jueves, 31 de diciembre de 2009

"...vio una gallarda señora sobre un palafrén o hacanea blanquísima, adornada de guarniciones verdes y con un sillón de plata."



Me imagino a "la bella cazadora" como a esta reina consorte, pintada por el gran Velázquez, unos veinte años después.

Isabel de Borbón a caballo (1635-36). Museo del Prado, Madrid.

Comentario al capítulo 30, 2 del Quijote, publicado en "La acequia"

De lo que le avino a don Quijote con una bella cazadora

Al final del capítulo anterior, leemos: “Volvieron a sus bestias, y a ser bestias, don Quijote y Sancho”. En mi comentario anterior, no entendía por qué Cervantes decía eso. Una anotación resuelve mi duda: vuelven a ser bestias porque se dejan dominar por la tristeza. Y, a su vez, la anotación remite a otra que nos dirige hasta aquellas palabras de Sancho: «Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres, pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias».

Y con aquella tristeza comienza este capítulo: “asaz melancólicos y de mal talante “. Tristeza y mal humor. Triste don Quijote que, por primera vez, desiste, abandona…De pésimo humor, Sancho puesto que menguar el caudal era “quitárselo a él de las niñas de sus ojos”. Silenciosos, en sus jumentos, se apartan del famoso río. Sepultado el caballero en sus amores y enterrado el escudero en sus dineros. Las acciones de don Quijote, todas o las más, son disparates y Sancho lo tiene presente, poco o nada va a sacar. Si un día su señor se “desgarra” y decide irse a casa, será la ocasión que busca: ni cuentas ni despedidas. Pero la fortuna enreda las cosas…

Al día siguiente, al atardecer, don Quijote sale de un bosque y divisa un verde prado. Ve gente y conoce que son unos altaneros cazadores de altanería. Se acerca y ve a una altanera y elegantísima señora sobre una blanquísima hacanea, con guarniciones verdes y sillón de plata. ¡Una gran señora vestida de verde- verde y más bizarra que la misma bizarría! En la mano, un azor, ave de altísimos vuelos. No hay duda, grande de España. ¿Osuna? ¿Infantado? ¿Medina Sidonia? No nos lo van a decir…

Don Quijote ordena, corre hijo Sancho y dile a la del palafrén y el azor que el de los Leones besa sus manos. Si me da licencia, iré a besárselas y a ponerme a su servicio. Mira cómo hablas, no metas la pata, no sueltes tu rosario de refranes. Vamos, como si fuera ésta la primera vez que Sancho lleva embajadas “a altas crecidas señoras”. Su amo no tiene noticia de que haya llevado otra que no fuera la de Dulcinea. Bien cumplió con aquella embajada, por cierto…

Sancho admite que la de Dulcinea fue la única y suelta dos refranes que no viene a cuento, o sí…quiere decir que no hay que advertirle de nada, que de todo es capaz. Don Quijote lo cree así, puede ir donde la bella cazadora, lo hará correctísimamente.

Puesto de hinojos, presenta a su señor y a sí mismo. Y, en el alambicado estilo caballeresco, solicita que le dé licencia para poner en obra su deseo, el cual no es otro que servir a “vuestra encumbrada altanería y fermosura”, cosa que le beneficiará y le contentará. ¡Sancho mete la pata y da en el blanco! ¡Altanera es esta duquesa, además de practicar la altanería!

La señora felicita a Sancho, ha dado la embajada en el estilo retórico adecuado y debe levantarse, que “escudero de tan gran caballero, como es el de la Triste Figura”, no ha de estar arrodillado. Que venga a servirse de la pareja ducal, “en su casa de placer”. La duquesa sonríe para sus adentros, piensa en la oportunidad única que se les presenta, lo que se van a reír ¡los auténticos don Quijote y Sancho, los de ese libro tan divertido, en carne y hueso!

El escudero admira su hermosura, sus exquisitos modales y, sobre todo, el que tenga noticia de su señor, del Caballero de la Triste Figura. La pregunta siguiente ya le deja estupefacto, si es uno cuya historia anda impresa con el título “del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha “, que tiene por señora a Dulcinea…

Sancho se lo confirma y añade que el escudero que anda en tal historia es él mismo, si no es que le “trocaron en la estampa”. La sombra de Avellaneda planea sobre estas palabras…

Don Quijote es bien venido a los “estados” de esta duquesa, tan contenta, que habla como una señora feudal del Medievo. El señorío pervive… ¿no estamos en el siglo XVII?
Con grandísimo gusto vuelve Sancho a su amo y le cuenta cómo se había expresado la gran señora, exagerando su hermosura, donaire y cortesía.

El caballero, todo hueco, y muy bien plantado sobre Rocinante, fue a besar elegantemente las manos a la duquesa.

El duque ya ha sido informado y tiene gran deseo de conocerlo. Lo planean: le seguirán el humor, le tratarán como a un caballero andante, no escatimarán en todas las ceremonias, las habituales en esos novelones caballerescos, que tan vorazmente leen.

En el momento de apearse del rucio, Sancho se enreda con una soga, quedando colgado y en el suelo. Don Quijote piensa que Sancho ya está sujetándole el estribo y cae, con silla y todo. Avergonzado, maldiciente y maltrecho; le auxilian los cazadores, por orden del duque. Renqueando, va a hincarse de rodillas ante los dos señores, noooo por Dios…El duque se apea y ¡lo abraza! Cuánto le pesa tan mal comienzo en su tierra, casi besándola.

Sucesos de escuderos, los hay peores que éste, dice el duque. Don Quijote es un hidalgo, el escalón más bajo de la nobleza y se derrite ante la gran nobleza. Aunque hubiera caído a un abismo, qué gloria haberlos visto, siempre a su servicio. Y riza el rizo hablando de la “digna consorte vuestra, y digna señora de la hermosura y universal princesa de la cortesía “


El duque comienza la artillería socarrona llevándole la contraria, hermosa es su señora esposa, pero donde esté Dulcinea no se puede hablar de hermosura… Y Sancho se adelanta para lisonjear a la duquesa: si la naturaleza es un alfarero que sabe hacer un vaso hermoso, bien puede hacer alguno más. Y la mujer del duque “no va en zaga” a Dulcinea. Ay, que las palabras le traicionan…Muérdete la lengua, escudero. No se te escape que nunca viste a tal belleza…

Don Quijote se vuelve hacia “su grandeza” para contarle que no tuvo caballero andante escudero más gracioso, hablador y sincero retratista de su amo. Lo sacará verdadero.
La lectora defiende a este personaje que ha llenado muchas horas de su ociosa vida. No es un tonto gracioso como sus bufones, es gracioso maguer discreto. Y, maguer rústico, qué bonito lo que ha dicho de su hermosura.

Y también el duque lo defiende. Si es hablador, tanto que mejor; que hay gracias que no se pueden decir con pocas palabras.

Los duques invitan al señor Caballero de los Leones, antes de la Triste Figura. Se le acogerá en su cercano castillo, tal y como se debe a tan alta persona, tal y como esta noble pareja suele recibir a los caballeros andantes.

Ya se van los tres a caballo: don Quijote, la duquesa en medio y el duque. Pero a la de en medio lo que le gusta infinito es oír las “discreciones” del escudero. El discreto se entreteje y ya es el cuarto. Los duques tienen “a gran ventura “acogerles, menuda acogida. El castillo de los duques va a dar mucho de sí.

Feliz Año Nuevo 2010

Pedro Ojeda Escudero dijo en este blog:

Quizá la tristeza no nos vuelva bestias sino más humanos: no en todo va a ser cierto Cervantes.Excelente resumen. Y muy bien ilustrado. Feliz año, Abejita.

Pedro: yo también le quito, por esta vez la razón a Cervantes. La tristeza, qué duda cabe, nos hace más humanos.Feliz año, Pedro.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

¡Feliz 2010! No se cayó , vive en el agua.



El 10 de junio de 2009 yo decía: "Se cayó". Así me sentía...



Meses después, pude comprobar que el árbol no se había caído sino que vivía en el agua. Me sentía mucho mejor...

En este año 2009 se me cerró una puerta, en realidad me dieron en las narices con ella. Pero se abrió otra, la que yo siempre quise.

Tengo a mi familia ...

Tengo a mis buenos amigos . Algunos no están aquí, pero siguen conmigo.

Y a Curry, el mejor en la categoría de cuatro patas.

Y escribo mucho, nunca había escrito tanto y...me gusta. El culpable...

Y , en este blog, entra gente estupenda a la que deseo:

¡ Feliz Año Nuevo 2010!


lunes, 28 de diciembre de 2009

¿Qué hacen con una barca por el Ebro? Y ¿En qué parte del Ebro están? ¿Dónde nace? ¿ O han llegado por fin a Zaragoza?




Éste sí es el Ebro.

Ele Bergón dijo...

¡Buf! qué llego tarde, pero es que estos días de vacas, pues como que no apetece mucho esto de escribir, pero es que me traéis malas noticias de mi padre Sancho. ¡Qué empeño tiene en seguir con El Alonso si por su culpa sólo recibe golpes y más golpes y disguto tras disgusto. Estoy furioso.

