jueves, 28 de febrero de 2013

"Cuando no me he muerto este invierno es que ya no me muero nunca"


   Antiguo Hospital General de Atocha

Comentario a algunos contenidos de la novela "Mala hierba", de Pío Baroja, para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

“La mole del Hospital General, de un color ictérico”. ¡Qué color más adecuado para un hospital! El otro día te abandoné allí, con Jesús, en el momento en que la luz del amanecer va destapando formas y colores, “bajo el cielo húmedo y gris”.
Te saludo de nuevo, Manuel, personaje de ficción barojiano, hilo conductor para tejer la lucha por la vida de los ambientes más lúgubres y miserables del Madrid de mil novecientos y poco. Estamos en los finales de la segunda parte se acentúa la miseria física para pasar pronto a la miseria moral, la de los timadores y proxenetas de la tercera parte, a donde te conduce tu primo Vidal. Los mendigos del Asilo eran mucho más dignos que esos sinvergüenzas.

Cargador de algún bulto en Atocha, recogedor del rancho sobrante de un cuartel e invitado a una cena de peseta y media entre tres, con mucho aguardiente. 
Porque vuestro compañero ocasional, don Alonso el "Hombre Boa", antiguo director de circo en Niu Yoc, pesimista optimista, el de "ya vendrá la buena", ha tenido alguna suerte en sus actividades de colocar cuadernillos pícaros. Aprende de este hombre que  no aparca la voluntad, aunque tenga que correr detrás de un simón o declarar en la Casa de Socorro que padece una enfermedad llamada hambre.
Vuestra vida es "un Uaterlú continuo", pero hoy no os acostaréis con el estómago vacío. No hay para casa de huéspedes, dormiréis los tres arremolinados en una casa en ruinas, entre harapos, papeles y personas que buscan calor.



 De allí huiréis despavoridos la noche en que una hoguera prendió el cañizo. En la oscuridad os sorprenden las luces de la Fábrica de Gas, tan amenazadoras como las llamas del incendio.


Jesús se indigna, no debería haber fábricas, la tierra debería dar de comer a todos, la civilización no ofrece nada al pobre, aumenta las diferencias, cándil y luz eléctrica, ir a pie e ir en automóvil."Antes el rico tenía que vivir entre los pobres; hoy vive aparte, se ha hecho una muralla de algodón y no oye nada." Don Pío pone en boca de tu compañero una opinión propia, vertida en un periódico*. Aunque, tal vez, en el caso de tu compañero, sea terror al trabajo mismo. 

Seguís deambulando, una noche dormís en los bancos de una iglesia con resonancias literarias, la de San Sebastián. El sacristán os entrega a una pareja de Orden Público. Os llevan  detenidos, a don Alonso y a ti, a la Delegación. Jesús se escabulle.


Te bajan a los infiernos de las Cuevas del Gobierno Civil y te alojan  en una jaula por el delito de no tener domicilio conocido. Uno de tus compañeros de mala suerte, enfermo y desnudo, se ha ensuciado...Sales libre porque le pides al sargento que le diga a alguno de los periodistas recogedores de noticias que un cajista de "El Mundo" está preso. Y da resultado. De despedida, te arrean un puntapié y a la calle.
Llovizna y te guareces en los arcos de la Plaza Mayor. Te sientas en los escalones de un portal, ibas a dormirte cuando "un hombre con trazas de mendigo" comparte tu asiento. Te cuenta que es un repatriado de la guerra de Cuba, no tiene trabajo ni sirve ya para trabajar, "acostumbrado a vivir a saltos de mata". Nada que ver con los repatriados de una zarzuela que yo recuerdo:
 Va teniendo suerte, asegura: "cuando no me he muerto este invierno es que ya no me muero nunca". Cada uno con sus cuitas y ya sois amigos. Dormís acurrucados en la Plaza de la Cebada y os desayunáis con unas nueces que apaña el ex combatiente.

