jueves, 28 de enero de 2016

Recuerdos en torno a "El Alcalde de Zalamea", un vídeo de You Tube y una visita pícara e inesperada.


Viejo libro de texto y edición de "El Alcalde de Zalamea" de Cátedra.

Comentario inicial a "El Alcalde de Zalamea" de Pedro Calderón de la Barca. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

Inicio una nueva aventura lectora: “El Alcalde de Zalamea” de Pedro Calderón de la Barca. Elijo la edición de Cátedra. Se ofrece en ella el texto de la edición príncipe de "El garrote más bien dado", título que defiende Ángel Valbuena Briones, autor de la edición. Lo del garrote me sobrecoge un tanto. 



Leo la introducción que incluye una información muy completa sobre la vida y la obra de Calderón, junto a un análisis de "El Alcalde de Zalamea". Pero, de pronto, me acuerdo de un viejo libro de texto de séptimo de Educación General Básica, firmado nada menos que por Lázaro Carreter, que todavía conservo. Porque yo fui a E.G.B. 

Y siento nostalgia leyendo su sucinta información: seguidor de Lope de Vega, maestro de autores de teatro, nació en Madrid en 1600, familia acomodada, universidades de Alcalá de Henares y Salamanca, autor dramático, no cultivó otros géneros, sigue de cerca las comedias de Lope pero se hace más reflexivo, sosegado y profundo, Felipe IV le pone al frente del teatro de Palacio, sus dos obras maestras "El alcalde de Zalamea" y "La vida es sueño", autor de autos sacramentales, se ordena sacerdote y muere en 1681. 


Viejo libro de texto y edición de "El Alcalde de Zalamea" de Cátedra.

¿Y qué dice de "El Alcalde de Zalamea"? Las tropas españolas van hacia Portugal. El capitán don Álvaro y sus hombres se detienen a descansar en el pueblo de Zalamea, a la espera del general don Lope de Figueroa. El capitán va a hospedarse en casa de un rico labrador llamado Pedro Crespo, el cual tiene una hija, Isabel, que es la más hermosa de toda Zalamea. Don Álvaro la ve y desea conquistarla...

Después los niños leerían el diálogo entre el digno  e irónico alcalde y el colérico don Lope. El libro pide que comparen sus diferentes caracteres, que vean como Pedro Crespo se burla de los juramentos y bravatas de don Lope, que identifiquen la estrofa como romance...Tenían doce o trece años. ¿Podían leer a Calderón? Nostalgia de una profesora de E.G.B., qué antigua soy.



Pedro Crespo, para mí Pedro Crespo es Paco Rabal, en una película de 1974, proclamando  aquello de "Al rey, la hacienda y la vida se ha de dar; pero el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios". 



Lo confieso, no me es simpático eso del honor calderoniano. ¡El honor! ¿Qué consistencia podía tener esa palabra para que, en su nombre, se cometieran, y se cometen todavía, ay, tantas burradas. Burradas, sí, aunque les pido disculpas a los burros. Veamos lo que dice el diccionario de la RAE: "Gloria o buena reputación que sigue a la virtud, al mérito o a las acciones heroicas, la cual transciende a las familias, personas y acciones mismas de quien se la granjea". Eso está muy bien, pero también: "honestidad y recato en las mujeres y buena opinión granjeada con estas virtudes". No me gusta, la inocente Isabel no va a tener otro camino que el convento, donde encontrará "esposo que no mira en calidad". ¡Mira tú que ley!

Anda, ponte ya a leer, María Ángeles. Deja el honor para otro momento.

Me pongo. Leo la "comedia famosa" hasta la jornada tercera, en que sale Isabel como llorando. Disfruto mucho de la lectura pero echo en falta  imágenes y voces y la solución está en los vídeos de"You Tube". Elijo una versión añosa que anuncia ser completa, asegura que es de 1954, pero debe ser una equivocación puesto que tiene todo el aspecto del teatro televisivo de los setenta y las caras son las conocidísimas de aquella época: Fernando Delgado, Pablo Sanz, Francisco Morán, Lola Cardona, Alicia Hermida, Nicolás Dueñas...Escucho y echo un vistazo mientras...hago la comida, por ejemplo. 


