miércoles, 27 de julio de 2011

"La corza blanca", una leyenda de Bécquer



Comentario a la leyenda "La corza blanca", de Gustavo Adolfo Bécquer, para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

Una corza blanca...¿cómo ha de ser una corza? ¿es un ciervo? Googleo y encuentro respuestas. Se trata de un cérvido pequeño, perteneciente al género capreolus. Su color  pardo rojizo se vuelve grisáceo en invierno, con una llamativa mancha  blanca en la grupa. Evidentemente, le gusta pasar desapercibido, hace bien teniendo en cuenta a los cazadores humanos. ¿Una corza completamente  blanca? Un sueño, un imposible...


La corza blanca bebe en el  río. ¿Y Bécquer dónde bebe?

 Según las anotaciones de  la edición de  Cátedra, al poeta le fueron relatadas algunas tradiciones sorianas, inscritas en  "un extenso ciclo narrativo tradicional que trata de la transformación de una muchacha en animal, casi siempre de color blanco (corza, cierva, liebre)". Es el tema de la "biche blanche", muy común en el folklore europeo. Como cercano a la leyenda becqueriana cita también el cuento "La biche aux bois", de Mme. de Aulnoy, editado junto con los cuentos de Perrault.


Y , además, pudo tener presente el "locus amoenus" de la Égloga III de Garcilaso de la Vega, para las escenas de las mujeres bañándose en el río: "Cerca del Tajo, en soledad amena, de verdes sauces hay una espesura...".


¿Una corza blanca? Una vez vi, muy fugazmente, a un corzo. Un cazador me dijo que lo era... Caminaba por la carretera que va desde Villanueva de Argaño hasta  Palacios de Benaver, paralela al río Ruyales. 


Tal vez fue a beber, oyó mis pasos y salió disparado, en dirección al páramo. Desde entonces, por allí, lo más parecido a un corzo , que yo haya visto,  es el de esa señal que advierte del paso de animales salvajes, como si ellos conocieran el código.

Hace poco, volví por allí, con el libro de las "Leyendas", en la mano. Este río también "jugueteaba con alegre murmullo entre las piedras rodadas".
video

Los sauces  "inclinados sobre la limpia corriente humedecían en ella las puntas de sus desmayadas ramas".

Allí mismo emprendo, en compañía de Gustavo Adolfo, un viaje hacia el Medievo romántico:


 "En un pequeño lugar de Aragón; y allá por los años de mil trescientos y pico, vivía retirado en su torre señorial un famoso caballero llamado don Dionís, el cual después de haber servido a su rey en la guerra contra infieles, descansaba a la sazón, entregado al alegre ejercicio de la caza, de las rudas fatigas de los combates."

 

El "famoso  caballero" vive con su hija Constanza, llamada "la Azucena", por su belleza y extraordinaria blancura. Como a la mujer de la rima 52, XIX , la " hizo Dios de oro y de nieve".


 
Aquel día, don Dionís pasa las horas de la siesta en una  amena cañada que llaman  de los cantuesos, junto a un cantarín riachuelo.


Bien acompañado por su hija y sus complacientes monteros, disfruta refiriendo aventuras de su vida de cazador. La conversación es interrumpida por el ruido de una esquila. Tras ella va un pastor llamado Esteban, con sus cien blanquísimos corderos. Aquí todo es blanco, como veis.

Uno de los monteros comenta a su señor que el zagal asegura  haber oído hablar a los ciervos, confabulados para no dejarlo en paz.  El muchacho, algo asustado, es conducido a presencia de don Dionís.
Y, ante el asombro de todos, relata que una noche se colocó allí mismo, escondido, para vigilar el paso de los ciervos hacia el río.  Y que oyó tres o cuatro voces distintas, como de muchachas, riendo y bromeando. Y, a sus espaldas, otra voz  advertía a sus compañeras de la presencia del “bruto de Esteban”.
Estallan las estrepitosas  carcajadas de todos los presentes. Don Dionís  también participa del general regocijo y Constanza ríe como una loca. 
El zagal, cada vez más inquieto, mira a su alrededor, fija "sus espantadas pupilas en la hija risueña de don Dionís". Ha de revelar algo más:  vio entre las matas "una corza blanca como la nieve", seguida de otras de su color natural. Y rien, rien.
Don Dionís, burlón, le aconseja "paternoster y garrotazo", para ahuyentar al diablo tentador. Prosigue la interrumpida cacería.