¿Qué hacen con una barca por el Ebro? Y ¿En qué parte del Ebro están? ¿Dónde nace? ¿ O han llegado por fin a Zaragoza? o por el contrario, ¿se han desviado y han llegado al mar? Vete tú a saber porque con estos dos cualquier cosa se puede esperar de ellos y luego dicen que nosotros los adolescentes somo un desastre, pues anda que algunos que tienen ya muchiiiisimos años parecen crios de dos años.

¡Como presume el Alonso de tanto meridiano, paralelo, equinocios, solsticios y demás. Ya lo he estudiado yo en Sociales un montón de veces y creo que esta vez lo he aprobado. Claro que la profe es más maja....

Feliz Año Nuevo a todos, troncos

Choque de manos

El Sanchico


Pedro Ojeda dijo en "La acequia":

"El Sanchico, vía Ele Bergón, según nos dice Abejita, nos felicita las fiestas de forma bien original y después se preocupa por su padre, pero se le nota que va mal en geografía, perdón, cono. Amenaza con ser un poco gamberro al no estar su padre, pero sé que es un buen chaval."

Leer más: http://laacequia.blogspot.com/search/label/Para%20una%20lectura%20de%20El%20Quijote#ixzz0b6Sfk9UL
Under Creative Commons License: Attribution Non-Commercial No Derivatives

domingo, 27 de diciembre de 2009

"...la amenidad de sus riberas, la claridad de sus aguas, el sosiego de su curso y la abundancia de sus líquidos cristales"(2)


Vieja aceña en el río Ruyales (Burgos)

Segunda parte del comentario al capítulo 29,2 del Quijote. Publicado en "La acequia".

"De la famosa aventura del barco encantado"

Desde los amorosos pensamientos que el Ebro inspira a don Quijote hasta los piojos que se esfuman, al llegar al ecuador. Así de brusco es el contraste, barroco contraste.

Con lo de los hematófagos estaban, cuando descubren unas grandes aceñas, en mitad del río. No sé qué tienen los molinos harineros para don Quijote, eólicos o hidráulicos… Lo cierto es que tienen la virtud de activar sus fantasías caballerescas.

Las aceñas no son aceñas, sino” ciudad, castillo o fortaleza “.Caballero oprimido o dama real malparada, sea quien sea, espera el socorro de su valeroso brazo.

Qué sabrá este majadero. Aceña dice, aceña `para moler trigo. Si sabrá nuestro caballero de las malas artes que se gastan estos encantadores. Follones, malandrines, vestiglos…que no metamorfosean la realidad sino tan sólo su apariencia. ¡Ay, su Dulcinea, refugio de sus esperanzas, trocada en rústica brincadora!

Los molineros ven al barco caminar hacia las ruedas de su aceña. Fantasmalmente blancos, rostros y vestidos enharinados, salen con varas largas para detenerlos. Vocean a esos dos del barco, tal vez sean unos desesperados que buscan ser despedazados por las ruedas. Extraños suicidas.

Don Quijote, desafiante, se pone de pie en el barco y les exige que dejen en libertad al oprimido. No sabe de qué “oprimido” u “oprimida” se trata, pero es igual. A su persona está reservada dar final feliz a esta aventura,” por orden de los altos cielos”. Y este escudero que no se lo cree, ahora verá.

Echa mano a su espada y la esgrime contra los molineros. El barco ya está entrando en el canal de las ruedas. Sancho pide devotamente al cielo que le libre del peligro que se le echa encima. El cielo le salva “por la industria y presteza de los molineros”. A Dios rogando…

Pero el barco vuelca y tienen que sacarles del agua los molineros. Don Quijote nada “como un ganso”, mas los gansos no llevan pesadas armas.

Ya están en tierra, han tragado mucha agua y están empapados. Sancho, devotísimo, sigue rezando, pidiendo fervorosamente a Dios que le libre de las ocurrencias de su señor. Le desnudan…

Llegan los pescadores, les han hecho pedazos las ruedas de las aceñas y piden que don Quijote pague el destrozo. Sosegadamente, dice que pagará, pero tienen que dejar libre al oprimido u oprimidos del castillo.

¿Castillo? ¡Oprimidos? ¿Qué dice este hombre? Aquí sólo tienen a los que vienen a moler su trigo.

Sorprendentemente, don Quijote se da por vencido. Han debido encontrarse dos encantadores que se estorban mutuamente. Uno le da el barco y otro lo arroja al agua. Y ante estas trazas contrarias, se rinde, no puede más. Y que le perdonen los que quedan encerrados, para otro caballero debe de estar reservada esta aventura.

El de la Triste Figura llega a un acuerdo con los pescadores y desembolsa cincuenta reales por el barco, que Sancho paga muy a su pesar.

Pescadores y molineros admirados, no entienden nada de la palabrería quijotesca. A estos locos, mejor dejarlos en paz y, además, han pagado. Cada mochuelo a su olivo
.
Don Quijote y Sancho vuelven a sus bestias y a ser bestias. ¿Por qué esto último? No sé. Eso dice...

Lo que si sabemos es que nuestro héroe ha arrojado la toalla.

Un abrazo a todos


Pedro Ojeda Escudero dijo en este blog:

"¿Arrojará la toalla definitivamente? ¿O aún hay esperanza para la aventura?
Me gusta la foto de la aceña."

Esta lectura del Quijote es más que una lectura. Como diría Sanchico, es una superlectura con un superprofe. Aprovecho para desearte un Feliz Año 2010, año en que acabaremos esta tarea. ¿No? Me dará penita...Los mismos deseos para todos los que pasáis por aquí.
María Ángeles Merino, Abejita de la Vega o...Sor Austringiliana.

viernes, 25 de diciembre de 2009

"...la amenidad de sus riberas, la claridad de sus aguas, el sosiego de su curso y la abundancia de sus líquidos cristales"(1)



No es el Ebro, pero también merece palabras bonitas. Es mi río...

Primera parte del comentario al capítulo 29,2 del Quijote, publicado en "La acequia".

"De la famosa aventura del barco encantado"

Este capítulo comienza con ecos de Garcilaso de la Vega. Don Quijote cual Nemoroso, pero eufórico, no apesadumbrado. Mil amorosos pensamientos se renuevan en su memoria. El Ebro con su alegre vista y don Quijote. El viejo hidalgo contempla las amenas riberas, el curso sosegado, las abundantes y cristalinas aguas.

Feliz, así se siente, así se quiere sentir. ¿Verdad o mentira lo de la cueva de Montesinos? Verdad, se atiene a la parte de verdad, la de los dulcísimos pensamientos. La parte mentirosa no interesa, ésa es toda para Sancho que vive en la tosca realidad.

A la vista se le ofrece un barquito sin remos, ni jarcias, ni dueño. Está atado a un tronco y tiene la virtud de activar su locura caballeresca. Ni corto ni perezoso, se apea de su jumento. Vamos Sancho, subamos, ata a las bestias en ese tronco.

No es un barco cualquiera, es un barco de socorro para caballeros andantes. Debe ir a auxiliar a algún cuitado caballero. Y ¿por qué? Porque es lo que se usa en las disparatados novelas caballerescas.

Cuando un caballero andante está en peligro no puede ser salvado sino por otro, de su misma condición. Y como están un poquitín lejos, dos o tres mil leguas de nada; el salvador viaja en una nube o en un mágico barco mágico. Y a gran velocidad, “en menos de un abrir y cerrar de ojos”, caballero y escudero serán transportados por “longicuos caminos”. ¿Logicuos? No es maravilla que el escudero no entienda el latinajo.

Ay, Sancho acata resignado la orden, pero callarse... ni debajo del agua: el barco no es de encantadores sino de pescadores. Menudas sabogas pescan. ¿Y qué pasará con su rucio, tan propenso a desaparecer? ¿Y al sufrido Rocinante? Ay, que las bestezuelas tendrán que esperar a algún “encantador” que baje de una nube y les dé su paja y cebada.

A santiguarse y a “levar ferro”. No, señor caballero andante, basta con cortar la amarra, que éste es un barco pequeñito.

El barquito se aparta de la ribera, ya está a dos varas, y Sancho tiembla. Oye rebuznar al rucio y ve a Rocinante intentando desatarse, para seguirlos a nado. Dios mío, esto es demasiado. Aguantad ahí ,carísimos amigos, hasta que este loco entre en razón y podamos volver.

Comienza a llorar amargamente y don Quijote, colérico, desgrana un rosario de improperios. Qué temerá este cobarde, por qué llorará este corazón de mantequillas, quién persigue a este ánimo de ratón casero, qué le falta a este menesteroso en la abundancia. El señorito no va a pie ni descalzo, viaja sentado en una comodísima tabla, navegando por este agradabilísimo río que pronto se abrirá al mar.

Como en la cueva de Montesinos, el tiempo se estira. Aquí mucho más. Don Quijote acaba de salir y ya le parece que ha caminado ochocientas leguas, por lo menos. Caballero andante, navegante y geógrafo. Si tuviera un astrolabio con que tomar la altura del polo, nos diría lo caminado. De todas maneras, están ya cerca de la línea equinoccial y habrán recorrido 180 grados del globo terráqueo.

Ante la erudición geográfica que despliega don Quijote, Sancho no entiende nada y cambia risiblemente las palabras. La línea es leña, el cómputo es puto, el cosmógrafo es gafo y Ptolomeo es un meón que todo lo mea. Cervantes siempre reserva algo para los que buscan un libro para reír. Si, a continuación de la carcajada, rascan un poco más, se sorprenderán.

