jueves, 15 de octubre de 2015

"El licenciado Vidriera": "viendo que en un sujeto donde se contenía tan extraordinaria locura como era el pensar que fuese de vidrio, se encerrase tan grande entendimiento"


El membrillo culpable de la locura de Tomás.

Comentario, en forma de diálogo imaginado, para la lectura de la novela ejemplar "El licenciado Vidriera" de Miguel de Cervantes. Destinado a la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

Salúdoles de nuevo, desocupados y amantísimos lectores. En la entrada anterior, me ocupaba del prólogo de las "Novelas Ejemplares" y, tras dedicar unas líneas a las ediciones que utilizo para su lectura, me puse a comentar lo que viene después de "Quisiera yo, si fuera posible, lector amantísimo, excusarme de escribir este prólogo".

Escribía, escribía, sin placerme lo escrito. Hasta que...¡ya está! Me puse a soñar con un ficticio diálogo entre dos rivales de Cervantes bien conocidos: Lope de Vega y el llamado Alonso Fernández de Avellaneda, el autor del Quijote apócrifo. ¿Por qué escribo cosas así?

Vaya usted a saber, la actividad de mis neuronas cruzada con mis circunstancias personales, el yo y sus circunstancias, que diría el maestro Ortega. Y el fruto, acabo de enterarme, es que cada miércoles me metamorfoseo en fanfic, abreviatura de fanfiction. Me informó la seña Carmen, la del blog "Lunes galbana",  en un comentario a mi entrada anterior. 



Así que me pongo a soñar de nuevo, a la espera de mi metamorfosis de mitad de semana:

¡Ya está! Mis dedos me piden guerra. Imagino a don Lope de Vega, de rostro conocido, junto al misterioso Alonso Fernández de Avellaneda, de aspecto un tanto eclesiástico. Los veo, bien acomodados, en los almohadones de un estrado. Es  la casa del Fénix de los Ingenios y, aunque sea un espacio para mujeres, no vemos ninguna; sólo un bastidor con una jota mayúscula a medio bordar sugiere la presencia, o la ausencia, de una mujer. Lope y Avellaneda se han refugiado allí, para leer y hablar. Cada uno va armado con un ejemplar de las "Novelas ejemplares" y no van a dejar títere con cabeza. ¿O tal vez no sea ansí?



"PASEÁNDOSE dos caballeros estudiantes por las riberas de Tormes, hallaron en ellas, debajo de un árbol durmiendo, a un muchacho de hasta edad de once años, vestido como labrador".

-Así que se paseaban dos caballeros por las riberas del Tormes. ¡Lazarillo habemus! 



Lazarillo junto al mar Cantábrico, que no junto al  Tormes.

¿Estaremos ante el pícaro Tomás?

-No, por cierto, don Alonso, que , aunque busca un amo para servir, aquí no sabemos nada de su bajo origen, ni nos consta que el mismo sea deshonroso. Sólo conocemos que va "vestido como un labrador". Un muchacho "de hasta once años" que dice haber olvidado el nombre de su tierra; algo muy de Cervantes, ciertamente, lo de no querer acordarse. 


-No tan bajo, si sabe leer y escribir y osa estudiar en Salamanca, aunque sea como criado, a cambio del estudio. Y el muchacho pica alto, dice que nadie sabrá el nombre de su patria y de sus padres hasta que pueda honrarlos. ¡Como un caballero andante desas novelas que don Miguel desea poner en aborrecimiento de las gentes!




-Y cuando le preguntan cómo piensa honrarlos, Tomás Rodaja contesta que lo hará siendo famoso con sus estudios, porque él ha oído decir que "de los hombres se hacen los obispos".  Y la brava respuesta mueve la voluntad de los caballeros estudiantes, dicho y hecho, lo llevan consigo y le dan estudios, a cambio de sus servicios. 

-Todo sucede con rapidez: "A pocos días le vistieron de negro, y a pocas semanas dio Tomás muestras de tener raro ingenio..." Tan buen servidor como buen estudiante y los amos le tratan tan bien que ya no es criado sino compañero. Todo ha rodado demasiado bien para Rodaja. Ocho años que ruedan en no mucho más de ocho líneas, hasta que sus amos se vuelven a Málaga y se llevan consigo al fiel servidor que, al cabo de algunos días, pide licencia para volverse. ¿Se aburre en el lugar andaluz?

