavado confesional y volvería el Ismael de antes. Ni se imaginaba que la voz de Mateo era una voz enamorada. 

Sandra Ceccarelli

El chino de Cuatroca pronto se soltó de la mano materna. Fue engendrado la víspera de partir su madre a la aventura de la emigración. Siempre contó a su hijo que fue fruto del amor y, aunque ella no le buscó, fue "un regalo del buen Dios, quien puso en su tripita una perla preciosa la última noche que pasó en su patria, en el dulce Guayaquil". Cuando se dio cuenta del embarazo ya estaba en Madrid, trabajando de criada interna, en un lujoso piso de Reina Victoria.

El padre, Jefferson, recibió la noticia por teléfono, en Guayaquil. Cortó la comunicación para siempre. Se desentendió de la "perlita" y su mamá terminó casándose con "un hombre horrible" y español. Mamá era buena y dulce pero floja de carácter y se ponía del lado del padrastro en las discusiones. 

-El "chino" se independizó y se marchó de casa en cuanto tuvo dieciséis años. Andará perdido por el mundo este español de nacimiento, ecuatoriano de origen y llamado "chino" por sus rasgos achinados. Guayaco de corazón. Para pagar el mísero alquiler de una habitación compartida, se prestará  a una increíble farsa, la de hacerse pasar por chino profesor de chino, para una niñita bebé adoptada por una cultísima pareja gay. Una burla cruel del compañero de piso, el dominicano Rhadamés. Arreciarán las carcajadas mientras el pobre "chino"se echará a llorar. Seguirá andando perdido por Cuatro Caminos. Sin madre y sin patria. Sin madre patria.


-El niño de La Florida tiene madre, muy regañona y controladora, muy atenta a los buenos modales de sus dos hijos. Sobre todo que no metan la pata y digan palabras inconvenientes como "loco". Porque se ponen muy nerviosos cuando van a visitar al tío Lolo, ingresado en el psiquiátrico de Oña. Muestran sin disimulo  extrañeza y rechazo, en parte contagiados del nerviosismo materno. Lolo es el hermano de mamá, aquel al que ingresaron hace tantos años que todavía dice palabras como leñe o tuso.

Todo cambiará para el niño narrador a partir del momento en que, en medio de la fiesta del centro, pierda de vista a sus padres. El tío Lolo tira de él, el niño va detrás y se va a producir una sintonía entre los dos. Al final, cuando proclame: "El poema lo ha escrito mi tío, lo ha hecho el solo. Es poeta. Se llama Lolo. Lolo Galerón", será su hora de la verdad, el gesto que le hace crecer, el momento estelar de tío y sobrino.

-Para hacerse mayor, uno pierde de vista a sus padres.

Monasterio de Oña

El joven de Gorea visita la tumba de aquel hombre santo que era capaz de borrar las nubes de los ojos de los enfermos. A él mismo le dio la vista con su saliva. Le tocó además los labios y aseguró que tendría el don de la elocuencia. El joven piensa que, en realidad, no ha aprendido todavía a ver ni ha pronunciado las palabras que Álá ha previsto que diga.

-Recuerda que, cuando murió, alguien colocó una moneda sobre cada uno de sus ojos y se los vendó. Era un niño, pero se acuerda bien. Su madre dice que lo de las monedas se lo ha inventado. No siempre las madres aciertan, el de Gorea visita la tumba del hombre santo, reza y medita. Y encuentra en la arena de los caminos un pañuelo anudado con dos monedas en el interior. Y se lo entrega a un mendigo.

El joven de Gorea andará perdido por el mundo, como aquel hombre santo.



-Vamos con El principe Hamlet de Mtsensk. Yuri tiene madre, tan ajena a los aspectos amorosos de la vida de su hijo como la madre de Ismael, el catequista de Gamonal. Yuri debía continuar los estudios de piano en Oriol, a cuarenta minutos en tren de Mtsensk, impronunciable ciudad rusa. La madre pasaba por una depresión, tras la enfermedad y muerte de su marido. Tomaba unas potentes medicinas que le producían sopor y, a pesar de ello, se ofreció a llevar a su hijo en coche, ante los abundantes retrasos de los trenes. Cabeceaba al volante e incluso una vez se salió de la carretera. Yuri tomó la determinación de no consentir el sacrificio de su madre pero, al día siguiente, los maquinistas se pusieron en huelga y no quedó más remedio que recurrir a ella.

-Mientras Yuri estaba en clase, charlaba con profesores y empleados del conservatorio. Contaba con pelos y señales los detalles de la enfermedad de su marido. Repetía: "Ya veo la luz, ya estoy saliendo", "como si la depresión fuera un laberinto oscuro". Las visitas diarias a Oriol le sentaron bien a su estado de ánimo. Yuri estaba en un momento delicado, era un adolescente, había perdido a su padre y notaba la ausencia de su mejor amigo Vania que no había sido admitido en el conservatorio. Si a eso le sumamos la depresión materna...

-Y las infidelidades declaradas de Vania, la gota que colma el vaso. No es de extrañar que el cuento termine con un portazo a Vania, mejor dicho un ventanazo. Yuri andará perdido por el mundo. En Mtsensk, en Oriol o en donde actúe como pianista.


En Los chinos, el narrador es otro adolescente. Pasamos de una Rusia más o menos actual a un Burgos que todavía se extrañaba de ver a un chino. El protagonista pasó de los coreanos del taekwondo a los chinos del restaurante. Nadie distinguía a un chino de un coreano. Ahora tampoco, pero no les miramos con curiosidad.

Se puso a trabajar de camarero español en un restaurante chino, algo muy raro. Era una manera de empezar a independizarse de su familia.

"No hacían contrato y pagaban una miseria pero daban de cenar al final del trabajo y esto último,no sé por qué, me pareció lo más atractivo, porque las cenas en casa de mis padres estaban llenas de purés recalentados y, sobre todo, de reproches, malas palabras o silencios tensos"

-Un mal ambiente familiar, la madre está incluida. El camarero español de restaurante chino acumulaba tensiones, las de casa, las del trabajo... Y llegó el día en que, para más inri, se presentó a cenar la pareja formada por sus antiguos compañeros de colegio: Iñaki y Laura Gamboa. Laura era la niña de sexto B que había escrito secreta y repetidamente el  nombre del protagonista, en una libreta del colegio, adornada con muchos corazoncitos, lo normal a esa edad.  El narrador rechazó furioso tales muestras de amor, arrancando las hojas que fueron directas a la papelera. Laura nunca supo quien fue el autor o si lo supo no dijo nada. Iñaki era el mejor compañero del gimnasio de taekwondo. 