Ante la enorme ignorancia escuderil, el caballero se ríe y decide explicar lo de la línea equinoccial con algo más facilito, más de andar por casa. Le cuenta que los embarcados para las Indias conocen enseguida que han pasado la línea equinoccial. Lo saben porque los piojos se les mueren, no queda ni un hematófago. Las cabezas, la ropa y las partes pudendas se quedan libres de tanto bichillo polizón.

Así puede Sancho comprobarlo. Le dice que se pasee la mano por el muslo, en busca de esos animalejos que acompañaban, lo más natural, a los seres humanos de hace cuatro siglos. Si topan “cosa viva”, no han pasado la famosa línea imaginaria.

El escudero no cree nada de lo que le dice, ahí están Rocinante y el rucio, a cinco varas de distancia.

¡Otra vez la erudición geográfica! Exhorta a Sancho para que haga la averiguación, él que ignora qué cosa son coluros, líneas, paralelos, clíticas… La hace, se tienta y llega, con la mano, a la corva izquierda. No han llegado a donde su señor dice, no ha topado uno, sino algunos…Se sacude los dedos, se lava la mano en el río y nos imaginamos al puñadito de piojos. No sé si nadan o se hunden en el Ebro. ¡Piojos al agua!
(Continúa)


Feliz Navidad a todos

Pedro Ojeda Escudero dijo en este blog:

"Me gusta y mucho lo del barco de socorro para caballeros andantes. Te perdono la trampa de la foto..."

Pedro, es que me pierde mi amor por el Arlanzón...

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Feliz Navidad a todos los que me visitáis



Escaparate de una tienda de calzados en Marbella (Málaga)

Os deseo a todos Feliz Navidad, sí yo soy aquella que clamaba "¡Socorro, la Navidad!"

Copio estas palabras que me ha enviado Silvia Camacho, para desearos:

"Que esta Navidad convierta...cada deseo en flor, cada dolor en estrella, cada lágrima en sonrisa y cada corazón en dulce morada."

No sé que hará mi padre ¿Volverá a casa por Navidad como el turrón? Seguro que el listillo del larguirucho no le deja.



Don Quijote y papá Noel , vaya pareja. ¿Qué hace el malandrín de rojo?

Ele Bergón dijo...

Selma, muchas felicidad también para ti y por supuesto para el coleguita de Karim. Tampoco acabo yo de entender eso de tu despedida bloguera, supongo que volverás y te espero con Karim
Pancho, felices fiesta bejarianas, no sé si se escribe así. Supongo que estarás contento de perder de vista a esos sanchicos que les das clase y que a veces son un poco pelmas. Besos para ti para Charo.
¿Llegará mi padre a Zaragoza?

Tucci, Es verdad que todavía quedan capítulos. No sé que hará mi padre ¿Volverá a casa por Navidad como el turrón? Seguro que el listillo del larguirucho no le deja. Felices Fiestas.

Superprofesor Pedro. Felices Fiestas. Supongo que descansarás de tus superalumnos. Eso de que mi padre sea gobernador está todavía por ver. Yo todavía no me lo creo, que este Cervantes inventa demasiado.

Alatriste, pues siento decirte que no me fio yo mucho del Alonso porque está más pa allá que pa cá. Felices Fiestas y gracia por unirte a los comentarios.

Abejita. Hablaremos por teléfono.

Choque de manos para todos vosotros. Estoy muy contento de teneros como amigos.

FELICES FIESTA. COMERRÉ TURRÓN, TIRARÉ ALGÚN PETARDO Y HARÉ ALGUNA GAMBERRADA QUE PARA ESO ESTÁN LAS VACACIONES DE NAVIDAD.

(Todavía no me han dado las notas, así que yo tranquilo)

domingo, 20 de diciembre de 2009

¡Qué pena tengo por mi padre Sancho! ¿Por qué seguirá con el Alonso?




Sanchico repasa el capítulo, con su mano mala.

Ele Bergón dijo...
¡Qué pena tengo por mi padre Sancho! ¿Por qué seguirá con el Alonso? Si le sale todo mal y a la primera de cambio, el larguirucho lo deja tirado y huye, aunque él diga que es sólo una retirada ya ya... Y encima es que no cobra ni un euro. Bueno, cobrar si que cobra, palos y más palos.

El Alonso lo tiene engañado con eso de la ínsula y el tonto de mi padre se lo cree. ¿Vinte años hace que se la prometió? Ates de que yo naciera. Yo creo que mi padre ahí se ha pasado tres pueblos. Pero, ¿qué le va a pagar el Alonso? Si no tiene ni un céntimo porque el negocio ese de la chatarra no les da para mucho y encima en vez de trabajar se entretienen con cualquier mosca que se les cruce en el camino.

Mi padre lo que tenía que hacer es volverse con su familia, como hacen todos los padres de los chicos que van conmigo en el insti. Mi madre, mi hermana y yo estaríamos encantados de que volviera con nosotros.

El Alonso sabe que no lleva razón, por eso se enfada tanto y al final, al buenazo de mi padre siempre lo convence para que siga con él. ¡Buaf, es que no lo entiendo!

Estoy enfadado y triste con esto y muchas cosas más que ahora no quiero contar.

Choque de manos.

El Sanchico

"...desde la punta del espinazo hasta la nuca del celebro le dolía de manera que le sacaba de sentido."(2)




"...sustentándome con rajas de queso y mendrugos de pan..."

Segunda parte del comentario al capítulo 28,2 publicado en "La acequia"


Caballero y escudero, los dos sobre Rocinante. Se emboscan en una alameda cercana, no vaya a ser que vuelvan los rebuznadores apaleadores.

¡Ayyyyyyy, el espinazo! ¡Ayyyyyyy, por aquí en medio ! ¡Ayyyyyyy, mis lomos! ¡Ayyyyyyy, el cogote! A Sancho le duele toda la parte que va del espinazo al cerebro. Y, para sacarle de dudas, ahí tiene a don Quijote que se lo explica: te duele justamente, qué casualidad, donde te dio el palo, en la espalda y no en otra parte. ¿A que en el tobillo no te duele? El escudero se enfada ante tamaña perogrullada y se queja amargamente de la escasa empatía que muestra su amo. Bueno, Sancho desconoce esa palabrota, propia de los psicólogos de esta era, pero le duele que a su amo no le duela.

Como a su señor le suelen irritar los refranes, abre fuego con uno: “el mal ajeno de pelo cuelga”. ¿Qué futuro le espera? Al apaleamiento pueden seguir manteamientos, como aquel de la venta, y “muchacherías” peores. Harto mejor haría en volverse a su casa, con su mujer y sus hijos. Nos pinta un rápido cuadro de su vida escuderil: andar sin rumbo, beber mal, comer peor y dormir en colchón de tierra. Maldice al primer caballero andante y al primer escudero que sirvió a “tales tontos”. Deja claro que no está hablando de los presentes, de vuestra merced nooooo, Dios me libre de faltarle al respeto, ay que ver señorito con lo que vale usted.

Don Quijote apostaría que a este escudero, tan charlatán él, no le duele nada y le invita a que diga todo lo que se le ocurra. Prefiere oír impertinencias “a trueco de que a vos no os duela nada “. Vaya, ahora asoma la famosa empatía. Y si Sancho desea volver a su casa con su familia, no se lo impedirá. Lleva sus dineros, puede calcularlo y pagarse él mismo el salario de esta tercera vez. Comienza la negociación salarial.

Cuando Sancho servía a Tomé Carrasco, ganaba dos ducados al mes más la comida. Por mucho que trabajase, a la noche cenaba olla y dormía en cama. Con don Quijote, ha dormido en la dura tierra, alimentándose con mendrugos de pan y rajas de queso, bebiendo el agua de arroyos y fuentes. La casa de don Diego de Miranda, las ollas espumosas de Camacho y la casa de Basilio fueron las excepciones, duraron poco…

Don Quijote confiesa que eso es verdad y le pregunta cuánto debe darle de más, con respecto a lo que le daba el padre del Bachiller. Sancho dice que, con dos reales más cada mes, se tendría por bien pagado. Pero lo de la ínsula no se le ha olvidado y en concepto de ínsula prometida, sería justo sumarle otros seis reales. Las cuentas del escudero no coinciden con las mías. Dice que son treinta reales y, a mí, me salen veintiocho. Son dos ducados, a once reales cada uno. Veintidós reales más seis dan veintiocho reales. No me hagáis mucho caso, que soy de letras…

Don Quijote está de acuerdo con el salario indicado. Hace veinticinco días que salieron de su pueblo. Sancho ha de calcular la parte proporcional y pagarse de su mano; mas no está de acuerdo en multiplicar veinticinco por treinta y ya está. Lo de la ínsula prometida ha de pagarse desde el día en que se lo prometió hasta ahora.

Y, según el escudero, hace más de veinte años de eso. ¡Veinte años! Su señor se da un manotazo en la frente y se ríe. Si, en la anterior salida, apenas anduvo dos meses y ésta no llega a un mes. ¿Qué dice este majadero?

