jueves, 22 de octubre de 2015

"El licenciado Vidriera": "ninguno pudiera creer sino que era uno de los más cuerdos del mundo".



Salúdoles de nuevo, desocupados y amantísimos lectores. ¿Recuerdan de las dos entradas anteriores?

Soñaba a don Lope de Vega, junto al misterioso Alonso Fernández de Avellaneda. Los veía, bien acomodados, en  la casa del Fénix de los Ingenios. Se refugiaron allí, para leer y hablar. Cada uno iba armado con un ejemplar de las "Novelas ejemplares" de Cervantes. Leyeron el prólogo y parte del "El licenciado Vidriera". Sigo con mi sueño, los reúno un segundo día y el diálogo sería algo así: 

-Ay, amigo Lope, qué pesimista se torna esta historia de tan feliz comienzo para el protagonista. El que dice llamarse Tomás Rodaja, un muchacho al parecer de origen campesino, alcanza su meta de estudiar en Salamanca, realiza el viaje de sus sueños y se gradúa como licenciado en Leyes. Todo le ha salido redondo y la rodaja ya es rueda. Mas todo se ha de torcer porque llega a la ciudad en busca de "pájaros", "una dama de todo rumbo y manejo". Muy a pesar de su oficio,  se enamora de él  y, desdeñada,  para forzar su voluntad, le hace ingerir un membrillo toledano, adobado con un "veneficio" o bebida amatoria. Tomás enferma, casi muere y da en creer que es de vidrio y puede quebrarse a la mínima. 

-Mas atienda su mercé: "Comió en tal mal punto Tomás el membrillo que al momento comenzó a herir de pies y manos como si tuviese alferecía, y sin volver en sí estuvo muchas horas..."




¿Comió, en verdad, una fruta emponzoñada o estamos ante una escena obscena, con desmayo incluido? Ya sabe voacé del membrillo, la fruta de Venus, la rara disposición de las semillas en el interior del fruto. ¿Se sintió acaso tan sucio y profanado, él, tan casto, que sólo metamorfoseado en figura de vidrio podría recobrar su primitiva pureza? Que ni las rubias genovesas, ya ve vuesa mercé: buenos vinos, contundentes comidas, ruinas venerables y bellezas artísticas que no de carne y hueso. 



-Ahora que lo decís vos, que tanto trabajo dais a la péndola, habrá que considerar tamaña posibilidad.

-Doncel o no, membrillo u otra cosa que se le semeja, vamos con la locura, la que nos hace entrar en la parte novelesca de una novela poco novelesca. Porque aquí no hay aventuras bizantinas, ni amoríos, ni mujeres forzadas, ni pérdida de la libertad, ni robos y tropelías. Tan solo un rosario de apotegmas pesimistas, amargadas, contra una sociedad que pinta como corrupta. Sentencias puestas en la boca de un loco.


-Pero son sentencias muy ingeniosas que desnudan con el dardo de la palabra. Muéstrase como un loco cuerdo, muy atinado en sus mordaces juicios. Me recuerda a mi don Quijote.

-¿Suyo don Quijote, don Alonso Fernández de Avellaneda? Bueno, que yo sé bien de su verdadero nombre y su tercera salida del hidalgo de la Mancha...a callar.

-Tenga la bondad de guardarme el secreto, amigo Lope.

-Sea ansí. Sigamos con las sentencias del licenciado Vidriera que algunas recordáronme las maldades de las gentes lenguaraces del pueblo llano, sin latines ni filosofías; mas el vecino o vecina quédanse temblando de la mesma manera. Y no han estudiado en Salamanca, ni en parte alguna, que mayormente no saben leer.

-Al de vidrio, preguntábanle  muchas y difíciles cosas y a todas respondía "con propiedad y agudeza", causaba la admiración de los más sabios. Mas seguía con su locura. Vestía ropa amplía, no se calzaba, dábanle de comer un poco de fruta con la punta de una vara, dormía a cielo abierto o en un pajar, temblaba cuando tronaba, tal era su miedo a romperse en pedazos. 