Te lleva hasta un convento trapense cerca de Getafe, donde dan de comer. Pero hay que esperar, el repatriado se las sabe todas y te pregunta si sabes hacer versos. Te cuenta que el otro día alguien compuso algunos  para el rector Domingo  y este le mandó entrar. Lo intentas pero no te sale nada que termine en ingo, cómo se guasea don Pío de las rimas facilonas. Al fin, llega un lego con la comida sobrante y coméis en la tapa del caldero, evitando meter la cuchara después de un tipo repulsivo con el labio hinchado y ulcerado.


Es una tarde de mayo espléndida, el sol calienta pero no atempera los comentarios violentos, coléricos e indignados del repatriado. Y Baroja nos sumerge en la guerra de Cuba, dando fecha adecuada al episodio y enjuiciando muy críticamente aquellos acontecimientos históricos. Su pintura del desastre del 98 no da lugar a dudas.



La vida en la isla, "una vida horrible, siempre marchando y marchando, descalzos, con las piernas hundidas en las tierras pantanosas y el aire lleno de mosquitos que levantaban ronchas". Un teatrucho convertido en hospital, el no descansar nunco, los oficiales disputándose las propuestas para las cruces mientras los soldados se burlan del valor militar.



La "guerra de exterminio de Weyler" , ingenios ardiendo, ni una mata en aquellas lomas que fueron verdes, la gente famélica proclamando su hambre, fusilamientos, el machetearse unos a otros, odios y rivalidades entre generales y oficiales, soldados indiferentes que no contestan al fuego enemigo, para qué, "mi capitán yo me quedo aquí y se les quitaba el fusil y se seguía adelante".



La vuelta a España, aún más triste: "todo el barco lleno de hombres vestidos de rayadillo, un barco cargado de esqueletos, y todos los días, cinco, seis, siete que expiraban y se les tiraba al agua"

Y el desencanto al llegar a Barcelona, ellos que esperaban "algún recibimiento por haber servido a la patria y encontrar cariño". Nada, ni caso, desembarcados como fardos de algodón, pensaban que les iban a marear a preguntas, nada, a quién le importa lo que pasó en la manigua. Defender a la patria, "que la defienda el Nuncio", "para morirse después de hambre y de frío". Y recibir reproches:  "si hubieráis tenido riñones no se hubiera perdido la isla".

"Iba ya inclinándose el sol".  Volvéis a Madrid, desde Getafe.

Aquí te dejo por hoy, a las puertas del capítulo IX, de la segunda parte. Dos sortijas y un reloj os complicarán las cosas a vosotros dos, que nada tenéis.

Un abrazo de:

María Ángeles Merino

http://es.wikisource.org/wiki/La_lucha_por_la_vida_II_Mala_hierba_(Versi%C3%B3n_para_imprimir)

http://www.latinamericanstudies.org/spanish-executions.htm
*"El Pueblo Vasco", 18 de septiembre de 1903. Recogido en "Hojas sueltas".

13 comentarios:

Maria S.J. dijo...

Pasar hambre, frío, calamidades por no tener voluntad propia, y por no trabajar… Sigue sin gustarme Manuel. ¡Esperemos que, Baroja, lo espabile pronto!

Tu entrada me encanta, María Ángeles, aunque he tenido que adivinar el final de cada párrafo, no lo veía, será cosa de mi viejo PC

Spaghetti dijo...

interesante hasta donde se puede leer. Las frases se esconden tras las fotos de la derecha.
Pensé que estabas en Burgos.
bssoss

Merche Pallarés dijo...

A ver si Manuel espabila de una vez... Excelentes tus fotos y texto, como es habitual en ti, Abejita :)) Besotes, M.

Paco Cuesta dijo...

Las imágenes complementan un texto que nos "abandonó como la luz del amanecer"
Un abrazo

Aldabra dijo...

no estoy haciendo la lectura pero he entrado a dejarte un abrazo y desearte un buen fin de semana.

biquiños,

Bertha dijo...