Crece el enfado de don Quijote que comienza su plan de chantaje emocional. Estaría contento de verse sin blanca a cambio de verse sin tan mal escudero. Este prevaricador de las ordenanzas escuderiles de la andante caballería, que no existen, por cierto… ¿Dónde ha visto que haya que pagarles mensualmente?

Este malandrín, este follón, este monstruo…que busque, que indague. A ver si encuentra, en las novelas de caballerías, a un escudero con sus pretensiones. Si encuentra uno, me puede hacer cuatro mamolas en la cara. Que dé la vuelta, coja el camino para su casa, que no ha de pasar más adelante conmigo. Desagradecido, bestia más que persona, yo que pensaba ponerle en tal categoría que le llamasen señoría. Ahora se va, ahora que le iba a darle una ínsula de lo mejorcito. No es la miel para un asno como él, asno es y asno será. Llegará su muerte y no habrá caído en la cuenta de lo bestia que es.

Menudo rosario de vituperios. Ay, que Sancho no puede más, que el chantaje emocional ha hecho efecto y se le salen unos lagrimones como garbanzos.

El pobre escudero, apabullado por las palabras de don Quijote, confiesa que, para ser burro del todo, le falta el rabo; si su merced quiere ponérsela, le servirá como jumento de por vida. Y pide perdón, se veía venir. Mire vuestra merced mi mocedad, mire que es enfermedad y no malicia. ¿Sancho mozo y enfermo?

Y “quien yerra y se enmienda, a Dios se encomienda”, se maravillaría don Quijote “si no mezclara algún refrancito”. Y le perdona, sí, con la condición de no mostrarse tan interesado y esperar con paciencia el cumplimiento de las promesa. Así lo hará, aunque tenga que sacar fuerzas de donde no las hay.

Se meten en la alameda y se acomodan en un olmo y un haya, árboles con pies. Sancho pasa mala noche, el varapalo se hace sentir. Don Quijote da vueltas a sus “memorias”. Al final, les vence el sueño a los dos.

Al alba siguen su camino buscando las riberas del Ebro. Con qué rapidez pasarán de la Mancha a las riberas del Ebro.


Un abrazo para todos.


Pedro Ojeda Escudero dice en "La acequia":

Abejita nos muestra otra imagen de don Quijote y Sancho como reclamo comercial en Burgos. Después inicia el comentario del capítulo con un ejemplar de la antigua colección Austral deshojado y saca provecho a la situación para afirmar lo indefendible de la defensa de Benengeli. Lo continúa con el dolor de espinazo de Sancho y un buen pan con queso.

Leer más: http://laacequia.blogspot.com/#ixzz0aRmOlLTz
Under Creative Commons License: Attribution Non-Commercial No Derivatives

Gracias, Pedro, y como tú dices: unamos el Quijote con los buenos deseos.

viernes, 18 de diciembre de 2009

"...desde la punta del espinazo hasta la nuca del celebro le dolía de manera que le sacaba de sentido."(1)



Lámina que explica lo que le duele a Sancho.



Tomo mis hojas desgajadas de mi viejo Quijote de Austral, ya estaba viejecito y, al abrirlo, me he quedado con varios capítulos en las manos. ¡Qué idea! Ya tengo un Quijote portátil, algo que pueda llevar a todas partes, en mi bolso. Que el de Rico pesa...

Primera parte del comentario que hago al capítulo 28,2 del Quijote. Publicado en "La acequia"

De cosas que dice Benengeli que las sabrá quien le leyere, si las lee con atención.

Tomo mis hojas desgajadas de mi viejo Quijote de Austral, ya estaba viejecito y, al abrirlo, me he quedado con varios capítulos en las manos. ¡Qué idea! Ya tengo un Quijote portátil, algo que pueda llevar a todas partes, en mi bolso. Así que hago la primera lectura del capítulo en un autobús... En casa, consultaré la versión digital del Centro Virtual Cervantes, me gusta “pinchar” en las anotaciones…

Leo el título, son las cosas que dice Benengeli, las sabremos si las leemos con atención. Comienza en tono sentencioso: “Cuando el valiente huye, la superchería está descubierta y es de varones prudentes guardarse para mejor ocasión.”. *Aquí el texto de CVC lleva una anotación que remite, con un asterisco, a otra. Y me encuentro lo siguiente: “Eisenberg conjetura que este recurso a la sentencia para abrir capítulo supone que C. retomó la redacción del Q. aquí, después de abandonarla durante varios años. “
Así que, según ese especialista, me encuentro ante la línea del dobladillo. Imaginemos: Cervantes recupera sus manuscritos arrumbados en un cajón, echa un vistazo sobre ellos, coge la pluma y escribe la frase sentenciosa, ahora te vas a enterar, Avellaneda…

Y tropiezo con la palabra superchería, no me cuadra aquí. El diccionario de la RAL, da un significado en desuso: “Injuria o violencia hecha con abuso manifiesto o alevoso de fuerza”. ¡Eso es! Que el “indignado escuadrón” ha abusado manifiestamente, y alevosamente, de su fuerza. Ya lo creo que sí, me lo “santiguan “con un palo, en sus ya vapuleadas espaldas. Me lo colocan atravesado sobre su jumento, casi desmayado y me lo mandan con su fugitivo amo. Gracias a Dios, el buen rucio está acostumbrado a seguir al sufrido Rocinante.

Llega junto a su señor y se deja caer del rucio. Se apea don Quijote y, al no encontrar heridas visibles, incomprensiblemente monta en cólera y lo reprende por rebuznar, en un ambiente tan hostil a los rebuznos. Y sigue con unas ingeniosidades verbales algo crueles, dadas las circunstancias: el alfanje haciendo el “per signum crucis” y el palo como contrapunto musical al roznido. ¿Era aficionado Cervantes a la música?

Sancho no está para hablar, no rebuznará más pero no dejará de recriminarle la cobarde huida, dejándole en manos de sus moledores.

¿Y cómo se defiende don Quijote de los justos reproches? El caballero andante manifiesta que “no huye el que se retira”, siendo temeridad la valentía imprudente, que las hazañas del temerario son producto más de la buena suerte que de sus méritos. Él no ha huido, se ha retirado como tantos valientes que han esperado mejor ocasión.

Este Cide Hamete quiere defender lo indefendible ¿Valiente? ¿Dónde está nuestro don Quijote que arremetía contra unos desaforados gigantes? Cobarde, tacaño, carente de empatía y chantajista emocional. Así lo vemos en este capítulo. Sigamos, que se van a emboscar.

(Continúa)

*Para ser mujer y prudente, en aquellos tiempos, había que ser la María de Molina de "La prudencia en la mujer", de ese fraile jovencillo: Tirso de Molina.

Un abrazo

jueves, 17 de diciembre de 2009

Premio a unos alumnos y ... nevada.





Este trofeo lo han recibido unos alumnos de Adultos, por sus trabajos en torno al consumo responsable. Fui a Madrid a recogerlo y me acompañaron Ele Bergón y Arañita campeña, junto a otras amigas que no conocéis. Preguntamos por nuestro amigo Pancho a una profesora de Béjar, también premiada. El mundo es un pañuelo. Pasé un día muy especial. Nevaba en Madrid, mas a mí me daba igual.

Esta mañana nevaba en Burgos , mas a los geranios les daba igual.

Para más información en "En un acorde azul". Luz ha hecho un excelente reportaje. Gracias, Luz, por tu cariño.

lunes, 14 de diciembre de 2009

domingo, 13 de diciembre de 2009

El burro que le adjudican a mi padre es como el amor, no sabes ni cómo y por qué, aparece, pero también desaparece...



Una que Sanchico se sabe, tan pronto es Abejita, Sor Austringiliana...Aquí tenéis a la Sor, aunque parezca Santa Rita de Casia.

Ele Bergón dijo...


Pero cuántos disfraces tiene el tal Ginés de Pasamonte, así que también es el del mono.. Se parece a una que me sé yo que anda llamándose Abejita, Sor Austringiliana, el primo, Doña Cristina y unos cuantos más y es que todo por aquí es disimular.
Parece que mi padre vuelve otra vez a tener burro y digo yo ¿ pero de dónde ha sacado semejante animal? De todas las maneras no tiene mucho cuidado con él, pues a la primera de cambio, zas, le desaparece.

El burro que le adjudican a mi padre es como el amor, no sabes ni cómo y por qué, aparece, pero también desaparece y cuando estás más tranquilo, pues vuelve y además te pones contento, porque si no lo tienes es como si te faltara algo. Yo no quería enamorarme este curso pero es que las pibitas están tan buenas....Me gusta,me gusta la del kiosko. Tranquilos troncos que de momento sólo nos miramos.

No sé que le pasa al Alonso, parece que está algo dolido, y habla mucho de afrentas. ¿Quién le habrá hecho daño? Para daño, daño el que ha recibido mi padre por ponerse a rebuznar ¿ a quién se le ocurre? Pues sólo a él. Es que no escarmienta, como yo con eso del enamoramiento.

Si ya están cerca del Ebro, llegarán pronto a Zaragoza ¿no? Para eso dicen que se iban de viaje. No sé, no sé, algo no me cuadra.

Choque de manos

El Sanchico.

"Cuando la cólera sale de madre , no tiene la lengua padre, ayo ni freno que la corrija."