Patio de colegio en Gamonal

¿No le gustaba Laura? Si no le gustaba, ¿por qué le molestó tanto ver a Laura emparejada con Iñaki, en el restaurante chino? El cuento termina con mucha violencia: el cocinero abofetea a su hijo al verlo fumar, quita el cigarro al camarero español y...

"...salté, extendí en el aire la pierna y le di una patada en los riñones"

"Seguí pateándolo, con años de rabia acumulados en la punta del pie"´

¿Contra quién iban las patadas rabiosas? ¿Contra Iñaki o contra el cocinero chino? ¿Se sentía atraído por Jesús, el camarero chino hijo del cocinero? ¿Le gustaba acaso Laura? ¿Por qué no soportaba verla tontear con Iñaki? 

-El camarero español de restaurante chino andará perdido por el mundo. No habrá más purés recalentados por mamá. 




El protagonista de Temblad filisteos se soltó hace mucho de la mano de mamá. Y de las inermes obras de teatro clásico a las que desea desestructurar para que no las conozca ni su padre...total son autores muertos. ¡Qué saña contra Calderón! ¡Y pagan por la faena! No le importan las dificultades, se crece con ellas:

"Vamos a pelearnos mucho"


-El de La última víctima de la batalla de Trafalgar, el profesor Robredo, se soltó de su  alma máter,  la Universidad.de Burgos y anda despendolado. Pasó de sus alumnos y de sus clases, lanzándose a una rocambolesca aventura en Londres, dirigido por las consignas de otro profesor, aún más loco. Le ofrecerán un documento que cambiaría la visión de la batalla de Trafalgar. ¡Ay el inepto Villeneuve! Robredo pasea su  locura por un Londres enloquecido, ante el jubileo de su "gloriosa y dulce reina Isabel". 

Su cuenta corriente quedó a cero. La presión le oprimía el pecho, se le nublaba la vista, se desplomó. Le habían engañado. Hervían imágenes en su cabeza: el delegado de clase persiguiéndole por los pasillos de la UBU, las pantorrillas de la británica y patriota patrona, el músico ruso cagón saliendo del servicio, el pakistaní contando impasible los billetes, el sobrino policia de la patrona cantando algo a su "country", la horrible música barroca inglesa...Argggg.

Estaba próximo a la muerte y alguien proyectaba en su mente el rótulo: "Hoy termina la batalla de Trafalgar; ésta. que debió ser la primera, es su última víctima". 



-Días después, convaleciente en el hospital, todavía se veía en la cubierta del Bucentauro, golpeado por las olas, con sabor a sangre en la boca. Corazón Valeroso se había vengado. 

Si hubiera tenido madre, el profesor Robredo no hubiera andado por el mundo sin mudas limpias. 

Casa inglesa

Vayamos con La Casa de las Mimosas. Mijail tiene madre espartana que cree ciegamente en el libro de un pediatra llamado doctor Gustafsson: fruta, verdura, gimnasia sueca al aire libre y natación diaria. Así que el odiado Sidney, sacaba al niño de la cama para las tablas de gimnasia y después a sumergirse en la piscina: crol, espalda, braza y mariposa. A Sidney le parecía poco lo de Gustafsson, cosa de señoritas, y añadía flexiones, saltos o más minutos de natación. 

-Una mujer viuda, aristócrata rusa perpetuamente exiliada y rica a pesar de los bolcheviques. Llevaba a Mijail a los cines de su propiedad, como a un espectáculo inocente. Si le advertían de que la película no era apropiada para un niño, replicaba: "es mi hijo, no un niño". Era una madre tan invasora como las mimosas de su jardín, en Santa Mónica, en California. Ni pinos ni palmeras, no conseguían que crecieran sino mimosas. 

-Mijail, el narrador, suponemos que ya adulto, declara que, en 1926, a los ocho años de edad, acabó  su infancia, después de ver la película: "El demonio y la carne". El aire europeo de la película, el recuerdo de su padre con uniforme militar, la nostalgia de lo que no había vivido. En aquella película había una melodía secreta: "atisbé lo que significa el sexo". Gilbert y Hanson , los dos protagonistas masculinos, "se miraban de una forma tan intensa que transmitían un sentimiento que iba más allá de la amistad".

-Y los besos de Greta Garbo no le parecieron ridículos "sino muy perturbadores". Deseó que alguien le mirara con ese mismo deseo. Se sintió mareado, borracho, atrapado como su madre con las mimosas. Cuando mamá le comenta que los payasos de Hollywood han dejado de hacer cine para niños, Mijail tarda un poco en contestar:

"Ya no soy un niño, mamá"

-Mijail se perderá por el mundo, para huir de la materna Casa de las Mimosas. El cine le llevará a conocer mundo. No echará raíces. Huirá del ejercicio físico, como de la peste.


Vayamos con Mambo. Carmen, la Papamoscas ni tiene madre ni es madre. En todo caso, juega a ser la mamá de su perro Pipo. Le hubiera gustado, tal vez, ser la madre del chico de los gladiolos, el que tiene novio, el narrador. Y, a éste, tal vez le gustaría hacer un poco de madre con Fernando, pobre chico con las señales del intento de suicidio, la carne cosida de sus brazos. Y hacer que coma mejor, nada de fritanga, él le prepararía ese pescado a la sal que le gusta tanto.


-En El mejor de los mundos, conocemos a un médico cooperante en un país africano, desencantado de todo, adicto a todo, que descubre el mejor de los mundos en el mundo artificial que le ofrece la droga. Una bolsa de pegamento y Tofi le besará con sus carnosos labios. El neumólogo francés ya no recuerda cuando tuvo madre protectora. Lo más maternal que le viene a la memoria es la tía Veronique que se dejaba tocar los pechos cuando se bañaba en el río. No abandonará nunca "el mejor de los mundos". y andará perdido por el peor de los mundos. Pero él no lo sabe. Las lenguas enroscadas, ay. Aquella playa africana.


-Pasamos a El misterio de la Encarnación. El "frullato" del oboe rompe las barreras del tiempo. El músico Julio vuelve a encontrarse con el niño Julito, al que reclamaba la Yoli con un timbrazo insistente que sonaba exactamente como el trémolo del oboe. La Yoli, con el artículo la, melodía del pasado, aquella niña de su clase que tuvo una niña siendo todavía una niña. Aquellos tiempos de comer almóndigas y de ir a ca´la Yoli. Cuando Sor Violante les explicaba en clase la reproducción humana asépticamente y Julito había coloreado el momento memorable en que "el óvulo flotaba como un planeta gigante en mitad del cosmos y los espermatozoides cruzaban el espacio como una lluvia de cometas". Nada indicaba que tenía lugar dentro del cuerpo humano, nadie les explicaba como "saltaban esos recacuajos del cuerpo del hombre al de la mujer". En el colegio les adiestraban para creer en lo maravilloso como "El Misterio de la Encarnación", una muchacha que leía y un ángel bellísimo. Misterios, qué tranquilidad.