Curiosa forma de llamar a su vida un"Uaterlú"...Tiene razón que la civilización nada aporta al pobre, al contrario aumentan las diferencias...Malo cuando aumenta la misería moral...

MªAngeles: se te echaba en falta.Todo bien?

Un Feliz fín de semana.

Besos.

Gelu dijo...

Buenas noches, Abejita de la Vega:

Caro pagan Manuel y Jesús su deserción del trabajo y sus ganas de aventuras.
Debo decir que en este capítulo ha habido momentos que me he reído con ganas, como imaginando la escena de los tres durmiendo en el banco de la iglesia, y a Don Alonso tratando "de demostrar a los guardias que era una persona no sólo decente, sino importante", su "Perdone usted", y sus: "ya vendrá la buena" "esto es una arbitrariedad".
Seguramente me ha contagiado Manuel: "no supo explicar por qué se reía; pero después de reír, y de reír mucho, se quedó con un humor fúnebre."
Y hay que ver lo que resuelve trabajar en un periódico, y en algunos casos saber hacer una copla a tiempo.
Qué crítica hace Don Pío, del sacristán y lo que representa; de los escribientes, insultadores e inhumanos, de la situación del país, del recibimiento y pago a los que volvían enfermos...

Abrazos.

Kety dijo...

Ya he pasado de este capítulo, y poco se arregla. Seguiremos leyendo.

Mª Ángeles, eres genial
Un abrazo

pancho dijo...

La página que has enlazado de la Guerra de Cuba parece una cámara de los horrores de un lado. Me creo esas cosas solo a medias, siempre hay culpables y víctimas de todos los lados. España era un país empobrecido, como ahora, y malamente podía mantener guerras en las colonias. Lo que llama la atención es la facilidad de Pío Baroja para introducir temas de actualidad en sus relatos. Y el tratamiento que hace de ellos, a veces alejado de las visiones oficiales. Por eso se trata de un escritor tan actual. "La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero" como decía, creo, A. Machado.

El Hombre-Boa ha tenido mucho y gastó más. Está en una situación lamentable pero no se resigna a vivir de la caridad. Un personaje muy peculiar.

Jesús se radicaliza. Sin hambre, no hay revolucionarios verdaderos.

Excelente recorrido por los caminos de la necesidad.

Un abrazo.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Quizá hoy no seamos conscientes, pero la presencia de esos temas a los que llegas hoy en esta novela son de una gran valentía por Baroja: la guerra de África y la Dirección general de la policía, su corrupción y su forma de tratar a los presos...
Siguen siendo actuales, lo que avala la modernidad de esta novela, sin duda.

Pamisola dijo...

Me gusta como vas contando los avatares del libro dirigiéndote a los protagonistas, a la vez que das tu punto de vista.
Sucede con los libros interesantes que uno sin querer se involucra en la vida de los protagonistas. Como en este caso, esperas que a la próxima página le suceda algo agradable al bueno de Manuel.

Abrazos

Myriam dijo...

¡Qué horror lo de Valeriano Weyler! me fui al enlace (gracias) y me lo leí completo. Volví a leerte con mucha atención y los pasajes de Baroja que señalas.... ¡Cuántas muertes, cuánto dolor! Sabía que había sido duro, peor desconocía hasta que punto.

Gracias por esta entrada tuya marcando esos aspectos.

Un beso muy grande, María Ángeles,

Ele Bergón dijo...

Los edificios que has puestos por aquí,han cambiando en su contenido, pero no en su continente. El Antiguo Hospital General de Atocha, ahora ha pasado a ser el flamante Museo de Arte Contemporáneo REina Sofía. Cuando voy por allí y bajo por las escaleras en lugar de coger los ascensores, imagino ¡cuántas historias podrían contar su muros! Siempre me ha impresionado su estructura, tanto por dentro como por fuera.

Baroja sabe muy bien describirnos no sólo los tipos, si no también los lugares de este Madrid de principios de siglo y tú nos los vas dejando en fotos y texto para así comprender mejor a este Manuel del cual eres tan amiga.

Un abrazo

Luz