El relato de Esteban anticipa el "funcionamiento de lo maravilloso": apariciones nocturnas, corzas reidoras y la corza blanca protagonista. Es la primera vuelta de tuerca del misterio.
A continuación, entre los monteros, sobresale Garcés, el solícito enamorado de Constanza; tan bella pero blanco de  las malintencionadas murmuraciones. Traída de lejanas tierras, no muy limpia de sangre, tal vez hija de una gitana, su extraño carácter, el contraste de sus ojos oscuros con su piel blanca...
Bécquer va sembrando  indicios e insinuaciones acerca de la misteriosa Constanza. Ya teníamos sus pequeños pies que ella desea ocultar, el horror de  Esteban al  reconocer el eco de su risa...
Garcés le da vueltas, pregunta a pastores. ¡ La han visto! Antes de tres días ha de traerla al castillo, viva o muerta. Constanza se burla, fija sus ojos en él y rompe a reír como una loca. Será esa misma noche. Arma su ballesta y va a la caza del misterioso animal.
Antes de que aparezcan las corzas, el poeta nos regala un bello paisaje nocturno, acompañado de voces misteriosas y un canto coral.
Álamos, sauces, carrascales, madreselvas, campanillas azules, remanso del río...
Garcés se duerme. Después de dos o tres horas, entreabre los ojos y:
Las voces son ahora una coral  que canta al cazador sorprendido por el sueño y lo invita a gozar de la noche.
Y , en un enfoque cinematográfico, aparecen las corzas en juguetón tropel, para después centrarse en la corza blanca  "más ágil, más linda, más juguetona y alegre que todas, saltando, corriendo, parándose y tornando a correr, de modo que parecía no tocar el suelo con los pies".
Bajo la luz de la luna, las corzas desaparecen. Ahora el cazador se convence de que no hay nada que no sea familiar a "un cazador práctico en esta clase de expediciones nocturnas." Se ríe de su miedo e intenta averiguar dónde está su pieza de caza.
Foto tomada de "En un acorde azul"
 Llegamos al momento de la metamorfosis:
Bécquer nos presenta un cuadro de lírico erotismo. Despojadas de sus túnicas, entran y salen en el agua, haciendo saltar chispas luminosas . Se mecen en las ramas, danzan, entrelazan sus manos, aspiran el perfume de las flores...
¿Dónde está Constanza?
El atónito montero la descubre bajo un dosel de verdura. La mira y se convence de que no es un desarreglo de su imaginación, ahí está, " como una flor que se rinde al peso de las gotas de rocío".
Constanza sale , sin velo alguno, del bosquecillo. El coro de sus compañeras canta una dulcísima melodia, invitando a gozar del amor. Garcés, mordido por los celos, desea romper el encanto, separa el ramaje que lo oculta y salta al margen del río. Todo se desvanece como el humo, ahora sólo hay corzas. El cazador pagará cara su trangresión.
La corza blanca quiere huir y se enreda, él la encara con su ballesta. Oye una voz que le dice: "Garcés, ¿qué haces?". Deja caer su arma, la corza huye y se ríe burlona. Recoge la ballesta y deja volar la saeta que se pierde en la oscuridad. Oye unos gemidos.
Al oír los lamentos, exclama: "¡Dios mío, si será verdad! ". Loco, fuera de sí, corre hacia donde ha disparado. Horrorizado, contempla a su amada, herida por su propia mano, agonizando, revolcándose en su sangre.
Cierro el libro, allí junto al pequeño arroyo. Levanto la vista y veo huir a un corzo. No sé,  tal vez era una corza. Su color era...prefiero no revelaros su color.

Porque de cualquier rincón oscuro puede surgir el dardo que mate a la imaginación.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Pedro Ojeda, del blog "La acequia" dice aquí:

"Por tierras de Burgos abundaban las corzas. No sé si blancas, pero seguro que igual de bellas. ¿Las hay blancas hoy todavía? Qué bella leyenda, qué buena entrada. "

jueves, 21 de julio de 2011

"Los ojos verdes" de Bécquer y un sueño.


Comentario a la leyenda "Los ojos verdes", de Gustavo Adolfo Bécquer.