La Yoli no volvió al colegio. Tuvo un bebé, la pequeña Dina, y la madre de Julito le envió a ca la Yoli, con una caja de bombones y ropita de bebé usada, envuelta en papel de regalo también usado. A la Yoli se le ocurrió decir que Dina se le parecía y Julito se puso nervioso, mordisqueaba los bombones que eran de licor y quiso salir corriendo. "Me tengo que ir, Yoli". La besó, besó a la madre de la Yoli y a todas las "sultanas" que estaban allí. Se estaba despidiendo de todas. Tenía que huir de aquella casa, de la suya, del barrio, de España, de la galaxia. Bajó las escaleras a saltos, salió a la calle y hoy Julio lo sabe: "has seguido corriendo y huyendo hasta hoy". 

-Julio anda perdido por el mundo, con su rechazo de la paternidad a cuestas. 



Y, por fin, El arpa eólica. Héctor Berlioz, estudiante de medicina a la fuerza, "completamente absorto en su labor de escribir música". Capaz de componer "en latín cantado debajo del agua", para un aria en que el Faraón se ahoga en las aguas del Mar Rojo. Capaz de diseñar instrumentos musicales como el arpa eólica o el guitarrocorno. Capaz de ser impertinente con el temible director del Conservatorio, el malhumorado Cherubini. 

- El problema del joven Berlioz es el dinero, su padre ha girado las mensualidades al doctor Amussat, con el compromiso de entregárselas en mano cuando Héctor asista a clase. Lo sabe a través de una carta de su hermana Nanci:

"Querido hermano, habla con tu profesor , quizá él te pueda adelantar esos francos...Recibirás carta de papá pronto. Está muy entristecido y medita que debe hacer contigo...Mamá le implora que te rescate de París, dice que la ciudad te ha engullido como la ballena a Jonás y asegura entre amargas lágrimas que quizás te hemos perdido ya para siempre, pero yo no lo creo así..."

Berlioz tenía una hermana maternal y una madre que lloraba y temía perder a su hijo para siempre. Él ya se soltó de la mano, pero ella insiste en retenerlo, quería sacarlo del vientre de la ballena.

-Todavía hemos de ver a Berlioz con su aparatosa arpa eólica. Pero el narrador Pons nos lo va a metamorfosear en una especie de jovencito Frankenstein que hará cantar a un cadáver traído del cementerio. Todo un cuento romántico de terror, pero no lo cuentes, María Ángeles.

Héctor Berlioz andará perdido y tan a gusto por el mundo, con su música. 



-Acabamos los catorce relatos. Mañana estaremos en la sesión de lectura colectiva presencial, con Óscar Esquivias y el profesor Pedro Ojeda, en la Sala Polisón del Teatro Principal de Burgos. Lo contaré. Tenía que hablarte de la próxima lectura: Noches lúgubres de Cadalso...

Un abrazo de María Ángeles Merino. 

Otro de Austringiliana, la amiga Austri.


domingo, 27 de marzo de 2016

piel de Pedro Ojeda.


La luna nos recibió aquel 18 de diciembre de 2015, junto al Museo de la Evolución Humana, en Burgos. Entramos, saludamos a tantos amigos, la sala se llenó pronto. Era una pena que se quedara gente fuera. Las sillas estaban dispuestas como en un anfiteatro. Era un espacio distinto, no íbamos a escuchar una sesuda conferencia, nos esperaba la sensibilidad de la poesía. A Pedro Ojeda se le veía feliz. Era la presentación de su nuevo poemario: piel.



Escuchamos a Inés Praga, catedrática de Filología inglesa en la Universidad de Burgos, que nos hizo "una cariñosa y profunda introducción", venciendo una molesta afonía. La superación de una crisis y el amor que salva. Aplaudimos a Inés, que bien merecía el aplauso. 

Pedro Ojeda nos hablaba de sus poemas y procuraba evitar el vicio docente de dar explicaciones, porque "la poesía no se explica".



Comenzó el recitado y apareció un hada, era la bailarina Neftis Paloma que acompañó los versos en tres momentos y nos tradujo las palabras al lenguaje de la danza. Los que la vimos bailar, no lo olvidaremos. Aquí, en "La acequia", tenéis algunas imágenes: la lucha por la independencia, el hallazgo del amor y la liberación que ella quiso interpretar con el giro sufí, en el que es especialista.



El título es "piel"La piel del amor, la piel de los amigos, la piel de la tierra que habitas, la piel familiar. En un libro con un tacto suave y epidérmico. Es la salida de una crisis, recordamos como tiró al fuego los restos del naufragio. 

No puedo ni debo explicar los poemas. Pero, me he dejado guiar por un eco femenino que respondía a cada poema:


Yo me quise morir, pero no pude

No se muere uno cuando quiere. Ven conmigo y no mires más el puente. Los vientos ya no bajarán más, no se atreverán porque estás conmigo. Que guarden ya su cuchillo. Escucha los álamos, el viento ahora eres tú. ¿Eso no lo dijo otro poeta?


Ponte di Rialto (Cuadro de Agustín Merino)

Abrazarte con fuerza no fue un acto heroico: como un viejo telar, Venecia se hundía

Ya sé que no fue heroicidad el que te abrazaras a mí. Fue un poco antes de la última ola que avanzaba hacia nosotros. Nos tapábamos los oídos para no escuchar las fanfarrias de la peste. Los viejos poetas habían muerto y Bukowsky no nos servía. No importaba. Nos abrazamos bajo el azul. Nos habíamos salvado los dos.

Yo he visto los duraznos enloquecer de amor los años sin tormentas

Porque me había hecho muda y ciega y sorda. Y estaba muerta. Había dejado de soñar que cada día cuenta amaneceres. Oliste mi piel, tiraste de mi cabello para ver el color de mis ojos. Estaba muerta pero resucité, mientras los duraznos enloquecían de amor.

Arderán los caminos a tu lado cuando me encuentres tú

Caerán los pájaros, nos buscará un monstruo voraz, se conjurarán las tempestades y las siete plagas por mil, los animales enloquecerán y los demonios saldrán a cazarnos.


Pero no colgarán nuestros cuerpos como racimos de las farolas, no lloverán cometas como lágrimas de ácido. Te encontraré desorientado en medio del cataclismo. 


(Cuadro de Agustín Merino)

Cuando te hallé el mundo se había poblado de zanjas

Un señor con uniforme iba a multar mi risa. Yo escapé entre la gente con paraguas y te elegí.

EXTENSIÓN DEL MISTERIO

Torpeza y dulzura en la piel. 