-Tuviéronle un tiempo encerrado sus amigos. Como persistía en su desgracia, dejáronle andar libre. Salió por la ciudad, causando "admiración y lástima". Los traviesos muchachos le cercaban, le tiraban trapos y aun piedras. Vidriera voceaba, salían hombres a reñirlos, que no le tirasen. Muchos se aficionaron a seguirle por el gusto de oírle responder, aun los jovenzuelos tuvieron por mejor partido "antes oílle que tiralle" , tales agudezas soltaba. Vayamos con la sarta de apotegmas.

-Tiene sentencias breves y graciosas para todos, para gentes de toda condición y oficio, para cualquier consulta. 

-O no tan graciosas, como la que dedica a la ropera que le dice que no puede llorar. Vidriera le sugiere, en latín, algo de San Lucas, que no llore por él sino por sus hijos, como las "filiae Hierusalem". El marido de la mujer bien entiende la malicia, que los roperitos son fruto del adulterio. Todo un licenciado y desciende a las hablillas de las comadres.

-Pregúntale uno qué consejo daría a un amigo muy triste porque su mujer se había ido con otro. La respuesta, que dé gracias a Dios por llevarle de casa al enemigo. ¿Y no ha de ir a buscarla? No, que sería un perpetuo testigo de su deshonra. ¿Y para tener paz con su mujer qué ha de hacer? preguntaba el mismo. Le aconsejó dar a la esposa todo lo que ha menester y que mande a todos los de casa, pero no a él. 

-Asuntos domésticos, de andar con los pantuflos de velludo. 

-No siempre amigo Lope, que hay féminas que defienden su libertad, en contra de las Sagradas Escrituras. Que lean a San Pablo y callen en las iglesias, y en casa. Y si no saben leer, para eso tienen al señor cura.

-Bien se ve que vuesa merced no está doctorado en la ardua ciencia del trato con mujeres.

-Y vos lleváis varios cum laude, mi señor don Lope de Vega y Carpio. Sigamos. 
Quejábase un muchacho de que su padre le azotaba muchas veces y quería desgarrarse de él. El licenciado le advierte de que los azotes de los padres honran, que no así los del verdugo. Más de asuntos domésticos. Nos lo enseña el libro de los Proverbios, que la vara y la reprensión dan sabiduría.


"La Virgen castigando al Niño Jesús ante tres testigos", Max Ernst, 1926

- Yo no confiaría en los frutos de tan dolorosa enseñanza. Y del verdugo mejor no hablar. A continuación, roza el tema de los cristianos nuevos y viejos, solo un loco se permite bromear con tan espinoso tema. 

-Y Cervantes sabía esquivar las espinas, conocía el tema desde dentro. Escribió que estaba nuestro loco a la puerta de una iglesia, vio un labrador "de los que siempre blasonan de cristianos viejos". Detrás venía otro, no tan cristiano viejo. El Licenciado daba grandes voces: "Esperad, Domingo, a que pase el Sábado". 

Puerta de la antigua judería, en la muralla de Burgos.

-"De los maestros de escuela decía que eran dichosos, pues trataban siempre con ángeles,y que fueran dichosísimos si los angelitos no fueran mocosos". Daba muestras de haber peleado poco con criaturas, angelitos dice.  Y mocosos, añade. Cuando se está con cincuenta angelitos, los mocos ni los ves. Me acuerdo de mí mismo cuando asistía a la escuela. ¿Angelito yo? 

-No, pardiez, no lo conocí en tan tierna edad pero daría fe de su condición escasamente angelical. 

Dejemos las digresiones. La fama del licenciado de cristal se extendió por toda Castilla, la de su locura y la de sus respuestas. Un gran personaje de la Corte quiso enviar por él. Él pidió se le excusase, pues no servía para palacio, que tenía vergüenza y no sabía lisonjear. Con todo, el caballero le envió a la Corte y "pusiéronle en unas arganas de paja, como aquellas donde llevan el vidrio". 



Llegó a Valladolid y le desembanastaron en la casa del gran personaje que había enviado por él; el cual le dio la bienvenida y le preguntó qué tal el camino y la salud. Contestó que ningún camino era malo si se acababa, no ocurría así con el que lleva a la horca. De salud, dijo que estaba neutral, pues estaban encontrados mil pulsos en su celebro, a saber qué quiso decir.