Leo y releo "Los ojos verdes", me atrapa su poesía; pero a ver cómo  os lo cuento, me pasa como a Bécquer. Que me perdone el gran Gustavo Adolfo por la irreverencia.

Googleo un poco, el verbo no tardará en estar en el de la RAE, guiada por las anotaciones de la edición de Cátedra. Pascual Izquierdo me remite al tema de "la dama del lago", al "Caballero Cifar",  a "La Fuente de la mora encantada", al "Der Fisher" de Goethe, a "La ondina del lago azul" de Gertrudis Gómez de Avellaneda y a otras que no consulto. Pero la pluma de Bécquer voló sola, la leyenda fue fruto de su imaginación.


Ondinaslamías, xanas, mourasanjanas, náyades, espíritus femeninos de las aguas. Fuentes clásicas, fuentes centroeuropeas, folklore vasco, folklore asturiano, cántabro, gallego...Estas sirenas fluviales me están atrayendo con su canto, iré al río, al río cercano, a buscarlas.


Paseo entre árboles. Me siento en  las orillas del Arlanzón, con el libro de las "Leyendas" en la mano.


Leo: "Yo creo que he visto unos ojos como los que he pintado en esta leyenda. No sé si en sueños, pero yo los he visto. De seguro no los podré describir tales cuales ellos eran: luminosos, transparentes como las gotas de la lluvia que se resbalan sobre las hojas de los árboles después de una tempestad de verano..." La  monotonía del agua me adormece y veo...




¡Una pluma que escribe sola ! ¡Y  Gustavo Adolfo Bécquer quiere detenerla! Por fin, la atrapa y se pone a escribir.
¿Que si es Gustavo Adolfo Bécquer? Está claro, es su imagen más conocida, el de los billetes de cien y los sellos de dos.


El poeta escribe, escribe. De repente, oigo una música muy conocida, rápida, trepidante. ¡Es la Obertura de Guillermo Tell, de Rossini! ¿Qué tendrá que ver con Bécquer?


¡La cacería! Braman  las trompas.Vamos a caballo. ¡Deprisa, deprisa! Un ciervo herido, sangre en las zarzas, salta sobre los lentiscos, alguien grita: ¡Por San Saturio! Los imperativos también cabalgan a una enorme velocidad, ahí van cortadle, azuzad, soplad y hundidle...Ladran perros, resuenan  voces y el eco burlón lo repite todo : cortadle adle adle...El Moncayo se ríe.


El ciervo desaparece tras una carrasca y todos los de a caballo  nos detenemos a la voz de "Alto todo el mundo! que da Íñigo, el que dirige la cacería. Pero llega, colérico, un cazador joven al que todos reverencian ; me dicen que es Fernando, el primogénito de los condes de Almenar.


¿Qué hace ese imbécil? Él de ninguna manera va  a dejar escapar al ciervo, el primero herido por su venablo, para que se despachen a gusto los lobos.

Íñigo da razones. No podemos seguir por ahí, la trocha conduce a la Fuente de los Álamos. En sus aguas habita el espíritu del mal, quien enturbia su corriente paga caro su atrevimiento.

Fernando y su caballo "Relámpago" parten como un huracán, en dirección al lugar prohibido.

El sueño se vuelve confuso . Estoy en un castillo medieval.  Es extraño, ahora Fernando está triste, no parece el mismo. Cuenta lo que vio en la fuente maldita, con hermosísimas palabras. ¡Cómo cantan a la par los verbos y  el agua de la fuente! ¡Cómo susurran a dúo las eses y las abejas! Es increíble, estoy oyendo los mil rumores de la soledad.

Foto tomada de "En un acorde azul"
Fernando asegura a su paciente  montero que vio " brillar en su fondo una cosa extraña, muy extraña; los ojos de una mujer".  Agua, sol, plantas acuáticas y unos ojos verdes en el fondo. Yo también los veo, en un bellísimo torbellino acuático.