(Cuadro de Agustín Merino)

LLUEVE ESTOS DÍAS, lento

La lluvia encontró el camino, el surco.

TRAZO SOBRE TU ESPALDA

Un poema en mi espalda. Escrito con amorosa caligrafía. Mapas imposibles en mis labios. No pesa la memoria de las cosas.


(Cuadro de Agustín Merino)

ME PEDISTE QUE ATARAS tus deseos

¿Atar la verde claridad de mi mirada?

TE VENDARÉ LOS OJOS


El botón que incendia mi carne.

Te diré que mis manos acarician

Lenta romería. Sólo el amor nos salva.

NO QUIERO MÁS PAISAJE

Sólo la certeza tibia de mi carne.

SI TE COMIERA A BESOS

No tendrían sentido los relojes

72 VERS.O.S.

Escribiste alguna vez.

LLENAR DE CUELLO LA BOCA

 Entrega.

¿SE PUEDE REINVENTAR UN BESO

Junto a una fuente.

Sí, paso a paso, beso a beso

EN LA PEÑA DE LA CRUZ

Quisimos compartir secretos.

NO ME CIERRES LA PUERTA

Rondarás mi calle y cantará la alondra

PARA LLEGAR A TUS OJOS

Los dibujaste en el agua, con el verde exacto.


(Cuadro de Agustín Merino)

ALGO EN LA LUZ después de una tormenta

Sabe a mí.

ESCONDIDO DEL RAYO

Te saco a la luz, a la calle.

SI EL VUELO DE TU FALDA

Escondido el cálido hogar.

ME PESA YA ESTE TRAJE tan de invierno

Buscas una camisa blanca azahar y azulada. La de salir al sol.

QUÉ POCAS COSAS son las necesarias
para el poema...

Rumor entre silencios, palabras como mañanas de sol.

SE LLEGA AL MUNDO al tiempo de marcharse

Pero entre tanto vivimos la piel, dejamos la huella exacta.

ALGUNAS NOCHES rompen en espuma

Todas las galernas, hasta mi cuerpo

SOLO LOS VERSOS PUEDEN expresar
el tiempo derrochado...

Herida, ruda pregunta, silencios, blancos entre palabras.

NIEVE COMO LA SEDA

Seda fría sobre mi rostro.

¿CUÁNTO ES
lo que de verdad
importa?

Cosas que guardo en un secreto lugar.

SABER QUE LA CERTEZA de tus labios

Dibujo lluvia de otoño.

JUNTO A LOS PINOS del monte

Al aire de la marisma todo lo que miro se hace piel.

HOY HE GANADO EL MAR...

Aquí está, te dije. Abrí el horizonte. Vetas de azul. 

CALMAR LA SED comiéndote la boca

Todo está.

PENSÉ EN TU PIEL

en el ascenso al cerro de Altamira.


La esperanzadora realidad de saberme trazaba el horizonte.

El AGUA TE LLEGABA hasta el tobillo.

Me sabía a salvo en un remanso entre los chopos.

EN SAN FRUTOS grité piel con todas las fuerzas

Te respondió el eco de las hoces y el espejo del Duratón. Piel.

HOY LLUEVE EN CANTAGALLO

Llega el otoño con su serena pausa. Suave tentación en la lenta mañana. Los rizos se enredan en el beso. Se derramará el café. No importa. 

A VECES PIENSO

que hubiera sido mejor nacer en Wisconsin.


En una cabaña, en mitad del bosque, escribiendo poemas para los suplementos culturales. ¡No!

¿Como Bukowski? ¡No!

Lecturas, paisajes, mujeres amadas, amigos, los rosales de tu padre, las manos de tu madre, la ternura hacia tu hija, tu tierra, el origen de tu gente y ser siempre horizonte. Así eres. 

Como indios en la peña buscaremos

El hilo rojizo que desborda el horizonte, ser palabra que festeja y reconoceros en los rostros cuando os agrupáis bajo las estrellas. Risas en círculo. Lo pasáis como indios de película.

EL POETA ESCRIBE A QUIEN QUISO DOMINARLE

Colonizarte, desembarcar en ti, tomar posesión de tu cuerpo en pie de guerra. Ignoraba la mirada del león.

Yo te tiré una castaña
hacia tu ventana abierta

Se lo dedicaste a Pilar Maíllo, a la que alguien tiró una castaña envuelta en diez palabras de amor. 

En la cuna del regazo
mecías la fruta roja.

Se lo dedicaste a Encarnita que mecía una fruta roja en su regazo.

No cumpliré tu encargo de poema

Se lo dedicaste a Marina que te encargó un poema. No quisiste desvelar el camino...

Para Elena, porque cuando le dije adiós 
en la boca de metro de Ríos Rosas
supe cuánto se me había
hecho ya mayor y yo tan viejo.

Qué pellizco en la boca del estómago

Tu hija se fue a sus días en Ríos Rosas y te quedaste mirando en sus ojos la inocencia de explorar todas las calles de todas las ciudades. Que se abran para ella. 

Con el cariño y los mejores deseos para su hija Elena se cierra el poemario. 

y no dejes que nadie
te ciegue las puertas del horizonte.

Después de su lectura y comentario, vuelvo a aquel acto de la presentación en el MEH. Pedro Ojeda firma y dedica ejemplares de piel . Aquí está el mío:




Para María Ángeles, esta piel con la complicidad de lecturas, palabras y emociones.


Foto tomada a la salida del MEH aquel 18 de diciembre

Salimos y nos reciben las luces de la Navidad. Me lo llevo a casa, firmado y dedicado. Ya había empezado su lectura. Es un libro pequeño pero necesito tiempo, no puedo leerlo de un tirón. Leer cada poema en voz alta, para sentir su ritmo. Atrapar los sentimientos y la belleza de las palabras. No es cualquier cosa la poesía. 

¿Y cómo contarlo sin contarlo?  Pido disculpas al poeta, por haberme tomado tanto tiempo. Que estamos acabando marzo, que ya llegó la primavera y yo aquí con imágenes navideñas.  O será que la primavera me ayudó.

Con todo el cariño al autor, el profesor Pedro Ojeda. Con todo el respeto hacia los protagonistas de esta historia de amor. Y no olvidéis, los que pasáis por aquí, que piel es un libro solidario. 

María Ángeles Merino

Las palabras de color naranja están tomadas directamente del libro piel.

Los cuadros son de mi hermano Agustín Merino que ha descubierto muy recientemente la pintura como medio de expresión.


miércoles, 23 de marzo de 2016

Andarás perdido por el mundo: Curso de natación.