-No, sino que le fatigan "los deseos de volver a sus estudios y a Salamanca (que enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado)". Cervantes apunta a hechizos que no son los de los libros, apacibles o desapacibles. El verbo gustar ya nos señala algo y no creo que sea apacibilidad lo que busca un joven. Y los amos, "corteses y liberales" no sólo se lo dan sino que le acomodan de suerte que se pueda sustentar tres años. Tanta liberalidad es extraña y forzada, mas el escritor tiene en mente una historia y le estorba un Tomás sin un maravedí en el bolsillo. 

-El hechizo de Salamanca se desvanece presto. Sale de Málaga y, apenas lleva recorridas unas pocas leguas, en la cuesta de la Zambra, cuando conoce al capitán Diego de Valdivia que ha de torcer su rueda de la Fortuna. 




¡Le pinta tan al vivo  la belleza de las ciudades italianas y la abundancia de las comidas de las hosterías! ¡Y con palabras en italiano, como si estuviera a la mesa de una de ellas!

"aconcha, patrón; pasa acá, manigoldo; venga la macarela, li polastri e li macarroni"

 -Y le alaba el cielo de la vida libre del soldado y la libertad de Italia, omitiendo el infierno: "el frío de las centinelas, del peligro de los asaltos, del espanto de las batallas, de la hambre de los cercos, de la ruina de la minas...". Bien conoce el soldado Cervantes tamaños infiernos.

-El capitán apenas lo conoce pero ya está "contentísimo de la buena presencia, ingenio y desenvoltura de Tomás". Le ruega que vaya con él a Italia, ofreciéndole su mesa y aún su bandera "porque su alférez la había de dejar presto"Mas el muchacho no desea ser soldado, con pagas y socorros, aunque el capitán le dé licencia cuando se le antoje. Su conciencia es religiosamente escrupulosa y más quiere "ir suelto que obligado"La rueda de la Fortuna semeja ir bien engrasada, "como si todo hubiera de suceder a la medida de su gusto"



-Fortuna imperatrix mundi. Fortuna mutabile. Buenos estaría los tercios con capitanes así. Sigamos, don Alonso. Llegan donde está la compañía, marchan hacia Cartagena y Tomás va conociendo incomodidades y abusos.Y lo peor, tener que hacer por necesidad todo aquello que tan mal le parece. Se embarca en una de las cuatro galeras de Nápoles y allí conoce "la estraña vida de aquellas marítimas casas": chinches, robos, marineros enfadados, ratones, maretas, borrascas y tormentas. ¡Vestido de papagayo y armado con un libro de devoción mariana y un Garcilaso! Un jovenzuelo que ha de aprender a actuar en contra de su conciencia, como nos ocurrió a todos...

-"Mojados y con ojeras" llegan a la hermosísima Genova y olvidan las borrascas en una hostería, donde degustan un "gaudeamus" de vinos italianos seguido de una tanda de los más afamados vinos españoles. ¡Amplio listado el que nos ofrece don Miguel! ¿Los conocía todos? 

Sigamos. De los cabellos rubios de las genovesas, de la gentileza y gallardía de los hombres, de la belleza de la ciudad, de todo admirábase Rodaja; el cual decide no ir al Piamonte con la compañía sino seguir su propio periplo. 



-A partir de ahora, preparémonos para la lluvia de topónimos y de maravillas, propio de un manual para viajeros: Luca, Florencia, Roma, Nápoles, Sicilia, Palermo, Micina,vuelta a Nápoles y a Roma,Venecia, Ferrara, Parma, Plasencia, Milán, Aste...y Flandes. Con sus templos, reliquias, suntuosos edificios, la autoridad de los cardenales, la majestad del Sumo Pontífice, despedazados mármoles, estatuas, arcos, termas, las calles venecianas todas de agua...