Estoy metida en harina, en la obra y en la comida. De pronto, la pantalla del móvil me muestra a una mujer vestida de hombre, a la moda del siglo XVII. Pero no recita a Calderón sino que se dirige a mí. ¡Es Chispa, que me está hablando! Vuelvo a las andadas con los secundarios, al parecer. Ya no me sorprende, escúchola:

Saludo a su merced. Me llaman la Chispa, la Chispilla, y por amor, sí por amor, estoy aquí. Bien conozco la fama de las soldaderas, tal es mi condición: "mujer que convivía con los soldados durante las campañas de guerra”.  A la guerra de Portugal vamos, donde el rey Felipe II, mi Señor, anhela ser coronado como rey luso, por la sangre de su bellísima madre doña Isabel y su matrimonio con doña Manuela que en la paz de Nuestro Señor descanse.



Mas a  “perecer con Rebolledo me resolví”, un pícaro soldado, tan alto y recio como los rebollos. Porque yo, maguer chiquita y graciosa, “ barbada el alma nací” y vine “para sufrir trabajos con mucha honra”, que para estarme regalada “no dejara en mi vida…la casa del regidor donde todo sobra, pues al mes mil regalos vienen”. Viva, ingeniosa y aficionada al buen vino, que no borrachina. Mis jácaras dan una poquilla alegría a la dura vida de los soldados y si saco el "barato" en algún juego de azar, bien venido sea. 

Bien sé que otros escritores de mi persona han usado, mas ninguno como mi don Pedro Calderón de la Barca. Voacé puede leer “El diablo cojuelo” o la “Jácara entremesada de la Pulga y la Chispa”. Doy licencia  a los de péndola que “vaya y venga la tabla al horno y a mí no me falte pan”.



Voacé se preguntará por qué don Pedro comienza su obra con unos personajes como Rebolledo y una servidora, de la calaña de los pícaros, como Lázaro del río Tormes o Justina la pícara o la andaluza lozana; que también hay soldados lectores y cuéntanme historias, que para todo hay tiempo. El mismo Cervantes, el de don Quijote, qué risas cuando lo leen en voz alta, puso gente apicarada y hampona en una comedia donde salía un rufián dichoso. Tan pícaros como mi Rebolledo, soldado apicarado donde los haya, ay qué dulzura la de entrar en esos rebollos.



Su mercé me pregunta por qué y yo aquí dando palique. Paciencia, que pongo a refrescar la memoria y cuéntole lo que largaba un soldado estudiante de Alcalá de Henares, cuando juntábase con un sargento que sabía de gramáticas, la puerta decían, tal puerta nunca vi. Pues decía que el Arte Nuevo de hacer comedias, el que inventó don Lope de Vega, tenía como propósito el ser “un espejo de la vida”. “Buscó un acercamiento a la realidad…Lo cómico y lo grave, lo humilde y lo hidalgo se mezclaron…se esforzó…en captar una apariencia de lo real”. 




Sólo apariencia, que yo no muestro lo feo y lo repugnante de mi oficio. Y nuestro mundo de “hampa” se sugiere por nuestra manera de hablar, el estudiante aseguraba  que tales vocablos eran de “germanía”. Tampoco conoceremos detalles de la desgracia de Isabel, la hija del alcalde Pedro Crespo, mas no adelanto acontecimientos.

Mas lo creen ciertamente los que van al corral de comedías porque don Pedro Calderón es un maestro de la palabra. ¡Y cómo acarician los versos nuestros oídos! ¡Qué música sin instrumentos! Un poco repetitivo sí es, digo yo que para que el público comprenda, como el maestro que dice lo mismo unas cuantas veces para que a los muchachos se les quede. "Anadiplosis, epanadiplosis, reduplicaciones o epímones, epiforas y expoliaciones". Casi nada. 

¿Qué de dónde saco tales vocablos? Pedile al de Alcalá que me las apuntara en un papelillo que llevo escondido en los pliegues de la camisa, no sé lo que quieren decir pero suenan bien y tal vez un día me sean útiles para camelar algún pardillo. Sé leer, no le extrañé a voacé, tuve buenos maestros, que tiempo había para todo y...por algo me llaman la "Chispa".