Recordáis a mi amiga Austri, la que me acompañó durante mi paseo por Gamonal, con el libro Andarás perdido por el mundo, en la mano y en la boca. También estuvo conmigo en un detallado paseo por La Florida.  En las dos entradas anteriores, tenéis nuestros comentarios. Ahora la conocéis un poco, pudisteis comprobar que los relatos la atraparon, a pesar de ser tan suya en lo que toca a las lecturas. Le ha cogido gusto a ayudarme con las entradas y hoy me acompaña a dar un paseo, con libro, por las orillas del Arlanzón que comienzan a florecer:


Andarás perdido por el mundo, Ediciones del Viento.

-¡Hola Austri! ¿Qué te parece si seguimos con los cuentos de Andarás perdido por el mundo? Porque la semana pasada formamos un buen equipo, nos paseamos por La Florida, de la mano del tío Lolo, "compartiendo las emociones y los pasajes del niño narrador". 

-¡Hola María Ángeles! Así es, compartimos emociones y  pulverizamos el cuento...con todo cariño. Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una y las dos y las tres. 

-Bueno mujer, no lo digas así. Nos gustó tanto que nos resistíamos a dejar algo en el plato. La Florida está ahí intacto, para el que desee disfrutar de su lectura o confeccionar un sesudo comentario. Nosotras no lo impedimos.

-¿Qué cuento quieres comentar esta semana? 

-Esta semana quiero ponerme con Curso de natación, pero no lo voy a comentar.

-El más corto de todos y no lo comentas. ¡Qué bribona estás! 

-No lo voy a comentar, pero le voy a buscar la cara B. O, si lo prefieres, si el cuento es A, me pondré con -A. Porque Curso de natación estimula al lector a imaginar el cuento paralelo. ¡El del padre ausente! Como dijo Pedro Ojeda: "un mundo entero en una piscina". 

-Me parece estupendo, pero explícame por qué has puesto a un San José en la cabecera de la entrada.

-Porque le di la vuelta al cuento el sábado 19, Día del Padre. El niño del curso de natación pone en evidencia a un padre muy poco padre, nada que ver con ese San José que alza con tanto cariño y orgullo a su criatura. Lo fotografié  en Elciego, un pueblo de Álava donde estuve de excursión, en junio pasado. Es del XVII o del XVIII, no recuerdo. El padre del niño de la piscina es, por el contrario, un padre ausente, lo podíamos representar con un San José románico.

-¿Románico? 

-Sí, románico; porque la iconografía del románico mostraba, a menudo, a un San José ausente o dormido. 

-Como diciendo "qué tengo yo que ver con todo eso". ¿Es eso lo que quieres decir? Los artistas románicos gastaban su guasa, a pesar de sus rígidos cánones. El papel de José era difícil, sin duda. 


-Sí, ausente como un San José románico, o algo peor. No lo sabemos, es el "punto ciego" del cuento. Un padre, el del niño narrador, que  desaparece tras la primera frase: "Aprendí a nadar el verano que mis padres se separaron ". No volverá a aparecer hasta el final: "A mediados de agosto, papá volvió a casa". En medio tenemos al niño y a su hermana Stefania que eligen a Davide, al monitor de natación, "el hombre más guapo del mundo", para casarlo con su mamá.

-El pobre niño trata de imaginar cómo sonaría, con la voz del monitor: "Levantaos, hay que ir al colegio", "Comed todo lo que hay en el plato" o "Un beso y a la cama". Y se esmera en sus ejercicios para hacer cumplir mágicamente sus fantasías: Davide se enamorará de su mamá, se casarán y vivirán todos juntos. Stefania y él tendrán un progenitor orgulloso de sus hijos, como el San José de tu foto. Un poco severo, no importa, con tal de que esté a su lado. Podría ser un buen cuento para el Día del Padre, podrías haberlo publicado el día 19.

Te ayudo a imaginar el cuento paralelo. Comienza, María Ángeles. Sigo yo.

Habla el padre del niño narrador y su hermana Estefania

-Al llegar el verano no nos aguantábamos más y nos separamos. No iríamos de vacaciones a San Vincenzo, ni mi mujer ni yo estábamos para dar explicaciones, ni a mis padres ni a los suyos. Nos quedaríamos en Florencia, aunque yo habría de buscarme un pequeño apartamento. Para que los niños no añoraran el mar, ella les apuntó a un curso de natación en la piscina Le Pavoniere, "en una suntuosa villa del Parco delle Cascine". Ella nunca reparaba en gastos cuando se trataba de la comodidad de sus niños, que no pasaran calor. Qué calor iban a pasar en "el lugar más umbroso y frío de la ciudad". Un poco de calor tampoco les vendría mal, blandengues criaturitas. ¡Qué bien les vendría un espartano internado ! ¡Y qué tranquilidad dejarlos en manos capaces de domarlos convenientemente!


-Me alarmó lo que se le escapó a mi hija Stefania, toda una mujercita de catorce años. Le preguntó mi madre si era buen profesor el tal Davide y la niña lo proclamó como "el hombre más guapo del mundo". Sentí curiosidad por conocer la elegante piscina y su afamado monitor. Indagué un poco, a qué  horas acudían mis hijos, para no coincidir, sería muy embarazoso.

-Cuando llegué, estaba dando clase a un grupo de mujeres maduritas que se lo merendaban con la mirada. Allí estaba el socorrista monitor de natación, con sus eternas gafas de sol y su camiseta que subía y bajaba como un telón, dejando al descubierto una impecable musculatura, eso que llaman "tableta de chocolate". Es que los chulitos de gimnasio se inflan a esteroides, de dónde iban a sacar esas piernas como columnas, peludas y morenas de rayos UVA. 

Aquel verano tuve varias reuniones con la que iba a ser mi ex mujer, cosas de abogados y de dinero, ya sabéis. Eran bastante agrias pero mi mujer se endulzaba cuando hablaba de sus hijos. Me contaba que su hijo batía las piernas con ritmo, aguantaba la respiración y soportaba el cansancio. Que nunca le había visto esforzarse tanto. Que salía del agua temblando y de color azul, pero feliz de haberse superado. 

-¡Si mi hijo no sabía nadar! En San Vincenzo, se escondía tras las rocas, recogiendo conchas y piedrecitas para su colección. Porque era muy pequeño aquel día. Lo sujeté con toda mi fuerza y lo arrojé  donde más cubría, el mismo método que siguió conmigo mi difunto padre. Debió de coger miedo, como una nenita. Lo superó gracias al estupendo monitor, decía ella. Tiene ya doce años. 




-Mira que si mi hijo se me ha vuelto...

No llegamos a firmar los papeles. Qué iba a hacer ella sin mí. Yo no soy una mala persona, infiel, lo normal, alguna vez se me fue la mano, hay cosas que un hombre cuando es muy hombre...Abandoné el apartamento de mala muerte a mediados de agosto. 