Ya conocemos, Miguel, que conoces bien Italia, bien joven tuviste que salir por algunos problemillas. Dudo de que tu viaje fuera tan placentero como el de Tomás, pero la literatura es, en buena parte, la vida que no pudimos vivir, la que nos negó la Rueda de la Fortuna. Que yo te he oído decir: "¿por ventura habrá quien se alabe que tiene echado un clavo a la rodaja de la fortuna?" 

-¿Habláis con Cervantes ausente? Sigamos con tan ejemplar novela. Desde Aste, la compañía parte para Flandes. Allí es muy bien recibido de su amigo el capitán y conoce más maravillas: Amberes, Gante y Bruselas. Ve que todo el país se dispone a tomar las armas y determina volverse a España y a Salamanca. Ha cumplido "con el deseo que le movió a ver lo que había visto". Ahora desea acabar sus estudios. 



-Escucha: "En fin, llegó a Salamanca, donde fue bien recebido de sus amigos, y, con la comodidad que ellos le hicieron, prosiguió sus estudios hasta graduarse de licenciado en leyes". ¡Menos de una línea para graduarse! Hasta aquí, la fortuna rueda como él quiere, más o menos. Veamos como todo se tuerce por una mala mujer. 

Llega a la ciudad "una dama de todo rumbo y manejo"A Tomás le dicen que aquella mujer, de dudosa reputación, ha estado en Italia y Flandes. Por ver si la conoce va a visitarla, "de cuya visita y vista quedó ella enamorada de Tomás".


-Pero no así el señor licenciado. Ella le descubre su voluntad y le ofrece su hacienda. Pero él atiende más a libros que a otros pasatiempos y la señora se ve desdeñada y aborrecida. Ya que no puede conquistarlo por medios ordinarios, busca otros modos. Aconsejada por una morisca, da a Tomás un "hechizo" en un membrillo toledano, una de esas bebidas o comidas amatorias que llaman "veneficios". Veneno es para quien los toma y probado está que fue ansí.


-Tomás come el membrillo y comienza a herir "de pie y de mano como si tuviera alferecía". Está muchas horas sin volver en sí, vuelve al fin como atontado y manifiesta, tartamudeando, que un membrillo le ha muerto y declara quién se lo ha dado. La justicia busca a la culpable pero ha desaparecido. Por cierto: ¿ha visto vuestra merced el interior de un membrillo partido por la mitad? 

-Ande, don Lope, déjese de bromas y niñerías, que ya sé por dónde va voacé. Lo que Cervantes no dice es por qué, obediente, se lo comió. A lo que vamos, seis meses está en la cama, se queda en los huesos y muestra "tener turbados todos los sentidos". Le aplican todos los remedios posibles y sólo le sanan el cuerpo porque queda sano "y loco de la más estraña locura":

"Imaginóse el desdichado que era todo hecho de vidrio, y con esta imaginación, cuando alguno se llegaba a él, daba terribles voces pidiendo y suplicando con palabras y razones concertadas que no se le acercasen, porque le quebrarían; que real y verdaderamente él no era como los otros hombres: que todo era de vidrio de pies a cabeza".

- Muchos, con la intención de que advierta y mire como no se quiebra, arremeten contra él y le abrazan. Y el pobre se echa a gritar, se desmaya y no vuelve en sí en cuatro horas. Cuando vuelve, ruega que no lo vuelvan a hacer. Pide que le hablen de lejos y le pregunten lo que quieran; que responderá con más entendimiento por ser de vidrio y no de carne, que el alma obra con más prontitud y eficacia en materia sutil y delicada como es el cristal.




Lo comprueban, le hacen difíciles preguntas. Su agudeza de ingenio causa admiración  a los más letrados y a los profesores de medicina y filosofía "viendo que en un sujeto donde se contenía tan extraordinaria locura como era el pensar que fuese de vidrio, se encerrase tan grande entendimiento que respondiese a toda pregunta con propiedad y agudeza".

-¡Cuánto sabe de locos nuestro Cervantes! Y no es extrañar, si pensamos en  la profesión de su padre don Rodrigo, barbero y cirujano. Seguro que le acompañó, en muchas ocasiones, cuando le llamaban para reducir a un loco furioso. Una sangría, unas hierbas, algún brebaje, atarle, poco se podía hacer. 