Opinaba de todo.  De la caza de altanería, tan poco provechosa y tan altanera. De la de liebres, buena si los galgos son prestados. Al caballero le gustó su locura y le dejó salir por la ciudad, con un hombre que cuidaba de que los muchachos no le hiciesen mal. A cada paso, respondía a preguntas, como la de un estudiante que le preguntó si era poeta. 

-Veamos como nos consideran el loco y don Miguel, que el escritor tiene también su punto de locura. Respondió que "hasta ahora no he sido ta necio, ni tan venturoso". El estudiante no entendía y explicose: "No he sido tan necio que diese en poeta malo, ni tan venturoso que haya merecido serlo bueno". Preguntole otro estudiante que en qué estimación tenía a los poetas. Respondió que a la ciencia en mucha, a los poetas en ninguna. Le replicaron y tuvo que aclarar: "eran tan pocos los buenos, que casi no hacían número; y así, como si no hubiese poetas, no los estimaba; pero que admiraba y reverenciaba la ciencia de la poesía porque encerraba en sí todas las demás ciencias". 

- "...porque de todas se sirve, de todas se adorna, y pule y saca a luz sus maravillosas obras". ¡Qué palabras tan hermosas y cómo cita a Ovidio de memoria este loco! Ya sabe, lo de nuestro venerable nombre, lo de que hay un dios en nosotros, lo de que se nos llama adivinos y amados de los dioses. 






¡Y cómo ridiculiza a los malos poetas! El "churrullero", entiéndase fanfarrón, que saca su soneto de entre mil papeles mugrientos y lo recita en tono melifluo y alfeñicado. Y si los que le escuchan no le alaban, dice que o no lo han entendido o él no lo ha sabido decir. Y lo vuelve a recitar, con renovados ademanes. Lo confieso, don Lope, conozco a churrulleros destos.

- De esos que sacan el sonetillo...sí, yo también los he sufrido en silencio. El loco nos retrata censurándonos unos a otros: "¿Qué diré del ladrar que hacen los cachorros y modernos a los mastinazos antiguos y graves? ¿Y qué de los que murmuran de algunos ilustres y excelentes sujetos, donde resplandece la verdadera luz de la poesía...? 

-Pues qué, ¿no hemos de mordisquear un poquillo a los mastinazos como don Miguel?

-Mirad aquí, si esto tiene alguna gracia... Dice que le preguntaron cuál era la causa de que los poetas fueran pobres. El loco contesta que porque ellos querían, que sus damas eran riquísimas, pues tenían los cabellos de oro, la frente de plata, los ojos de esmeralda, los dientes de marfil...Esto decía de los malos poetas, que de los buenos siempre dijo bien y nos levantó "sobre el cuerno de la luna". No nos subas tan alto y déjate de cuernos, Miguel...

- Otro día los dardos fueron para los malos pintores que vomitan a la naturaleza en lugar de imitarla. En otra ocasión, se arrimó a una librería y allí destapó una mala costumbre de algunos libreros ladrones:

"...la burla que hacen a su autor si acaso le imprime a su costa; pues, en lugar de mil y quinientos, imprimen tres mil libros, y, cuando el autor piensa que se venden los suyos, se despachan los ajenos".

Al licenciado Vidriera no se le escapaba la ocasión de soltar su breve sentencia. Ya fuera sobre los azotados por ladrones o alcahuetas, ya el portador de la silla de manos, ya el mozo de mulas y sus malas mulas de alquiler, carreteros, arrieros, marineros...A los boticarios, "enemigos de sus candiles", porque si les faltaba algún aceite para sus medicinas, lo suplían con el del candil, el que tenían más a mano, con lo cual la medicina obraba al revés. 


- Y hablando de boticarios, salieron los médicos a relucir. Primero lo del Eclesiastés, lo de honrar al médico porque de Dios viene toda medicina...eso para los buenos. De los malos médicos, todo al revés, porque los consideraba como a la gente más dañosa a la república: "Solo los médicos nos pueden matar y nos matan sin temor, y a pie quedo, sin desenvainar otra espada que la de un récipe". 


-No le falta razón al loco, luego meten el cuerpo del delito bajo tierra y se acabó. 