"A mediados de agosto, papá volvió a casa"

- Estefania y su hermano tuvieron que olvidar su sueño. 


¡Qué bien nos ha quedado el cuento paralelo! Nos ha salido un padre peor que ausente y un marido impresentable, María Ángeles.

-Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino



jueves, 17 de marzo de 2016

Andarás perdido por el mundo: "Lolo Galerón, el poeta de La Florida".


La estación de tren de Oña abandonada, foto de 2007. 
Visita a la villa oniense en compañía de mi amiga Luz del Olmo.

Comentario del relato La Florida, del libro Andarás perdido por el mundo de  Óscar Esquivias. Para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda.

Recordáis a mi amiga Austri que me acompañó durante mi paseo por Gamonal, con el libro Andarás perdido por el mundo, en la mano y en la boca. En la entrada anterior, tenéis nuestros comentarios. Ahora la conocéis un poco, pudisteis comprobar que los relatos la atraparon, a pesar de ser tan suya en lo que toca a las lecturas. ¡Se los leyó todos de un día para otro! ¡Y sólo iba a leerse el del catequista! 

Dejo, para más adelante, las fotos que hicimos por el pueblo de Gamonal y algunos de sus colegios, para casarlas con otro relato escolar y gamonalense. 



 Ahora estamos en mi casa, Austri está muy interesada en lo que voy a escribir esta semana y quiere darme ideas. Hablamos, comienza ella. 

-¿Qué te parece si seguimos con Gamonal? Podemos ponernos con El misterio de la Encarnación. Me es muy familiar ese niño extrañado ante la lámina del libro de Ciencias Naturales: "el óvulo flotaba como un planeta gigante en mitad del cosmos y los espermatozoides cruzaban el espacio como una lluvia de cometas". El chaval es de Gamonal y de los tiempos de la EGB, que tú recordarás, que en los nuestros sólo se reproducían los paramecios.



-Y los pólipos. A mi también me gusta mucho, pero no te adelantes tanto. Si te parece nos vamos a Oña. Seguro que has oído alguna vez eso de "a este paso voy a terminar en Oña". En Burgos, era sinónimo de volverse loco. De la misma manera, en Guipúzcoa acababan en "Santa Águeda" y en Madrid era Leganés, "Santa Isabel". A pesar de la protección de los santos, los manicomios daban miedo, mucho miedo.


-De acuerdo. Vamos a Oña, pero no al manicomio, que esa palabra ya no se puede decir. 

- Vamos al Hospital Psiquiátrico de San Salvador de Oña, a visitar a un residente, Bartolomé Galerón Fuentes, el tío Lolo, un personaje más de pueblo que las amapolas, muy antiguo y algo bruto, pero entrañable.  Miguel Delibes no hubiera dudado en adoptarlo. Vamos de la mano de su sobrino, un narrador que recupera la mirada del niño que fue, en unas visitas que le llevaron del rechazo y  la extrañeza a la sintonía. 

He hablado con familiares y enfermeras. Coinciden en que Óscar Esquivias da una pintura muy precisa de "La Florida". 

"El psiquiátrico daba la impresión de ser el palacio de unos emperadores o un lujosísimo hotel con su fachada de piedra llena de columnas, enormes blasones de los cuatro reinos españoles y estatuas de héroes. Además, tenía unos vastos jardines con fuentes, albercas llenas de peces, árboles frutales, pérgolas y un paisaje montañoso de fondo que parecía el decorado de una obra de teatro"
Monasterio de San Salvador de Oña

-Sí, mira aquí al final. Leemos en la Nota del Autor: "Se lo dedico a mi tío José Luis Galerón, quien vivió largos años en La Florida y, a su modo, alcanzó la eterna juventud: la de vivir siempre con veinte años". Seguro que el personaje de Lolo tiene mucho de José Luis y el narrador mucho del mismo Óscar Esquivias. 

-Pero, ya te lo decía el otro día, no tienen por qué coincidir. Que estabas dispuesta a preguntar en la iglesia de Gamonal  por el catequista Ismael Bejarano. 

Comenzamos con el relato, podemos situarnos a finales de los setenta y principios de los ochenta. Oímos una voz que habla en pasado: "Mi madre aparcaba siempre frente a la fachada del psiquiátrico". Era un niño que llegaba a Oña, acompañado de sus padres y un hermano David. Cumplían con la visita habitual al tío Lolo, internado allí. Nos narra una visita pero son muchas las visitas, es la rutina  marcada por los verbos en imperfecto: aparcaba, giraba, dedicaba, respondíamos, parecía, pasaba, daba, giraba otra vez...

"Ya durante el viaje nos íbamos electrificando, como animales ante la cercanía de una tormenta..."

-Los niños llegaban nerviosísimos. Siempre era así, con  la regañina materna habitual y el permiso para descargar en los columpios la tensión acumulada. Pero, cuando entraban al hospital, volvían a la pendencia con empujones, codazos y cabezazos. Tal vez se contagiaban de la tensión reprimida de los padres, especialmente de la madre, hermana de Lolo: 

"Mi padre solía encender un cigarrillo y mi madre cerraba los ojos y apretaba la frente contra el volante. Parecía meditar o rezar durante unos segundos". 

- Viajaban a Oña cada tres meses, más o menos. El narrador se detiene en "una ocasión en la que los columpios chirriaban horriblemente en cada balanceo". Al padre le parecían "las cadenas del infierno", a los niños les encantó la idea de apostar a ver quien llegaba "más cerca del infierno" y a la madre se le escapó la palabra prohibida: "Dejad  de columpiaros a lo loco". Su hijo David replicó al instante: "Has dicho loco". El tío Lolo no estaba loco, estaba "enfermo". Estaba ingresado en el Hospital de San Salvador, mejor omitir psiquiátrico, "Manicomio" estaba prohibidísimo. La madre imponía "reglas estrictas con el lenguaje".

-¿Hospital? Aquello no respondía a la idea que un niño tiene de un hospital, no se parecía en nada al ambulatorio de Gamonal, un lugar en el que uno volvía a su casa para curarse con jarabes o pastillas. "En Oña, sin embargo, no parecía curarse nadie: uno entraba y se quedaba ya para siempre".



Al fondo, el ambulatorio de Gamonal

- Después de los columpios, les seguimos a través de corredores y patios, hasta llegar al edificio anejo donde vivía el tío Lolo: "La Florida". Se iban cruzando con los "internos" que sesteaban, saludaban o les dedicaban muecas. Algunos les salían al paso, les daban ceremoniosamente la mano y les pedían tabaco, la moneda de más valor allí. La madre llevaba cigarrillos sueltos que entregaba si no había ningún celador cerca porque estaba prohibido dar de fumar a los "residentes". "Residentes", otra palabra que nos indicaba que uno entraba allí para mucho tiempo. 