Oigo a Íñigo rogando a su señor que no vuelva allí, que morirá si lo hace. Dice no, no, no.
Se apagan los ruegos del fiel servidor, ya no estoy en el castillo de Almenar. He vuelto a la Fuente de los Álamos, con Fernando. Él no me ve.
El primogénito está sentado al borde de una roca, de rodillas a los pies de una misteriosa mujer. Insiste una y otra vez : ¿quién eres?
Ahora veo al poeta, sentado en otra roca. Le está dictando a su pluma que escribe en el agua:

"Ella era hermosa, hermosa y pálida, como una estatua de alabastro. Uno de sus rizos caía sobre sus hombros, deslizándose entre los pliegues del velo, como un rayo de sol que atraviesa las nubes, y en el cerco de sus pestañas rubias brillaban sus pupilas, como dos esmeraldas sujetas en una joya de oro."

Doña Mencía de Velasco, mujer de alabastro, capilla de los Condestables, catedral de Burgos
La extraña mujer habla, por fin. Y le declara su amor, a pesar de ser un espíritu puro, a pesar de no ser terrenal. Porque Fernando es superior a los demás y es digno de ella. Va a premiarle con su amor.

Mientras ella habla, él está absorto en su hermosura y cada vez se aproxima más al borde de la roca.


El poeta repite la palabras seductoras de la ondina, porque alguien me ha dicho que se trata de una ondina...

 "¿Ves, ves el límpido fondo de ese lago, ves esas plantas de largas y verdes hojas que se agitan en su fondo?... Ellas nos darán un lecho de esmeraldas y corales... y yo... yo te daré una felicidad sin nombre, esa felicidad que has soñado en tus horas de delirio, y que no puede ofrecerte nadie... Ven, la niebla del lago flota sobre nuestras frentes como un pabellón de lino... las ondas nos llaman con sus voces incomprensibles, el viento empieza entre los álamos sus himnos de amor; ven... ven... "


Va oscureciendo, Fernando cae al agua y la ondina le recibe en sus brazos , el beso debe de ser de nieve.


Chispas, círculos de plata en el agua, Fernando desaparece en manos de una mujer incorpórea e  intangible.



El poeta escribe una de sus "Rimas" en el agua.

Me despierto de este bello sueño.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino Moya.

Pedro Ojeda dice en "La acequia":

"Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, googlea a Bécquer y lleva su leyenda, con ordenador y todo, al Arlanzón. Un placer leer esta entrada"

lunes, 18 de julio de 2011

18 de julio, un buen día para recordar la trilogía de Óscar Esquivias.

La trilogía de Esquivias en una pequeña biblioteca escolar.
Hoy 18 de julio de 2011 se cumplen 75 años del comienzo de la guerra civil española. El "Diario de Burgos" del día 17, recuerda que "Burgos se adelantó a la guerra".  También incluye un artículo acerca de la novela de Óscar Esquivias "Inquietud en el Paraíso", que comienza recordándonos su escena final: 

"... Cabanellas, Dávila y Mola fuman entre silencios y comentarios triviales en el balcón del palacio de Capitanía, con la bóveda celeste nítida, preñada de astros. De cuando en cuando atraviesa el firmamento una estrella fugaz. Es la calurosa noche del 21 de julio de 1936 y los tres generales sublevados disfrutan de una ciudad en calma. «Señores, ¡esto es el paraíso!», exclama Cabanellas tras un largo silencio..."
R.P. Barredo / H. Jiménez
"Palacio de Capitanía" de Burgos, la que fue "VI Comandancia", lugar histórico.

Pienso que es un buen momento para recordar nuestra lectura colectiva de "La acequia", la que hicimos en torno a la trilogía de Esquivias: "Inquietud en el paraíso", "La ciudad del Gran Rey" y "Viene la noche".

Empezamos por "Inquietud en el Paraíso". En la  entrada correspondiente al  día 18 de enero de 2011, titulada "Una locura más peligrosa que la de don Cosme", leo parte de mi comentario:

“Cae la noche, una noche muy larga, en la VI Comandancia. Los militares golpistas, allí reunidos, conocen la aventura, mucho más loca que la de don Cosme Herrera, en que Mola y otros van a embarcarles.
De momento, van a probar al general Batet, a ver cómo reacciona ante una “supuesta situación de incomunicación absoluta con Madrid y Pamplona”. ..Todos saben que es una farsa. Todos, excepto Batet y su asistente , leales a la República.
… Batet permanece callado y se asoma a un balcón. Se siente rodeado de “fieras”, mira las calles, están tranquilas. Fuma el pitillo que le ofrece el pérfido González de Lara. Todos están en silencio, sumidos en sus pensamientos.
El capitán Paisán se asoma a otro balcón. Lo normal: … cuarteles, iglesias, más cuarteles.
Se imagina la tensión que se respirará allá, en las salas de banderas, con oficiales y jefes esperando la orden de sublevarse. Un estampido, una bocina, algún disparo aislado…poca cosa.