Don Quijote y Sancho en una tienda de "souvenirs", en Burgos, en la plaza del Rey San Fernando, junto a la Catedral.

Tercera parte del comentario al capítulo 2, 27 del Quijote publicado en "La acequia"


Comienza el discurso, se presenta como caballero andante que toma las armas para defender a necesitados y menesterosos.

Les dice que conoce la causa que les mueve a pelear armados y, tras haberlo discurrido, llega a la conclusión de que están equivocados, al sentirse afrentados.
Que les quede claro que ningún particular puede afrentar a un pueblo entero. Y toma un ejemplo del viejo romance del cerco de Zamora: el que retó a todos los zamoranos porque no sabía que el asesino del rey era sólo Vellido Dolfos. Retó a todos y no se conformó con los vivos, también implicó a los muertos. Y a las aguas, a los panes y…a los no nacidos.

Y qué bien dice nuestro caballero eso de “cuando la cólera sale de madre, no tiene la lengua padre, ayo ni freno que la corrija”.

Que sepan que uno solo no puede afrentar a un pueblo entero, que no hay razón para vengar esas afrentas. Y suelta un rosario de motes que se han colgado a algunos pueblos de España: los de la Reloja que parió relojes son de Espartinas, cazoleros los vallisoletanos, ballenatos los madrileños, etc. Y si todas las localidades rebautizadas tuvieran que vengarse de apelativos con mala leche…Lo de cazoleros, no salió de los de Burgos ¿o sí?

Para don Quijote, sólo por cuatro cosas han de tomarse las armas: la primera, por la fe católica; la segunda, en defensa de su vida; la tercera, en defensa de su honra, de su familia y hacienda; la cuarta, sirviendo al rey, en guerra justa. En defensa de la patria, sería la quinta. A estas cinco se pueden añadir otras justas y razonables, que no sean tontunas.

Y la venganza siempre es injusta, que el mandamiento divino nos ordena hacer bien a nuestros enemigos y amar a los que nos aborrecen. Mandamiento difícil pero no imposible, puesto que lo mandó Jesucristo; el cual dijo que su yugo era suave y, como Dios y hombre verdadero, no pudo mentir.

Ante estas palabras, Sancho proclama que si su amo no es teólogo, lo parece mucho. Aprovecha don Quijote para descansar un poquito; pero ahora el sermoneador es Sancho, que va a dar su discursito, no va a ser menos.

Su señor don Quijote es un hidalgo muy prudente, que sabe lo que sabe un bachiller más lo que sabe un buen soldado. Y las leyes del duelo las tiene en la uña, así que a obedecerle tocan.

Y tiene la ocurrencia Sancho de recordar como, de muchacho, rebuznaba con gracia y salero, tan propiamente que le contestaban todos los burros del pueblo, los de cuatro patas. Y para demostrarlo, se coloca la mano en las narices y rebuzna tan reciamente que los valles retumban. En qué hora lo hace, porque hay uno que se lo toma a burla y le arrea, con un palo , tal golpetazo que besa el suelo.

Don Quijote quiere vengar a su escudero, pero no puede con tantos, es imposible. Llueve la sopa de arroyo, amenazan las ballestas y arcabuces. Y, arre arre , huye a galope, a todo el galope que permite el pobre Rocinante, pidiendo a Dios no ser traspasado por alguna bala que le produzca un mortal boquete.

Los enemigos se contentan con dejarlo huir, sin dispararle. A Sancho lo colocan en su jumento y lo dejan ir. El rucio sigue a Rocinante, sin que su amo intervenga. Don Quijote, a una distancia más que prudente, le espera, viendo que no van detrás.

Los del escuadrón esperan a los del otro pueblo, hasta la noche. Se vuelven a su casa, al no haber fichado, en el campo de batalla, sus enemigos. Si fueran griegos, de los antiguos, levantarían allí un monumento que conmemorase la huida del enemigo.


Un abrazo para todos los que pasáis por aquí.

sábado, 12 de diciembre de 2009

"Don Quijote de la Mancha...determinó de ver primero las riberas del río Ebro"



El río Ebro a su paso por la Rioja (Briones)


Segunda parte del comentario al 2, 27 del Quijote.Publicado en "La acequia"

De repente, el titiritero desaparece. Maese Galeote: ¿volverás algún día? ¿Acaso adoptarás, en un próximo capítulo, una tercera personalidad?

Vuelvo a ser María Ángeles Merino y vuelvo con don Quijote que sale de la venta y decide que todavía falta mucho para las justas de Zaragoza. Como dispone de tiempo, determina ver las riberas del río Ebro.

Durante dos días de camino, el 8 y el 9 de julio de 1614, no le acontece nada digno de ponerse por escrito.

El 10 de julio sube a una loma y desde la cumbre ve a más de doscientos hombres armados hasta los dientes: lanzones, ballestas, partesanas, alabardas, picas, arcabuces y rodelas. ¿Algún Tercio Viejo? No, a juzgar por las extrañísimas banderas. En una de ellas, está pintado un burrito, con la lengua fuera, en actitud de rebuznar. Su leyenda dice: “no rebuznaron en balde, el uno y el otro alcalde”.

Deduce don Quijote que aquella era la gente del pueblo del rebuzno y se lo cuenta todo a Sancho. Recuerda a aquel muchacho, el que llevaba tanta prisa, cargadito de armas. Le habló de dos regidores y no de dos alcaldes. Sancho no da importancia al detalle, que el que empieza de regidor suele trepar hasta la alcaldía. Y tan dispuesto al rebuzno puede estar el alcalde como el regidor. Tan burro puede ser un alcalde como un concejal, o más. ¿No estarán pensando en alguien concreto? Yo, no…Dios me libre.

Más tarde se enteran de como el pueblo sale a pelear con el otro porque se burla de él, tomándole a chacota más de lo que es razonable entre buenos vecinos.

Va acercándose a ellos don Quijote, con gran disgusto de Sancho, poco amigo de estas situaciones, en las que sus doloridos huesos podrían salir mal parados. Los del escuadrón lo recogen como a uno de los suyos y nuestro caballero andante se coloca al lado del pollinesco estandarte, rodeado de los más principales del extraño ejército; los cuales le miran como se suele mirar al de la Triste Figura, por primera vez.

El silencio reina y don Quijote lo aprovecha para dirigirse a estos “buenos señores”. Les suplica que no le interrumpan su razonamiento, si sus palabras son motivo de disgusto o enfado, pueden hacer una señal y él callará.

Todos le dicen que dijese lo que quisiese, que le escucharían. No saben lo que les espera, si estuvieran aquí aquellos pacientes cabreros ¿os acordáis? Salían corriendo, sin preocuparse de sus cabras, seguro.

Continúa en la siguiente entrada.


Pedro Ojeda Escudero dijo aquí:

"y ahora recuperas tu voz: lógico, Ginés no vio lo que sigue. Excelente."


Menos mal que desapareció. Excelente trabajo estamos haciendo entre todos. Un abrazo

viernes, 11 de diciembre de 2009

Los Reyes Magos no se han enterado de que les faltan los camellos ; al igual que Sancho y Sacripante , con sus jumentos.



Comentario al capítulo 2,27 del Quijote, publicado en "La acequia"


Saludo a todos los que pasáis por aquí. De momento voy a hablar con mi propia voz, la de María Ángeles Merino. Tal vez luego se la ceda a algún secundario, quién sabe. Me han llegado noticias, desde el limbo de los secundarios, con las quejas de uno de ellos, que además aparece con tres personalidades diferentes. Y no soporta que, estando él presente en el 2,25 y en el 2,26; haya elegido yo la voz del “primo” para narrarlo, siendo él parte tan importante, en los dos últimos capítulos.

Comienzo a leer el capítulo 2,27 y me encuentro a un Cide Hamete que jura ¡como “católico cristiano”! ¿Ha renegado de su fe? No, un musulmán jamás.

Cuando Cervantes toma la pluma para escribir este juramento, está llenito de alifafes, sabe que su muerte no está lejos, traspasa su cansancio vital a la obra y, de manera evidente, a su don Quijote. Esos “así es la verdad”, “así es” ...a secas.


Este Cervantes apagado se espabila a si mismo y, de paso, lo hace con los lectores, ahí nos arroja un Cide católico cristiano. Una vez escrito, ¿cómo sale del berenjenal? Lo hace por un camino tortuoso: Cide Hamete ha de decir verdad, sobre el Maese y su mono adivino, de la misma manera que lo haría un católico, obligado por su religión, a no mentir en sus juramentos. ¡Acabáramos!

A continuación, nos invita a retroceder hasta los capítulos del primer libro y recordar a aquel Ginés de Pasamonte, liberado por don Quijote con otros galeotes, en Sierra Morena. Recordad, aquella “gente maligna”, que apedreó a su libertador. Y ¿qué veo? ¡Cielos! ¡Está aquí, al lado de mi ordenador! ¡Va vestido todo de gamuza y con su mono adivino, encima de los hombros! Ya decía yo que la cara del titiritero me era familiar. Me hace señas, desea utilizar este infernal artefacto. Será mejor permitírselo…

Siéntese, siéntese, vuestra merced. Escriba lo que desee, que yo no le pondré impedimento alguno. Ya he dado voz a unos cuantos secundarios; recuerde a Tomé Cecial, a doña Cristina, al primo del licenciado…

¿Secundario dice, amiga mía? Principal de los más principales. Sepa, mujer amanuense , que mi nombre es Ginés de Pasamonte. Ese hidalgüelo, el caballero andante resucitado, tiene la desfachatez de apodarme Ginés de Parapilla. Aunque la culpa no es suya, es de ese Cervantes, ése que moja la pluma y la desliza sobre el papel.
Que advierta, el signor Miguel, que su biografía no está exenta de ciertos asuntillos que le hicieron dar con sus huesos en la cárcel. Así que, no hay ningún Parapilla aquí, que todos somos mitad pillos, mitad santos.