-Por todo lo que le decía, de oficios y demás, se andaban tras él, sin hacerle mal y sin dejarle sosegar. Jueces crueles, letrados, sastres vagos, zapateros; para todos guardaba una agudeza más o menos graciosa...o sin gracia. La tendera que tenía una hija muy fea y con muchas galas, los pasteleros y sus pasteles mermados, titiriteros, comediantes, autores de comedias...veamos qué dice de la gente del teatro:

¿Hidalgos los comediantes? No, "lo que menos ha menester la farsa es personas bien nacidas, galanes sí, gentiles hombres y de expeditas lenguas...ganan su pan con inllevable trabajo, tomando continuo de memoria...no engañan a nadie...sacan sus mercaduría...al juicio y a la vista de todos".

Se nota que Cervantes aprecia a los comediantes, aunque su teatro no recibiera el favor del público. ¿Y qué cuenta de los autores? Como él y como yo, yo gocé del éxito y del dinero, gracias a Dios. Cervantes sigue pobre, mirad lo que escribe:

"El trabajo de los autores es increíble, y su cuidado, extraordinario, y han de ganar mucho para que al cabo del año no salgan tan empeñados, que les sea forzoso hacer pleito de acreedores. Y, con todo esto, son necesarios en la república, como lo son las florestas, las alamedas y las vistas de recreación, y como lo son las cosas que honestamente recrean".

Teatro del Siglo de Oro

-¡No ha de dejar oficio sin pullazo! Los diestros en  armas, los que llevan las barbas teñidas, las inútiles dueñas con sus tocas avainilladas y remilgos, los escribanos, alguaciles, procuradores...cuál es la mejor tierra, si es preferible Madrid o Valladolid, músicos, correos de a pie, las damas cortesanas más corteses que sanas...

Picóle una avispa en el cuello, no se sacudía por no romperse. Preguntole uno cómo la sentía, siendo de vidrio. Contestole que era una avispa murmuradora,capaz de desmoronar cuerpos de bronce, qué no hará con el cristal.

- Pasó por donde él estaba un religioso muy gordo. Alguien comentó que no se podía mover. Vidriera enojose y citó aquello de "Nolite tangere christos meos". Y les recordó que, de pocos años a esta parte, los que la Iglesia había canonizado y llamado bienaventurados eran frailes y no capitanes, ni secretarios, ni condes...

-Vidriera está loco, mas se cuida de no atacar a los frailes. Que los oídos del Santo Oficio están donde menos se piensa. Cervantes, aunque piadoso, posee cierta fama de erasmista, ya sabe su mercé.

Y de los frailes héticos pasa a los gariteros y tahúres, con sus milagros. Sacar el barato, pasar el naipe adelante, juegos de polla y cientos, estocada, reparolo, siete y llevar y pinta en la del punto. ¿No sabe demasiado de naipes nuestro amigo don Miguel?


-Sabe de paciencia y barajar, sí. Sigamos con Vidriera que decía tales cosas que, si no fuera por tan claras señales de locura, como los grandes gritos cuando alguien lo tocaba, "ninguno pudiera creer sino que era uno de los más cuerdos del mundo". 


¿Me habrá contagiado Vidriera su locura? ¿De cristal los calamares?

Dos años duró su enfermedad, porque un religioso de San Jerónimo, "que tenía gracia y ciencia particular...en curar locos", tomó a su cargo al licenciado y lo sanó. "Y, así como le vio sano, le vistió como letrado y le hizo volver a la Corte, adonde, con dar tantas muestras de cuerdo como las había dado de loco, podía usar su oficio y hacerse famoso por él".


-Allí, en la Corte, se llamó licenciado Rueda, que no Rodaja. Pero, apenas hubo entrado, fue conocido de los muchachos; mas, como le vieron en diferente hábito, no osaron gritarle ni hacerle preguntas, aunque le seguían y decían:

-"¿Éste no es el loco Vidriera? ¡A fe que es él! Ya viene cuerdo. Pero tan bien puede ser loco bien vestido como mal vestido; preguntémosle algo, y salgamos desta confusión".