-La monja friolera de la chaquetilla de punto, la que estaba a cargo de "La Florida", ya les conocía y les llamaba "la familia Trapp". Vete a saber por qué, quizá ella se veía como Julie Andrews. Ordenaba, besaba y voceaba: "¡Galerón tienes visita! ¡Está aquí tu adorable familia!" Besos y más besos fríos.  Pongamos que la monja mandona, besucona y redicha se llamaba Sor María. 



-Por fin, bajaba lentamente el tío Lolo y la "adorable monja" le agarraba por la barbilla para obligarle a sonreír. Mamá se adelantaba y le daba un par de besos, papá otros tantos. A los niños les dedicaba una mirada desconfiada. La monja, campechana e inflexible, le ordenaba que se agachara para que le besaran los niños, que no fuera "sieso". Lolo se plegaba con fastidio, los niños le daban un solo beso rápido y se apartaban como si temieran un calambrazo. 

Luego se repetía el mismo diálogo. "Vamos a sacar a mi hermano a dar un paseo por el pueblo...Si Lolo está tranquilo y le apetece, igual comemos con él fuera, en algún restaurancito". Y la monja claro, claro, qué bien lo vas a pasar, ya aviso a la portería para que te dejen salir. Pero lo de comer juntos nunca se cumplía porque Lolo se negaba en redondo, él quería comer "en casa". Le preguntaban cuál era su casa, con la esperanza de que acertara con el nombre del pueblo donde nació, Villandiego. Insistían y, al final, arrugaba la frente y respondía: La Florida. 



-Otra rutina era la entrega del bolsón de ropa usada, para vestir a Lolo. Era ropa del padre "casi nueva", la monja la recogía con indiferencia. La verían en otros internos, al tío le vestían con ropas viejas y desconocidas. Siempre sin botones gruesos, ni cordones, ni cinturones ni tirantes. Se podían hacer daño si se los apretaba mucho. ¿Y por qué? "Porque a veces les pesa la vida y se les va la mano.". El niño no entendía, las cosas pesaban, "pero ¿la vida?"

-Cuando salían, lo primero que hacían era acercarse al coche. Se le iluminaba la cara al entrar en el "auto", como decía él. Disfrutaba sentándose en el puesto del piloto, giraba el volante, tocaba el claxon y se enfadaba cuando su hermana le negaba las llaves. A continuación, lo que tocaba era proponerle ir de excursión a algún pueblo de los alrededores. ¿Tal vez un restaurancito en Trespaderne? Siempre se negaba. ¿Era porque conducía una mujer? ¿No se fiaba? La madre explicaba a sus hijos: "Cuando enfermó, las mujeres no hacían ciertas cosas". 

"Cuando enfermó" era un tiempo lejanísimo para los niños, inimaginable. Las mujeres no conducían, no llevaban pantalones y no hacían mil cosas que estaban mal vistas o no eran costumbre.


Citores del Páramo. Una mujer de antes.

Cuando Lolo enfermó, su hermana pequeña era una niña y sus recuerdos eran muy difusos. Ella siempre le había conocido "así". "Así" significaba ingresado en un psiquiátrico. 

¿Cómo enfermó? Lo que le contaron sus padres. A los quince o dieciséis años comenzó a hacer cosas raras: subirse al campanario desnudo, comer tierra, matar a todos los gatos del pueblo, incluido Calixto, al que la abuela quería tanto. Estuvo de pastor pero le devolvieron pronto a casa por raro. Luego le tocó hacer el servicio militar en el aeródromo de Villanubla y su cabeza no aguantó más. Ingresó en el Hospital Militar de Valladolid, después lo mandaron a Mondragón y terminó en Oña. 


Oña, una vía muerta.


-¿Qué tenía? No había palabra. Bueno, sí, esquizofrenia. Pero su hermana no se fiaba. No era como ahora, llamaban a todo esquizofrenia y lo trataban de cualquier manera, hoy se habría curado. 

Cuando Lolo se cansaba del coche, daban un paseo. Iban a la estación, le encantaba ver pasar los trenes. Le invitaban a tomar un vaso de vino, su hermana era incapaz de negárselo, a pesar de tenerlo prohibido. Le entregaban pastillas de chocolate y un par de cajetillas de tabaco, lo único que parecía agradecer de verdad. Las guardaba con un gesto pícaro, que no las viera Sor María. 


-Bartolomé Galerón era un personaje varado en otro tiempo, aquel en que enfermó. Si su hermana encendía un cigarrillo, era capaz de arrancárselo de los labios de un manotazo. ¿Dónde se había visto que las mujeres fumaran? A la misma mujer que le regañaba por recoger colillas del suelo, que le trataba como a un niño. A los sobrinos les daba risa su forma de hablar, la de "entonces":

"Mi tío decía "tuso", "orinar" y otras palabras que sonaban como antiguas, como "leñe", "diantre", "auto", "chisquero" y cosas así"

-Lo de "leñe" ya era de tebeo en mi infancia de ciudad.


-El tío Lolo recordaba el nombre de su padre, se callaba el de su madre y de su hermana decía que era la Tula, una niña del pueblo "fea y escrofulosa".  Un mundo antiguo con enfermedades antiguas.


-En verano se celebraban las fiestas del "complejo" y la Diputación invitaba a los familiares a un día de "convivencia". Se podían visitar las instalaciones y había misa de campaña, pic nic multitudinario, actuaciones de artistas, proclamación del  rey y la reina de las fiestas, cohetes y orquestilla. Pero los dos hermanos se aburrían mucho con estas fiestas, todas se confunden en la memoria del narrador, con excepción de la de 1980. 

Aquel año todo se desarrollaba como de costumbre. Estaban con Lolo en una explanada, viendo las actuaciones de la tarde, rodeados de gente. El niño narrador se aburría como una ostra y se moría de sed. Soñaba con un refresco o con el agua de una fuente. 



Iba a decírselo a su madre cuando se dio cuenta de que no estaba a su lado. Miró alrededor, no vio ni a sus padres ni a su hermano David. Preguntó al tío Lolo que miraba al escenario y movía torpemente las piernas. Ni caso. Estaba rodeado de gente que bailaba, charlaba o iba de acá para allá con un vaso de vino o cerveza. Sus padres no podían estar lejos, lo más sensato era quedarse quieto.