Lo confieso, fui yo el que hurtó el rucio a Sancho Panza. El de la pluma no puso” el cómo ni el cuándo”. Tal vez fue falta de memoria del autor, tal vez fue falta de imprenta, no lo sabemos. Aquellos impresores que trabajaban para Juan de la Cuesta tendrían mucho que decir aquí.

Lo más extraordinario del robo fue la traza y modo que usé: le saqué el rucio de entre las piernas, mientras dormía como un bendito. ¿No me creen? Pueden creérselo, el secreto está en la agilidad de mis dedos habilidad, adquirida cuando la necesidad me obligó a extraer las bolsas de monedas de muchas incautas faltriqueras. Como Brunelo sacó a Sacripante el caballo de entre las piernas, así lo hice yo. Como ven, aunque no soy tan erudito como el primo aquel, tengo mi cultura humanística y conozco la obra de Ariosto. Aunque haya acabado de titiritero, fui estudiante en Salamanca ¿No me creen?

Ya, ya sé que tengo fama de mentir como un bellaco…Incluso compuse un gran volumen contando mis hazañas, que algunos llaman bellaquerías y delitos. Fui perseguido por la justicia y determiné pasarme al reino de Aragón., donde no se podían aplicar las sentencias dadas en Castilla. Como ven, soy un “perseguido por causa de la justicia”, soy uno de los que el Maestro llamó bienaventurados.

Me cubrí el ojo izquierdo y un viejo titiritero me enseñó su oficio y, al morir, me dejó su retablo con sus títeres de pasta. Ya saben: el rey, el príncipe, la princesa, el rey moro…Se me dio bien este oficio , que en lo de “jugar de manos” ya tenía yo el doctorado.

¿Y el mono? El mono lo compré a unos ex cautivos que venían de Berbería. El animalillo estaba sin amaestrar, la emprendía a mordiscos con todo el que se acercaba. Con paciencia, y algún coscorrón, conseguí convertir al salvaje en doméstico y enseñarle que, ante cierto gesto mío, se subiese en mi hombro y simulase que me murmuraba al oído. Pero el mono ha de parecer adivino y, para eso, yo me informo, previamente, de lo sucedido en el lugar y a qué personas. Con la ayuda de estas pesquisas, todos creen en la capacidad adivinatoria de Melisendro, que así llamo yo al mico.


Lo primero que hago es mostrar el retablo, con la historia de Gaiferos o con otra de mi repertorio, ninguna triste ni desconocida. Después de los títeres, propongo las maestrías del simio, anunciando que adivino el presente y el pasado, mas no el futuro. No deseo yo problemas con el Santo Oficio. Aunque por la consulta cobro dos reales, rebajo el precio según calibro yo a los preguntantes. En ocasiones, demuestro saber los sucesos de quien no ha preguntado ni pagado, con lo que gano fama de infalible y mis bolsas están llenas a reventar.

En cuanto a don Quijote y Sancho, los reconocí enseguida, al entrar en la venta. Y, como sabía de qué pie cojeaban, me fue fácil ponerles en admiración. Qué cara puso don Quijote cuando dije aquello de “resucitador insigne de la ya puesta en olvido andante caballería”. ¿O tal vez me reconoció? Me miraba con nos ojos…

Ya saben vuestras mercedes que estuve a punto de ser decapitado, cundo don Quijote quiso ayudar a Gaiferos y Melisendra, cortando la cabeza del rey Marsilio. Un poco más y hubiera sido yo otro títere descabezado.


Continúa en la siguiente entrada

Pedro Ojeda Escudero dijo aquí:

"Qué maravilla de giro has dado a la entrada: desde tu voz a la de Ginés. Cómo se agradece todo esto."


¡Qué miedo pasé cuando se me apareció el titiritero galeote! Menos mal, que estaba por ahí Sor Austringiliana. Gracias Pedro por tus palabras.



jueves, 10 de diciembre de 2009

"...más impropiedades que tiene átomos el sol." ¡Contadlos!







"Lo cual oído por maese Pedro, cesó el tocar y dijo:

-No mire vuesa merced en niñerías, señor don Quijote, ni quiera llevar las cosas tan por el cabo que no se le halle. ¿No se representan por ahí, casi de ordinario, mil comedias llenas de mil impropiedades y disparates, y, con todo eso, corren felicísimamente su carrera, y se escuchan no sólo con aplauso, sino con admiración y todo? Prosigue, muchacho, y deja decir; que, como yo llene mi talego, si quiere represente más impropiedades que tiene átomos el sol.

-Así es la verdad -replicó don Quijote."


(Sacado del capítulo 2, 26 del Quijote)


Me sorprendía que Cervantes supiera de átomos, pregunté a nuestra mosca, doctorada en Física y, con su especial estilo, me contestó:

Mosca Cojonera dijo...

"Abejita, pues no sé que sabría Cervantes del átomo en particular, pero la idea de que la materia se componía de elementos indivisibles (átomos) ya era manejada por los griegos allá cuando la mili se hacía con hachas y piedrolos.

Eso sí, lo que no se podían imaginar es que un átomo se pudiera dividir, porque si no, no le hubieran puesto ese nombre"

martes, 8 de diciembre de 2009

La Mosca y la Arañita de paseo por Bruselas


La mosca viajera se fue a Bruselas



Todo empezó el día 1 de Diciembre a eso de las 4.30 de la madrugada, cuando aún no habían puesto ni las calles. Así de dura es la vida.

La mosca tenía que viajar a Bruselas por motivos de trabajo (lo cual no quita que uno le de al ocio después), y el avión salía a las 7.15. Ya digo, ni los adoquines de la acera estaban puestos. Por lo menos, el taxista sí apareció a la hora marcada para llevarme al aeropuerto, que aún estando ahí al lado, fueron 25 euros de carrera.

Durante el vuelo, lo único destacable fue ver el amanecer desde el avión, aunque estando sentado en el pasillo era difícil hacer una foto. Así que os la tendréis que imaginar, con un sol redondo y colorao subiendo por encima de las nubes. Porque otra cosa no habría, pero en esta semana no he visto más que nubes y más nubes.

Llegué a Bruselas casi a las 10. El vuelo se retrasó una media hora, aunque no se en qué punto. Me cogí el tren que llevaba a la estación central, y de camino fui observando las diferencias entre el flamenco y el francés. Para quien no lo sepa, Bélgica está dividida en dos partes, la parte francesa, y la parte flamenca. Bruselas está en esta última, pero hablan más francés que flamenco, que no deja de ser holandés mal hablado (y que a su vez es alemán mal hablado). Bruselas es en realidad como una isla, donde se habla de todo.

Pues iba yo en el tren, e iba oyendo pasar las estaciones, y uno se da cuenta de la diferencia entre el francés y el flamenco: pasamos por la estación de "Bruselas Norte", y entonces una voz suave y aterciopelada te dice Brusel Nor, y acto seguido la misma voz se vuelve basta y te dice Brusel Nor. O Brusel Sentral y Brusel Sentral.

Desde Brusel Sentral, salí al exterior en medio de un montón de obras. El primo de Gallardón, que parece que es el alcalde de aquí. Cogí el mapa, y me di y un paseito hasta el hotel, viendo eso sí, como el Palacio de Justicia estaba lleno de andamios. Me instalé en el hotel, me disfracé de pingüino y me fui a comer (ya eran las 11 y media o similar) a una de las calles colindantes a mi hotel. Sí, a comer porque a la 1 tenía que entrar a trabajar, y no me iban a soltar hasta las 6 en principio.

Por ser el primer día uno se espera que la jornada sea más suave, pero leñes, al final nos fuimos a las 7 de la tarde, porque me tuve que "pegar" con un alemán. Él erre que erre, y yo "que te bajes de la burra", o como se diría en inglés, "guet daun of de donki". El otro colega, chipriota, parecía apoyarme, así que al final el alemán se bajó de la burra.

Un par de compañeros míos llevaban por Bruselas ya un par de días, así que nada más salir les llamé, y quedamos a las 10 en la Gran Plás, o Grote Markt, la Plaza Mayor de Bruselas, donde tienen el ayuntamiento. Antes de ir, me puse a cenar, que desde las 12 que comí, ya estaba famélico. Así que ya con chandal me fui a un restaurante donde todo el mundo estaba encorbatado. Y me pedí medio pollo, pero que era muy pequeño. Más que un pollo, parecía un pollino.

