miércoles, 16 de febrero de 2022

Karmelo C. Iribarren va a su aire y en su aire nos reconocemos.

 

Pequeño comentario en torno a El escenario de Karmelo C. Iribarren, para la lectura colectiva de La Acequia y Alumni UBU, dirigida por Pedro Ojeda.

Karmelo C. Iribarren va a su aire y en su aire nos reconocemos. Desde el primer poema, del llanto filosófico a la algarabía antipática de las gaviotas, a los recuerdos que caerán pronto en el vacío, a la vejez que no tiene nada de bueno, a leer en un jardín cara al mar, a los solitarios de bar y cafetería, a una calle sin bar es una calle sin alma, a aquellas madrugadas de invierno sin nada que llevarse a los labios, la poesía como la vida misma, la poesía que llama, la madre que ya no le conoce, la alegría en los ojos de su hija, la mujer de su vida, la primavera, los poetas, los cisnes de la plaza de Guipúzcoa...La lluvia siempre, la lluvia que no cesa. Y mientras leía todo eso me salía del paisaje de Karmelo y me iba a mí paisaje, a mi aire. Un día vi gaviotas sobre un olivar.

Sigo leyendo, sigo paseando con el libro en la mano, con Karmelo y conmigo misma. por la bella Donostia o por otra ciudad. Perdonadme que os cuente cosas de mi vida.

"Cruzar un puente

sirve para llegar al otro lado,

pero mientras lo haces suceden otras cosas.

..."

Suceden cosas. Un día crucé el puente de la Zurriola, iba a Gros. Era 1982, entre tanquetas y un oncológico buscaba un colegio con nombre de árbol, Zuhaisti. Alguien me preguntó cómo contaría yo la expansión atlántica a unos niños de EGB, cosa más fácil, desde allí los intrépidos vascos salieron a la mar, tras los bacalaos y las ballenas, pescaron un nuevo mundo. Salí de allí un poco mareada, como si navegara en uno de aquellos históricos cascarones de nuez, las velas eran mis apuntes, así lo soñé después. Por la calle, se jaleaban goles. Yo salía segura de mi triunfo en la oposición, quién podía pensar en fútbol ni naranjitos. Crucé de nuevo el puente, no atendía al mar, más allá. Miraba el río ensanchado en ría, en un "impasse":

"...quiere irse y no puede

quiere quedarse y tampoco."

Otros días me gustaba contemplar el paisaje duplicado, arriba y abajo. Algunos días, no había espejo en que mirarme, el agua se enturbiaba.

"Después de las últimas tormentas,
el río llega a la ciudad
revuelto, turbio,
arrastrando todo tipo de desechos
-peces muertos, bolsas de plástico, maderas...-
y sin detener su curso
-como hace otros días-
para que el paisaje se mire en él.

Le acompañan, desde el cielo, las gaviotas,
con su algarabía infernal. 
..."

Las gaviotas limpiaban la ría y chirriaban de felicidad con sus buches llenos. Tras sus graznidos, el aire olía ya a espuma fresca. No son simpáticas, son las carroñeras del mar. De puente a puente, crucé el de la estación. Me esperaban muchas horas de tren y no pocas tormentas. De allí a un valle verde donde hervía el hierro como una sopa y luego...vi volar gaviotas por el cielo de Madrid. Incertidumbre, un llanto como el del río, como el de Rosalía de Castro:

"Ríos da vida ¿ónde estades?
Aire, que o aire me falta."

Ahora rebobino recuerdos desde mi ventana porque :

"...Me acerco a un mundo
en el que mis recuerdos
no van a tener dónde ocurrir."


"Envejecer
tiene su gracia,
dijo el poeta.

Si es así
yo me estoy perdiendo algo,
..."

Como Karmelo, sesentón como yo, "lo único que veo/ahí delante/es un lugar solitario, frío, triste/como una pista de baile abandonada./Se han llevado/la música a otra calle/pero sigues escuchándola./ Y eso es casi lo peor". A esta edad nos sentimos casi viejos, y no nos resignamos a que nos hayan expulsado de la sala del baile. Cuando ya no oigamos música alguna, volará el "casi". El poeta no olvida visitar a su madre:

"Mi madre se está olvidando
de mi cara,
unas veces me reconoce y otras no.

En estas últimas
quiero pensar que le hago gracia:

este hombre
se ha confundido de habitación."

Sí, la vida, como la poesía, tiene sus propios planes, se compone de días y días. Y siempre llueve.

"...Qué cierto es-me he dicho,
volviendo de la lluvia
en los cristales-
que con ella no se sabe nunca
lo que puede pasar,
que va a su ritmo, a su aire,
y que, al igual que la vida,
tiene sus propios planes."

"Hay días grises,
tediosos,
que, a última hora,
cuando ya no esperas
nada,
te sorprenden,
con un crepúsculo espectacular.
..."

Son los "días paradójicos/su muerte los salva". Los amigos de los atardeceres esperamos a esas nubes "que se ruborizan al atardecer".

Para salvar el día, tampoco estaría nada mal :

"Frente al mar, con un libro, en un banco.
A mi espalda,
un jardín viejo, descuidado,
otoñal..."

O espero La avanzadilla de la primavera:

"Unos cuantos
viejos
al sol,
y en los árboles
-como algo que pugna por expresarse
sin conseguirlo aún del todo-
esos diminutos brotes
verdes.
..."

No necesito más, no necesita más la primavera, el invierno se dará por enterado y retrocederá.

Seguiré mi paseo. Tal vez me refugie en un parque, en una plaza, en un bar...El mar siempre es una buena opción, aunque esté "de mala gaita". O, tal vez, busque una de esas cafeterías tan elegantes que había en el centro de San Sebastián, donde las viejecitas merendaban, tranquilamente, tarta de fresa mientras se preparaba la barricada de cada tarde. Eran los ochenta del siglo pasado. 

"Qué extraño mecanismo el de la vida"

Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino 

Fragmentos en rojo tomados de El escenario, Karmelo C. Iribarren. Colección Visor de Poesía. 2021.


8 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias, seña Carmen. Me gusta ese "joder". Besos.A fusionar se ha dicho.

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  2. Con este recorrido se entiende mejor la poesía : una vivencia ,te quedaron muchos recuerdos de esa época y por las fechas bastante insegura.
    Tu síntesis y tu sintaxis lo dicho es una maravilla .No sé si envejecer es tan malo, pero lo que de verdad importa es ser coherente mi estimada Maria Angeles y de eso eres una crack

    Un abrazo y una tranquila semana 😊

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    1. Fue una época dura pero era muy joven. Gracias por la visita y por tus palabras, Bertha. Un abrazo.

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  3. Gracias por compartirnos mescolanzas tan maravillosamente hilvanadas. Un placer leer tus crónicas.

    Un abrazo y feliz jueves.

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  4. Compartimos y leemos mucho más y mejor. Un abrazo, Berta Martín.

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  5. Cómo me gustan estas entradas tuyas en las que relacionas tus vivencias y sentires con la lectura que hacemos en cada momento. Aquellos tiempos duros...

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  6. La literatura se amasa con nuestra vida.

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