Batet se siente como la polilla que el capitán acaba de atrapar y tirar por el balcón..."
"Antiguo despacho del Comandante Militar", en el Palacio de la foto anterior, testigo de la Historia.

Actual facultad de Teología de Burgos, la cual albergaba, en 1936, el Seminario Mayor San Jerónimo.
En mi entrada del 4 de febrero de 2011, titulada : "Rodrigo Gorostiza descubre la locura de unos jóvenes que se apuntan a una sangrienta excursión", en mi comentario, leo:

(El seminarista Rodrigo Gorostiza dice )
“Creo que soy el único burgalés que durmió de un tirón aquella noche de julio de 1936. Amanecí ignorante de la convulsión que había sufrido mi ciudad y toda España.

Abro la ventana de mi cuarto y veo una larga cola de muchachos que sale del Seminario…

 …Me dice que estamos en guerra. Al parecer, nos hemos levantado en armas y ya no hay república. ¿Nos hemos levantado? … Me asegura que el día de Santiago el general Sanjurjo entrará en Madrid, como el apóstol, en un caballo blanco, para ser nombrado jefe del Estado.

Los mocetones son requetés navarros, van a partir hacia Somosierra para enfrentarse a los republicanos… con las mismas boinas rojas y “detentes” de sus padres y abuelos..
Abajo está el banderín de enganche, para los voluntarios de esta provincia…
Oigo la voz engolada de don Cosme, me dice que si quiero desayunar, he llegado tarde. A no ser que me aliste, entonces me darán un fusil y una tableta de chocolate Suchar. El padre no está nada contento con esta vuelta a las decimonónicas guerras carlistas.

Me pide que le acompañe, hemos de visitar a un héroe muerto...

En el depósito de cadáveres velan unos milicianos albiñanistas… han pasado la noche de pueblo en pueblo, apoyando la sublevación. No han dudado en descerrajar un tiro en la frente a concejales del Frente Popular. Se han sentido todopoderosos, sembrando el pánico, destruyendo, siendo aclamados…

…Y ahí están velando a un compañero de veinte años, caído de manera absurda… el primer mártir…”



Escalera Dorada de la Catedral de Burgos. Por ella, en llamas, pasan los personajes de "La ciudad del Gran Rey".

En el segundo libro "La ciudad del Gran Rey", tras el triunfo del golpe de estado en Burgos, perseguidos, algunos de los personajes del primer libro sueñan un lugar mejor y  encuentran  una gran pesadilla.

 Leo  la entrada del día 25 de febrero de 2011, titulada: "Son “intrusos”,  unos repugnantes “vivos”, “sacos de mierda ambulante”, con el ombligo intacto":

"¿Burgos? Sí, pero no. Las mismas calles, los mismos edificios, las mismas esculturas…Mas las calles viajan como si flotaran sobre un lago, los caminos de ida no sirven para la vuelta, las esculturas toman vida y sopa, las dimensiones se estiran, se estiran y la perspectiva es la de una hormiga...

En este remedo de la Cabeza de Castilla, no faltan la persecución y la muerte. Toda la expedición corre grave peligro. Son “intrusos”, unos repugnantes “vivos”, “sacos de mierda ambulante”, con el ombligo intacto. Eso sí, si son asesinados no será por odios personales ni políticos…"

Este no es Aurelio
Vista aérea de la Cárcel de Burgos

En el tercer libro, "Viene la noche", los personajes, otros distintos, viven en el invierno 2006-2007, en un barrio de Madrid.  La guerra civil está lejos, pero su fantasma aparece en forma de carta. La recibe el protagonista, el jubilado Benjamín Tobes, cuyo hermano, el sacerdote Aurelio, acaba de morir,en su Burgos natal. Leo el comentario, en esta entrada del 21 de mayo de 2011, titulada "HISTORIA, JUSTICIA, AMOR Y PERDÓN":