Lo más divertido de Bruselas son los idomas, no ya porque estando en la parte flamenca la mayoría hable francés. Es que te hablan lo que necesites, español incluido. Y como te descuides, te puede pasar algo como esto:
- Monsieur, voullez-vous café, dessert, ...?
- An té, si vu plé
- Camomille, zitron, rouge, ...?
- sitrón, si vu plé
- ¿Eres español?
- ¡Sí!
- ¡Ah! Es que yo también.
- ¿Y qué coño hacemos hablando en belga?

El camarero era de Barcelona, que se había ido allí a trabajar porque en España la cosa estaba imposible. Y por supuesto aprovechó para preguntar por el Madrid, que justo había perdido contra el Barça el fin de semana anterior.

No le dejé propina.

Y me fui a la Gran Plás paseando. Llegué a una calle donde estaba esta hermosa iglesia, en cuya pared se podía leer Putterie/Putterij


(Aquellos que crean que los monos saben tocar la flauta, posiblemente no le encuentren la gracia)

Como avanzadilla, mis compañeros ya habían reconocido el lugar y habían fichado un garito con un nombre ideal para nosotros: "Le Roy de Espagne", un bar con una amplia selección de cervezas de todos los gustos y colores, y una buena vista sobre el ayuntamiento en la plaza, que estaba decorado con luces y musica. Yo me tomé la que sabía a jugo de gomibaya, y brindamos por el Duque de Alba, personaje muy querido por los belgas. Y también por la Duquesa, que esa sí que acojona.

Antes de irme al hotel, aproveché para ver el Maneken Pis, el niño meón.

Y con eso terminó el primer día. Al día siguiente, la reunión comenzó a las 8.30, y nos extendimos hasta las 6, con descansito a las 12 para comernos unos sandwiches. A la salida estaba lloviendo. Esta vez me fui a cenar con mis compañeros, al otro lado de la ciudad. De camino al hotel para que ellos se cambiaran, aprovechamos para ver a la hermanita del Maneken Pis, Jeaneke Pis, que un escultor hizo allá por 1985, y que se halla medio perdida en la Impasse de la Fidelité, un callejón sin salida donde hay un par de tugurios de chunda-chunda.

Tras la cena, comenzamos nuestra romería al "Roy de Espagne", donde habíamos quedado con otro compañero que había llegado ese mismo día. Y luego nos fuimos a otro bar al lado, donde servían una cerveza con sabor a cereza, y además tenían a uno tocando y cantando en directo. Nos fuimos prontito a la cama, que al día siguiente era el último día de reuniones.

De nuevo, reunión de 8.30 a 6. Pero eso sí, con la alegría de haber terminado y cumplido. De nuevo a cenar, y de nuevo, romería por el Roy de Espagne, y el bar de la cerveza sabor cereza. Y esta vez éramos 5, porque se unió a nosotros el quinto español que estaba por allí. Al día siguiente no había que madrugar tanto, así que la noche la alargamos más de la habitual. Dio tiempo a ligar y todo, oigan. Yo pidiendo un par de cervezas, y un belga que me empieza a preguntar que de donde soy. Que qué hago aquí. Que este bar mola un huevo. Que él venía de Charleroi, a 45 minutos, con su amigo porque la sociedad bruseliense... bruselina... bruselitana... bruselana ... (¿alguien sabe cual es el gentilicio de Bruselas?) es muy abierta. Lo cual ya me hizo sospechar que estaba ligando con un par da gays, para mofa y cachondeo de mis cuatro colegas de trabajo. Pero muy simpático el chico este.

Y luego se nos unió un tipejo de Asturias, de sesenta y tantos años, que decía ser presidente de un empresa importante, y que debía estar más sólo que la una y le iba soltando su rollete a todo el que se pusiera a tiro. Total, que la una y pico me dieron cuando llegué al hotel.

A la mañana siguiente, había que acudir al trabajo para formalismos, poner en común conclusiones y tal... pero no era muy importante. A las 11, en medio de un descanso aproveché para huir descaradamente junto con el chipriota, y no sin antes intercambiar el teléfono con él, que también se iba a quedar un par de días en Bruselas. Y con esto, me fui al aeropuerto a esperar a la arañita, que a esas horas estaba buscando su puerta de embarque.

La arañita viajera se viene a Bruselas



La arañita se levantó prontito el día 4, aunque para ella sí había dado tiempo a poner los adoquines de las calles. Y se fue al aeropuerto en metro, con lo que no le metieron una clavada en el taxi como a la mosca.

Llegó a la facturación, y se encontró con una cola más larga que un día sin pan. Menos mal que no llevaba equipaje, y se apañó entonces con las máquinas automáticas para obtener la tarjeta de embarque.

Pasó por el control, y como no, pitó. Es la costumbre, pitar en la máquina sin saber por qué. Así que fuera zapatillas, y además cacheo. El kit completo.

Bajó a las puertas de embarque y tras un par de vueltas, encontró por fin la suya.

El vuelo, movidito con las turbulencias.

Una vez en el aeropuerto, se puso a seguir los carteles de "exit/sortie/uitganag/ausgang", y a seguir a la gente, que básicamente, íba al mismo sitio. Y anduvo. Y anduvo más. Incluso, hasta andó. Y al final, tras media hora, salió por la puerta de salida, donde había una mosca esperándole a ella.

Venía la arañita desfallecida, porque con la tontería ya eran las 3 de la tarde, así que se comió un trozo de pizza en el aeropuerto, justo al lado de una pequeña estatua de Tintín y Milú.

Habíamos reservado hotel cerca de un bosque y unos lagos, pero que estaba a las afueras de Bruselas, por lo que tuvimos que ir hasta el final de linea del metro, y además andar un cuarto de hora hasta llegar al hotel. Pero merecía la pena. Nos dieron una habitación con una terraza con vistas al bosque, en la segunda planta.

Al lado de la casa de los Monster.

Ya era tarde, y no nos apetecía volver al centro, así que cuando el chipriota llamó a la mosca para quedar para cenar, hubo que declinar la invitación. Nos fuimos a cenar al restaurante del hotel, muy lujoso hay que decir. Es la primera vez que me piden el abrigo al entrar.

El camarero era muy simpático y divertido. Hablaba mezclando francés, con inglés, y con italiano. Así que en un momento dado ya le decimos
- ¡Italiano!
y el nos responde:
- Espagnolo!

Así que ya quedó claro que si nos hablaba en italiano le íbamos a enteder sin problema.

Y tras una opípara cena, en la que la arañita por fín pudo comerse unos caracoles(un antojo que tenía desde que nos fuimos en 2006 de viaje por media Europa y que algún día deberíamos relatar), nos fuimos a dormir, que al día siguiente nos íbamos de ver Brujas.

Salimos del hotel tras desayunar, y estábamos esperando el tranvía. Llegó un hombre soltando improperios en francés y señalando su móvil.

- Yo no compré pan... English?

Y entonces ya nos contó en inglés que necesitaba hacer una llamada, y estaba sin batería. Que si podíamos dejarle nuestro móvil para que metiera su tarjeta. Así que la mosca le dejó su móvil, e hizo la llamada. El hombre no sabía como agradecerlo, así que lo que se le ocurrió fue acercarnos al centro en coche. Lo cual nos vino muy bien, porque habíamos perdido un tranvía, y pasaban cada media hora. Fuimos charlando sobre lo simpáticos que son los belgas, cómo en seguida te hablan en el idioma que sea, e incluso te llevan al centro como agradecimiento. Muy simpático el hombre, que nos dejó en una estación de metro.

Del metro fuimos a la estación del mediodía (gare de midi ó Zuidstation) donde compramos los billetes para Brujas, Brugge , o Brugge. El tren sale cada media hora, y tarda 50 o 60 minutos en llegar.

La peculiaridad de los trenes en Bélgica es que tienen primera y segunda clase. La primera va casi vacía, y ahí nos subimos a pesar de que nuestro billete era de segunda. Conscientemente, lo reconozco. Se subió también uno que a las 12 de la mañana ya iba borracho, e iba montando el pollo. Gritaba y tal. Venía preguntando si hablábamos francés. Y cuando le respondí que no, me dijo algo así como "¿Cómo que no, si me has respondido", momento en el cual te olvidas de que hablas otros idomas para responder en un perfecto castellano "No hablo francés", que no deja de ser un eufemismo que en realidad quiere decir "Vete a tomar por donde amargan los pepinos"

Y luego vino el revisor, momento en el que nos hicimos los despistados:
- ¿Segunda? ¿Esto es primera? Anda, que no es aquí.... ¿y donde dice que es segunda? ah... gracias, gracias...

Y con nosotros, varias parejas más de turistas (casi todos españoles por cierto). Y llegamos a segunda, y entonces es cuando uno se pregunta: ¿Y cual es la diferencia con primera?

Porque los vagones son iguales, los asientos son iguales, incluso la mesita entre los asientos es igual. Así que en los trenes hay unos pocos vagones de segunda llenos hasta los topes, y un par de vagones de primera que van vacíos. Una tontería que no acabamos de comprender.

Llegamos a Brujas sobre la 1 de la tarde, y ¡NOTICIA! Estaba luciendo el sol. Pero poco duró la alegría, porque mientras nos comíamos un lenguado, y una carbonada flamenca (un estofado de ternera hecho con cerveza del país), comenzó a llover. Y ya no volvimos a ver el sol.