-Pero sus locos son locos sabios que dicen verdades. Don Quijote es un loco cuerdo, bien lo sabe voacé. Cuando habla de materia ajena a su locura caballeresca sorprende por lo atinado de su juicio. 

-Yo a ese don Alonso Quijano lo llevaría a la Casa del Nuncio.

-Ande calle, y no desvele su secreto. Sigamos con el licenciado Rueda que ahora va a ser licenciado Vidriera. La Rueda de la Fortuna ha llevado a Tomás a una situación difícil. Ahora va a dar las respuestas que nadie se atreve a dar, va a poner en tela de juicio las contradicciones y falsedades de gente de diferentes oficios y condición social. Los va a desnudar si puede decirse así. También a los poetas, así que ojo al licenciado Vidriera. A ver qué pullas nos dedica don Miguel de Cervantes. 

Otro día seguimos comentando aquí en el estrado. Por cierto que hemos sido muy benévolos con el enemigo. 

-No podemos disimular que le admiramos.

-¿Eh?
...

Seguiré con este diálogo soñado. El licenciado Vidriera nos sorprenderá con sus respuestas.

Un abrazo de María Ángeles Merino

7 comentarios:

María del Carmen Ugarte García dijo...

La literatura son las vidas que no hemos podido vivir.

Aquí, en el estrado sin fronteras de Internet, cada uno vive su propia literatura y la comparte, y así sea.

Yo a estos dos me los imagino más por las calles y tabernas, o a las malas en el despacho del poeta, que por estrados mujeriles con atrezzos de bastidores, pero sí, imaginemos que están en la casa de Lope y que se han travestido un poquito, solo un poquito, usurpando el estrado a las desaparecidas mujeres, para compartir esos pensamientos que sin lugar a dudas tuvieron.

Y si no sucedió así, bien pudo suceder, así que hasta que de un modo patente no se demuestre, hay que aguantarse, con que puede usted pasar al siguiente capítulo de la historia.

Bertha dijo...

Si lo llega a saber le hubiera seguido el juego a esta mala hembra...Nunca mejor dicho que gracias a la literatura uno hace y deshace su vida tantas veces como le plazca.

Sabio Don Miguel, que su ironía no era baldía estaba basada en muchas vidas y sufrimientos.

Y estos dos contrincantes en el fondo lo admiran más que lo aborrecen.Que buen arbitraje haces con ellos.

Pues seguiremos pasando por este apartado para saber más de este acristalado.

Un beso

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Es difícil negar la admiración. De hecho, Avellaneda escribió todo un libro con ella a cuestas... Delicioso membrillo, desde luego. Y ahora ya hemos puesto nombre a lo tuyo...

DORCA´S LIBRARY dijo...

Lo malo de ser de vidrio, es que además de ser frágil, eres transparente.
Me admira tu domino del lenguaje.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

¡Me encanta la primera foto! ¡Muy lograda!

María Pilar dijo...

Mª Ángeles, me lo paso en grande con tus diálogos. esta vez nos das tres de los grandes por uno: Lope de Vega, Alonso Fernández de Avellaneda y el mismísimo el autor del Quijote por el Licenciado Vidriera. ¡Qué bien sabes meterlos a todos! "Juntos pero no revueltos"
Desde mi lugar privilegiado seguiré estas conversaciones. Me he sentado en una sillita baja que hay en un rincón en penumbra donde no me ven, pero yo disfruto escuchando.

Besos

Gelu dijo...

Buenas noches, Abejita de la Vega:

Don Miguel, no da puntada sin hilo. Interesante, en ese momento histórico, que sea una morisca la que aconseje el veneficio.
No podemos negar que nos cae mal la dama, aplicando el hechizo a nuestro Tomás “creyendo que le daba cosa que le forzase la voluntad a quererla” y añade Cervantes “como si hubiese en el mundo yerbas, encantos ni palabras suficientes a forzar el libre albedrío”.
En mi próxima entrada os presentaré a alguien que fue de carne y hueso, y que seguramente –siglos después- cuando hizo esta lectura de ‘El licenciado vidriera’, se reconoció en muchos de los rasgos del personaje.

Abrazos.