 (Benjamín) "Muy nervioso, extrae un carta manuscrita y una fotocopia de un documento antiguo. Escribe una desconocida Felisa Hurtado. Le cuenta que supo de la muerte de su hermano Aurelio… Aurelio fue párroco de su pueblo Y , al enterarse de su fallecimiento, se le removieron muchos sentimientos.
…El padre de Felisa se llamaba Jacinto Hurtado y murió tuberculoso, en el penal de Burgos, cuando cumplía cadena perpetua. El destino de este hombre estuvo en manos de su "señor hermano". Le adjunta la fotocopia de un documento rescatado de los archivos de la Audiencia de Burgos y publicado, hace poco, en un libro de HISTORIA…
Benjamín grita, qué me cuenta esta "tipa"...La fotocopia es un documento escrito a máquina, con la firma legible de Aurelio Tobes, al pie. Es un informe redactado a petición del Tribunal de Responsabilidades Políticas, sobre la actitud de los vecinos, antes del 18 de julio de 1936…
El cura párroco informa de que el panadero Jacinto no iba a la iglesia y presumía de ello. Suscrito "a la mala prensa", sostenía que los apóstoles eran comunistas, que Jesucristo no fue Hijo de Dios, tuvo hermanos e hijos y no resucitó. Y, para más inri, era partidario de vender los bienes del clero, un Mendizábal en ciernes.
En parecidos términos informa de otros vecinos...
Benjamín agita el papel, ¡insinúa que a su padre le "enchironaron" por culpa de su hermano! Hace falta ser mala persona para enviar esto, dice…"

Después de este repaso a lo escrito , deseo poner aquí: UNA GUERRA CIVIL NUNCA MÁS. ¡NUNCA MÁS UN 18 DE JULIO INCIVIL!

Ya sé que el tema clave de estas novelas no es la guerra civil, que Esquivias no se propuso hacer una novela histórica e incluso tuvo en mente  ambientarlas en las decimonónicas guerras carlistas. Sin embargo, y aunque sean ficción, nos ofrecen una extraordinaria reflexión sobre nuestra historia reciente. Aparte de estar magistralmente escritas...

Dejo para otro momento mi reflexión personal sobre el tema clave: Paraíso, Purgatorio e Infierno, etapas que vivimos en nuestra  terrenal vida humana.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

Pedro Ojeda dice en "La acequia":

"Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, nos invita, con gran acierto, a leer la trilogía ahora que se conmemora el 75 triste aniversario del golpe de Estado del 18 de julio de 1836."


domingo, 17 de julio de 2011

" o esta ha de ser la más famosa aventura que se haya visto, porque aquellos bultos negros que allí parecen deben de ser y son sin duda algunos encantadores que llevan hurtada alguna princesa ..."


Comentario al capítulo 1, 8 del Quijote (continuación), publicado en "La acequia", en la entrada del día 3 de julio de 2008.


Los molinos quedan atrás y, de momento, me quedo sola , como un narrador decimonónico, de esos que todo lo saben y no dan su voz a nadie.  Sigo con el capítulo VIII y tengo a Sancho desesperado: que eran  molinos, que no  gigantes.


A callar, escudero, que si Don Quijote asegura que ha sido Frestón, será así; como le tiene tanta manía, le dio el cambiazo, para robarle  la gloria. Ahí está su espada, si es preciso. Temblad encantadores.



Y Sancho se lo cree todo o hace por creérselo, qué remedio. Como le ve  molido y  de medio lado, le pide que cambie de postura. Don Quijote está dolorido, lo confiesa ; mas un caballero andante no puede quejarse.




¡Alto! Hasta ahí podíamos llegar, Sancho reivindica su derecho a quejarse al más mínimo dolorcillo; a no ser  que eso de no quejarse abarque también a la escudería andante. Don Quijote se ríe y le da licencia para todos los ayes que se le presenten. 


Llega  la hora de comer, el caballero andante no tiene gana, pero el escudero tiene licencia. Así que Sancho camina, come y bebe muy a gusto. Mientras menudea tragos, vengan aventuras peligrosas.



Pasan la noche entre árboles. Don Quijote desgaja una rama y apaña una lanza, añadiendo el hierro de la que se quebró. El caballero no duerme, piensa en su señora Dulcinea, como los caballeros andantes de sus amados libros.