Todo lo oía y callaba. De los muchachos a los hombres, llevaba tras de sí más de doscientas personas. Alzó la voz y dijo:

-"Señores, yo soy el licenciado Vidriera, pero no el que solía: soy ahora el licenciado Rueda; sucesos...me quitaron el juicio, y las misericordias de Dios me le han vuelto... Yo soy graduado en leyes por Salamanca...Aquí he venido a este gran mar de la Corte para abogar y ganar la vida...por amor de Dios que no hagáis que el seguirme sea perseguirme, y que lo que alcancé por loco, que es el sustento, lo pierda por cuerdo".

- Nadie tomaba en serio a un antiguo loco. Salió otro día y fue lo mismo. Hizo otro sermón, no sirvió de nada. "Perdía mucho y no ganaba cosa; y, viéndose morir de hambre, determinó de dejar la Corte y volverse a Flandes, donde pensaba valerse de las fuerzas de su brazo, pues no se podía valer de las de su ingenio".



Don Quijote y Sancho en Bruselas (Flandes). Foto enviada por mi amiga Luz del Olmo.

La Rueda de la Fortuna le llevó, de nuevo, a Flandes. Allí acabó de eternizar la vida por las armas ya que no pudo por las letras. Junto a su amigo el capitán Valdivia, "dejó fama en su muerte de prudente y valentísimo soldado".

Reconozcamos, amigo Alonso, el mérito de nuestro amigo, que no enemigo, don Miguel de Cervantes. 

Un abrazo de María Ángeles Merino para los que pasáis por aquí.

9 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Qué bien supo utilizar la locura Cervantes para desencajar las grietas de una sociedad hipócrita.
Estos dos acabarán levantándole un monumento al manco, ya verás.

María del Carmen Ugarte García dijo...

Coincido con Pedro, los dos colegas empiezan por descubrirse ante lo bien hecho, y terminan por...

Bertha dijo...

Un dialogo que de verdad una se entera y lo disfruta...Y de lo que me voy enterando por boca de este pobre loco-cuerdo: que en botica todo vale...Por algo sera...

Un beso y sobre todo felicitarte por lo fácil que nos lo pones;)

Bertha dijo...

...que curioso el nombre de ese plato de calamares:si te enteras, ya nos dirás algo;)

pancho dijo...

Excelente repaso dialogado a toda la historia, muy bien ilustrada. Mira que da qué contar y comentar una novelilla de una veintena de páginas.
También excelente combinación de diálogo y narrador. Es trabajoso resumirlo todo en una entrada.
Un abrazo.

Ele Bergón dijo...

Hay que ver que peligro tienen estos dos dos "enemigos" de Cervantes, en la intimidad de la casa ¿tanto como los membrillos? En mi pueblo dicen: Membrillo y queso, saben a besos.

Lope de Vega, al parecer sí entendía y mucho de mujeres, pero ¿que sabía el de Avellaneda? Claro que si aceptamos la hipótesis que los dos eran una misma persona...¡Qué lenguaraces, opinando de todo y de todos, imitando al LIcenciado y tienen para los niños, los poetas, los pintores y al final parece que les va gustando esta obra de Cervantes.

¡Qué gran trabajo has hecho, en texto y fotos! ¡El tiempo que le habrás echado!

Enhorabuena. Un abrazo

Luz

Gelu dijo...

Buenas noches, Abejita de la Vega:

Excelente trabajo.
Me ha encantado escuchar el diálogo de ”los dos críticos”. Como ocurriría en la vida real, no podrían disimular su poso de envidia, y su punto de traición y plagio.
En cuanto a sentirse aludida la mujer del ropero, pienso que el licenciado, con esa cita, se refería al origen judío del matrimonio, y que con tanto cuidado debían ocultar.

Abrazos.
P.D.: No conocía esa pintura de Max Ernst. Sorprendente título.

Paco Cuesta dijo...

Toda la sabiduría y la ciencia acumuladas en su vida quedaron anuladas por su locura cuerda. Así suele suceder no sólo en la novela picaresca, también en la vida real.

María Pilar dijo...

¡Wow! Te felicito por el trabajo de resumen y documentación. Me has dejado alucinada. Extraordinaria composición de esa forma dialogada entre esos dos criticones que ya quisieran ser ellos como el autor. Pero es la vida, la de ahora también.