-Justo entonces, el tío Lolo echó a andar y no hacía caso alguno al niño que iba detrás. ¿Dónde iba? Consiguió agarrarlo pero era más fuerte y le arrastró fuera del gentío. "¡Tenemos que volver tío!" El tío Lolo replicó: "¡Que me orino, hostias!" Fue con él, agarrado de su mano, hasta un rincón solitario, junto a unos rosales. "¡Ayuda, cojones, ayuda!" clamaba el tío que no conseguía abrir la cremallera de la bragueta. El sobrino se la bajó de un tirón, cayeron los calzoncillos y los pantalones y le apartó con un "¡Tuso, tuso!"

-Como a un perro, eso de tuso se le dice a los perros para que se aparten. En los pueblos lo he oído yo.

Manneken Pis (foto Julio Plaza)

-Cuando acabó, se subió los pantalones pero se dejó la cremallera bajada. El niño se la subió deprisa, temiendo que alguien le viera. A lo lejos se oía el ruido de la fiesta y "el tío Lolo volvía a estar silencioso y como ausente".

Tío y sobrino paseaban junto al estanque de las truchas. Lolo sacó dos cigarrillos arrugados y ofreció uno al niño que fue instantáneamente rechazado. A continuación, se metió los dos en la boca, los prendió y los empezó a fumar a la vez. 

-El chico tiraba piedras a las ranas y a los peces, le divertía como nadaban espantados. A Lolo le gustó aquello y exclamó un "hostias" muy festivo. El sobrino repetía con placer las  palabras prohibidas : hostias hostias, cojones cojones. Y fue el comienzo de una gran amistad. 


A continuación, vieron un gato que sesteaba al sol y dijo al oído del niño: "Mátalo y nos lo merendamos". El chico no tenía intención de comer gato pero la idea de usarlo como diana le excitaba. Acertó con una piedra en toda la panza y le hizo huir. 

-Ya se sabe como murió el gato Calixto. Me acuerdo ahora del gato Sebastián, que fue comido en la novela "Inquietud en el Paraíso", y de su última  triste tajada. Eran años de hambre. Miauuuu. En tiempos de Lolo, más que hambre era gamberrada.


Pero sigamos. Alguien se acercaba dando voces. Era un celador con gorrito de fiesta que buscaba a Bartolomé Galerón. Le estaban llamando por los altavoces, tenía que leer su poema. Cuando llegamos, el psiquiatra director del centro que hacía de locutor, ataviado con un collar hawaiano, anunció: 

"Saludemos con un fuerte aplauso a Su Majestad el Rey de San Salvador, que viene acompañado por un adorable pajecillo"

-Les subieron a los dos al escenario. Les colocaron gorritos y collares. El celador llevaba en una bandeja una cinta con los colores nacionales y el lema REY DE LAS FIESTAS 1980. 

La familia se llevó una sorpresa, nadie les había avisado, ni sabían que Lolo iba a recitar en público. El niño tenía sus dudas. Si casi no hablaba, sólo tuso y cojones y vamos a comernos al gato. Sor María le preguntaba dónde tenía el poema y le rebuscaba en los bolsillos. Por fin encontró un papel doblado, entre colillas, chapas, algún cigarrillo y el recorte de una actriz desnuda con enormes pechos.



-Tras el enérgico "lee Galerón" de Sor María, Lolo se puso a leer con una vocecita ininteligible y el público gritaba que no se oía. El sobrino estaba agarrado a la mano del tío que le apretaba y le hacía daño, pero no se quejaba. "Lolo carraspeó y dijo a grandes voces, como un pregonero:

-"A un pájaro"
¡Oh ser nacido del huevo!
Suave plumaje es tu piel,
te pareces a los ángeles,
puedes volar o ir a pie.

-Se oyeron aplausos y los abucheos de un interno muy malencarado. Lolo le sacó la lengua y le increpó con un :"me cago en" que se empezó a oír por la megafonía, antes de que Sor María le apartara. Le colocaron en la presidencia del escenario, junto al sobrino pajecillo y la reina de las fiestas, "una interna gordita y estrábica". "Los tres solemnes como una familia real improvisada que estuviera a punto de presidir un desfile". El director anunció que iba a intervenir el presidente de la Diputación y después cantarían todos juntos el himno a Burgos. 

El niño se sentía muy importante, rodeado de gente principalísima: "el presidente de la Diputación, el Comandante de la Guardia Civil de Oña (con su brillante tricornio y la pechera llena de medallas, aquel hombre seguro que era un héroe), el alcalde del pueblo, el párroco, los psiquiatras, Sor María"

-Hubo un discurso embrolladísimo del Presidente de la Diputación, tan largo que la reina de las fiestas le arrebató el micrófono y le pidió permiso para cantar una jota, que se había acordado de la letra y, si no la cantaba ya, se le iba a olvidar. El Presidente accedió con una sonrisa y el público clamaba que cante, que cante. Y la cantó: "que viva San Juan el Mozo...". 

El Presidente, aquel que conocimos tantos años, acabó el discurso y se cantó el Himno a Burgos. Aquí la reina de la fiesta también gritaba lo suyo y se inventaba la letra cuando le fallaba la memoria: "sus piedras sagradas que son mortadela". Mortadela por fortaleza, qué más daba. Se notaba que  había sido cantante lírica en la Scala, en Viena, en Buenos Aires y...en Valdorros, su pueblo.




-Acabó el acto, tiraron cohetes y las autoridades se fueron despidiendo. El Presidente dio la mano a Lolo y acarició la cabeza al niño, interesándose:  

"¿Es familiar tuyo?...El poema es muy original. ¿Lo ha escrito él o se lo has escrito tú? Dime la verdad-me preguntó guiñándome un ojo"

El muchacho tuvo la tentación de apropiarse de los versos y recibir los halagos de aquel señor tan importante. Iba a decir: "Sí, son míos, pero es un secreto". Pero, para su sorpresa, lo que pronunció fue: "El poema lo ha escrito mi tío, lo ha hecho el solo. Es poeta. Se llama Lolo. Lolo Galerón". El Presidente le sonrió, le dio la mano y la enhorabuena, podía estar orgulloso.

-Y a todos los que venían a saludarle les informaba: " El poema lo ha escrito mi tío Bartolome Galerón Fuentes"

Al final, el niño narrador recupera el papel donde estaba escrito el poema y descubre que está ante una fotocopia de un poema de Gloria Fuertes,  Siente desilusión, frío, siente que la vida es injusta, debería haberlo escrito su tío. Rompe el papel en trocitos minúsculos y  no se lo dice a nadie.

"Lolo Galerón, el poeta de La Florida".

-El protagonista del cuento tiene su hora de la verdad, la de un  gesto que le hace crecer. Es el momento estelar de Lolo Galerón, pero también el de su sobrino. Como dije al principio, pasó de la extrañeza y el rechazo a la sintonía. 

Seguiremos con Andarás perdido por el mundo. 

Un abrazo de María Ángeles Merino para todos los que pasáis por aquí.