Así que comenzamos la jornada primera. Salimos Rebolledo, los soldados y yo. Rebolledo rompe el silencio con un devoto y blasfemo "¡Cuerpo de Cristo...! Los soldados llevan mucho tiempo de marcha "sin dar un refresco". No se quejan, contestan con un amén. Mi hombre trata de arrancarles una queja, si son acaso gitanos para andar así, aturdidos por el tambor, seguir siempre a la bandera. 



Replican, el cansancio se les olvidará a la entrada del lugar, no han de mostrar pesar. ¿Y si el comisario viene a la entrada con malas noticias? Porque hay concejos que pagan para que los soldados se vayan. "Señores soldados, orden hay que no paremos, luego al instante marchemos". Y ellos a obedecer. Rebolledo no puede más, previene a su compañeros, amenaza con dar un tornillazo, desertar. Un soldado le advierte,le puede costar la vida, que don Lope de Figueroa es "el hombre más desalmado...y que sabe hacer justicia del más amigo".

 A Rebolledo no le inquieta, " sino por esa pobreta que viene tras la persona". Le digo que no se aflija,que "barbada el alma nací", que vine "a marchar y perecer" con él. Él se anima y me proclama: "¡Viven los cielos, que eres corona de las mujeres!". Hay vivas a la Chispa y no me puedo negar cuando Rebolledo me pide que cante una jácara. Cantamos los dos:

CHISPA: Yo soy tiritiritaina,
flor de la jacarandana.

REBOLLEDO: Yo soy tiritiritina
la flor de la jacarandina.

CHISPA: Vaya a la guerra el alférez
y embárquese el capitán

REBOLLEDO: Mate moros quien quisiere
que a mí no me han hecho mal
...

Y se acabó el pesar. ¡Lo que pueden mis mágicas jácaras! Que vaya otro a la guerra. ¿Que nos han hecho a nosotros los enemigos?

Volveré, le contaré, señora mía. No se olvide de la Chispa. 

-Adiós, Chispa. Aquí espero tu próxima visita. 

Un abrazo de:

María Ángeles Merino en su entrada número 1000.



Bibliografía


"El Alcalde de Zalamea", Pedro Calderón de la Barca,edición de Ángel Valbuena, Cátedra, Letras Hispánicas. Fragmentos en azul de la introducción. El texto de Calderón de color naranja.
Texto completo de "El Alcalde de Zalamea", aquí.
Vídeo, aquí.
Curso de Lengua, 7 º EGB, Fernando Lázaro Carréter, 1983, Anaya.

8 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

¡Maravillosa forma de enfocar la obra! Esto te pasa por ponerte a cocinar llena la cabeza de rumores literarios. Me parece un nuevo secundario de lujo que nos ayudará a comprender la obra.

María Pilar dijo...

¡Wow! Has logrado encandilarme con la Chispa y tú podrás seguir cocinando, pero yo embobada solo he tenido ojos y oídos para ella.

Myriam dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Myriam dijo...

Mientras no se te caiga el móvil en el caldero!!! Jajaja y en lugar de un Calderón te quede un movílon lleno de Chispa y harina! Jajajaja. Muchas felicidades por estas mil. Coleguita mía! Mil besos

Myriam dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
pancho dijo...

Vaya memoria que tienes para recordar aquellos libros de hace mil años... El honor, el orgullo en el asta, que no hay manera de tragarse, sigue haciendo de las suyas. No ceder ni un milímetro, ni para coger impulso. Numancia. Eso es muy español, y no cambia así como así.
La Chispa, la soldado empotrada en los Tercios invencibles, de voz narradora. La crónica desde dentro promete.
Divertido relato.
Un abrazo.

Ele Bergón dijo...

Es curioso, pero en las dos versiones que hemos visto en blanco y negro del Alcalde de Zalamea, la única que repite en personaje es Alicia Hermida, interpretando a una Chispa, no solo alegre si no también, avispada, lista, intuitiva y gran observadora, como tú nos la muestras aquí.

Besos

Gelu dijo...

Buenas noches, Abejita de la Vega:

Vaya pues sí que la Chispa está enamorada de su Rebolledo. Y él también feliz con ella. Y qué bien se entienden.
En esta ocasión, más que en el papel de la bolichera, te veo de cronista o repartiendo los papeles de los actores o manejando las marionetas.

Abrazos