Sancho duerme de un tirón, arrullado por el vino de su estómago. Le da el sol en la cara, los pajarillos dan los buenos días, ni se mueve.



Su amo le llama, se levanta, da un tiento a la bota y se entristece al palparla. No va a ser fácil llenarla de nuevo.


Vuelven a su camino y llegan al Puerto Lápice, lugar pasajero y aventurero. Don Quijote advierte a Sancho Panza que no ha de poner mano a su espada para defenderlo, a no ser que los ofensores sean “canalla y gente baja”. Si son caballeros, en ninguna manera le es lícito; que así son las leyes de caballería.


Sancho responde que su señor será muy bien obedecido, no echará mano a una espada...que no tiene. Eso sí, para defenderse a sí mismo, no cuentan esas leyes.


¿Qué pasa aquí? Me parece que tengo visita, la pantalla bailotea…veo, veo ¡dos frailes!  Creo recordar que, efectivamente, ahora es el turno de  dos frailes de la orden de San Benito.
Alabado sea nuestro Señor Jesucristo. Saludamos a vuestra merced, señora nuestra. Somos, como voacé dice, dos frailes de San Benito. Vivíamos en el limbo habilitado para los personajes secundarios del famoso libro titulado “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”. Desde allí, no sabemos por qué malas artes del Maligno, fuimos transportados a este diabólico invento que llaman Internet. ¡Y llaman banda ancha a estos estrechos canalículos!




Nos han dicho que contemos la peligrosa aventura que vivimos con don Quijote. Montados en nuestras mulitas, bien protegidos con antojos y quitasoles, vamos por el camino real. Detrás de nosotros, viene el coche de una señora vizcaína que va para Sevilla. Buscamos la protección de su séquito, nada menos que cinco a caballo y dos a pie.


Ese loco de don Quijote nos ve y desvaría, dice que somos encantadores y que llevamos hurtada a una princesa. Y que es menester “deshacer ese tuerto”, no sabemos de qué tuerto habla…


Su criado parece más cuerdo, nos reconoce como frailes de San Benito y le aconseja prudencia. Pero su amo no le hace caso, se adelanta y se pone en la mitad de nuestro camino. Alza la voz, nos llama gente endiablada y descomunal y nos pide que soltemos a no sé qué princesas forzadas. ¿Endiablados y descomunales unos frailecitos como nosotros? ¿Forzar nosotros? ¿A princesas? ¡Ave María, Purísima! ¡Y nos amenaza con recibir “presta muerte”!


Admirados, le respondemos que no somos nada de eso, que no sabemos si en ese coche vienen forzadas princesas.


No se sosiega, nos califica de canallas, pica a su huesudo rocín y arremete contra mi persona. Lo hace con tamaña  furia  que hubiera acabado en el suelo muy malferido o muerto  si…si no me dejara caer de la mula, con anticipación.


 Mi valiente compañero que lo ve, a falta de espuelas, golpea con los talones y las rodillas a la mula, haciéndola correr  más que el viento. El criado de don Quijote me ve en el suelo y comienza a quitarme los hábitos.


Llegan en esto mis dos mozos y le preguntan por qué me desnuda. Les responde que aquello le toca legítimamente, como despojos de la batalla ganada por su señor. Los mozos no saben nada de batallas, le tiran al suelo, le arrancan los pelos de la barba y le muelen a coces.


No me detengo, subo al caballo, pico tras mi compañero y, sin querer saber nada más de don Quijote, sigo mi camino y me hago miles de cruces. No puedo contarle más, que pusimos mucha tierra por medio…nuestras mulas corren como briosos corceles, cuando es preciso.



Sin más que contarle, nos despedimos de vuestra merced, quede voacé con Dios. Antes de marcharnos, le diré que tenemos la sospecha de que ese Cervantes es un herejote erasmista. Nos pinta, injustamente, como si fuéramos unos cobardes ¿no cree? Dejémoslo, ya no podemos acusarlo ante el santo Oficio. Lo dicho, con Dios, señora María Ángeles.

Y yo, la que así se llama, dejo aquí el comentario. Seguiré con los vizcaínos...



Un abrazo para los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino


Pedro Ojeda dijo en "La acequia":

"Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, continúa con el comentario del capítulo 8 de la primera parte del Quijote. No se libra su ordenador ni de ser poseído por dos frailes..."