Brujas es muy bonita, con sus canales, y sus calles, y sus turistas, y sus tiendas de bombones. Lástima de tiempo, que estuvo que si cae, que si no cae. Y el frío.


De vuelta, en el tren nos subimos directamente en segunda clase. Y quedamos con el chipriota en la Grand Place para dar una vuelta por el centro. Él se traía a su chica, que al igual que la arañita, no hablaba inglés.

Llegamos a la estación central, y bajamos a la Grand Place andando, mirando tiendas de bombones, y visita a la Jeaneke Pis. En la plaza, el ayuntamiento estaba con sus luces y su música. Nos quedamos mirando el espectáculo mientras esperábamos al chipriota y su novia, llegando a la conclusión de que, al contrario de como hace en Madrid Gallardón, no es cuestión de poner muchas luces, sino de ponerlas bonitas:




Justo al acabar el numerito, nos encontramos con el chipriota y la novia, que resultó ser letona. Ellos se entendían en ruso, porque ella no hablaba ni inglés, ni griego. Y por aquello de la costumbre, les convencimos para ir al "Roy de Espagne" a tomarnos unas cervezas. Una de gomibaya para la mosca, un chocolate caliente para la arañita, y nuestros acompañantes intentando descifrar cual era la cerveza negra. Menos mal que la arañita estaba ahí para aclararlo, y eso que ella no es bebedora, precisamente.

De ahí nos fuimos a cenar. Hay un par de calles llenas de restaurantes para turistas: se reconocen porque los camareros te avasallan mientras pasas para intentar que entres en su restaurante. Y por supuesto, te hablan en lo que haga falta. Ruso incluido. También se reconocen porque tienen terrazas al aire libre, aunque esté lloviendo y haga frío.

Finalmente, entramos en un restaurante que ya conocía el chipriota, y que era un restaurante no tan turístico, aunque famoso por sus mejillones. En realidad, en todas partes ponían mejillones. Nosotros nos los comimos con queso gratinado, y una salsa con mucha mantequilla. Muy ricos.

Y de ahí, ya nos fuimos todos a los hoteles a dormir. Nuestros compañeros se habían olvidado el billete de metro en el hotel, así que se colaron. Es lo que tiene Europa: que te puedes colar en todas partes, y el revisor casi nunca aparece. Eso sí, el día que aparezca, la multa tiene un par de ceros, como minimo. Aunque siempre puedes hacer como que no hablas el idioma, y usar uno que sea bastante improbable que el revisor sepa, como el ruso. Así que en caso de venir, con ir diciendo eso de "Ni panimaio, ya ni gabarit pa angliski" igual hubiera colado.

Al día siguiente, cogimos el tranvía, y nos hicimos la línea entera desde el sur hasta el norte, donde está el Atomium. Es una estructura que se construyó en 1958 por la Expo mundial. Reproduce la estructura básica del hierro, con 9 átomos (ocho en las esquinas de un cubo, y uno en el centro), y desde fuera está curioso. Desde dentro en cambio, es un timo.


Son 9 euros por entrar (pro person), pero dentro no hay nada interesante que ver. Más aún, todavía no sabemos por qué pagamos, si a la entrada nadie nos pidió el ticket. Que si nos hubieramos colado, eso que nos hubieramos ahorrado. Como en el metro. O el tranvía. E incluso el tren para el aeropuerto.

Volvimos con esta sensación se haber sido timados al centro de Bruselas, mientras arreciaba una lluvia y un viento que de vez en cuando le daba la vuelta al paraguas. Una vista rápida al palacio real, y al centro, a ver si por allí no soplaba tanto. Comimos, y entonces comenzó la "operación bombón", que consistió en comprar bombones y más bombones para traer a España. Tres bolsas, tres, que nos llevamos de vuelta a España para repartir.

Y para terminar la visita, la mosca tuvo que llevar a la arañita a ver lo más típico de Bruselas: el Maneken Pis. Con tanta vuelta, aún no lo había visto, y fue lo último que vio.

Por último, Ele Bergón quería una foto de un Quijote que hay en Bruselas. Mira que dimos vueltas, pero lo más parecido que vimos fue esto:

que está en la estación de metro de nuestro hotel. Si te vale, vale. Y si no te vale, mala suerte.


Fueron poquitos días, pero la arañita ha salido encantada de Bruselas, y de su gente. Además no nos detuvieron por contrabando de chocolate en el aeropuerto, lo cual fue un alivio. Y la arañita no pitó en el detector de metales.

Ya está a ver cuando volvemos.

Carta de Antonio Aguilera al "Primo ...de su licenciado primo"


"Chiche en Carrefour", foto tomada de "Orgullo y bizarría"

Antonio Aguilera dijo en este blog:

Estimado Primo... de su licenciado primo:

Creo que no pensaré más en usted con el doble sentido de la palabra "primo", pues usted ha demostrado ser un excelente cronista,
no tan excelente como "escribidor" de libros; pero bueno, en todo no se puede ser espléndido.
El relato que nos cuenta me suena mucho..., creo haberlo leído en alguna ocasión. Cervintos o Cervantos me parece que era el nombre del autor
de aquella historia, sobre un personaje muy cuerdo, al que todos tomaban por loco.
Y es que, al igual que algunos pretenden ser los más ricos del cementerio, otros pretenden ver locos donde no hay más que una forma original
de asumir la vida sin agobios ni preocuoaciones: vivir soñando.
Usted, que desentraña y alumbra a la humanidad grandes misterios, cual esforzado humanista, conoce bien lo que le hablo.

En el relato que cuenta hoy, estoy muy de acuerdo con usted en que don Quijote no podía tolerar que la morería diera alcance a los cristianos enamorados,
por ello, desenvainó su espada y, como un loco, cosa que ya convendrá conmigo que no lo era, destrozó todo el retablo del Maese Pedro ese. Nos dice
que el mono tomó las de VillaDiego, él no quería que le cortaran el cuello, natural, tío o mono listo.

Veo que no pasa por alto la velada alusión a Lope el Fénix de los ingenios. Ése, no siempre representaba buenas obras, pero el personal siempre le reía
la gracia: lo elevan, en vida, a los altares.
El Sr. Quijote, de quien sois cronista, sabe ésto, y por odio o envidia que le ha insuflado su creador Cervantes, no pierde ocasión de "quejarse"
levemente sobre este particular. Muchas de las comedias que circulan son "rollos patateros", y la gente tan contenta con esos bodrios.

Amigo"primo", ha sido un placer leerle. Que tenga suerte con la venta de sus libros: no olvide llevar a los Carrefour y similares, seguro que allí
venderá muchos. Hasta otra.

Un abrazo Abejita.

No me he podido resistir a poner esta carta en una entrada. Un abrazo, Antonio.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Vuestras mercedes me disculparán si sufro una metamorfosis y vuelvo a ser la criatura de ojos nuevos que fui (3)


Se ha puesto el sol en Marbesula y yo acabo aquí el comentario al capítulo.

Tercera parte del comentario al capítulo 2,26 del Quijote, publicado en "La acequia"/laacequia.blogspot.com/

Don Quijote no soporta el disparate: los moros no usan campanas sino atabales y dulzainas. Y no dice nada del moro , en lo alto del minarete, que llama a la oración voceando: Alaaaaaaaaa.

Maese Pedro no da importancia a esas “niñerías” y lo relaciona con las comedias, ésas que se representan hoy en día. ¿No están, acaso, llenas de impropiedades y disparates? ¿Impide que sean aplaudidas, admiradas y que corran su carrera? Aquí le doy la razón al Maese del Mico, tuve en mente un libro con la lista de impropiedades cometidas por el llamado “Fénix de los Ingenios”, lo dejé porque, a pesar de ello, le admiro mucho. Y lo que importa es llenar el talego. Y Don Quijote, sin ganas de polémica, también termina dándole la razón.

Sigue el muchacho y rectifica sobre la marcha. Cuánta caballería persigue a los amantes y cuántas trompetas, dulzainas, atabales y tambores. Ay, que les atrapan, estamos todos en ascuas, les atarán a la cola de su caballo, morirán horrendamente torturados.

Don Quijote ve y oye a la morisma y se ve obligado a ayudar; no, no lo consentirá, manda detener a la “mal nacida canalla” y desenvaina la espada. Acuchilla, derriba, descabeza, estropea y destroza. Y si el titiritero no se agacha, termina decapitado, como un títere más. La famosa espada Durandana se queda corta al lado de ésta.

Vocea, con terrible voz, el dueño de tanto muñeco sin cabeza, advirtiendo que son figurillas, que no son auténticos moros. ¡Esto es su ruina!

Don Quijote sigue menudeando y, ahora, la emprende con el retablo, con el mahometano Marsilio y el cristianísimo emperador Carlomagno. El mono toma las de Villadiego y, a mí, me tiemblan las piernas. Reina el pánico y Sancho asegura no haber visto nunca a su señor así.

Se sosiega un poco el colérico caballero y, ahora, le toca el turno a destacar la importante labor de la heroica caballería andante. Los que no creen en ella, que vengan aquí y miren qué hubiera sido de Gaiteros y Melisendra, en manos de aquellos “canes”.

Maese Pedro se considera tan desdichado como el último rey godo, don Rodrigo, el que pasó de tener toda España a no poseer ni una almena, ése al que una culebra le comía por donde más culpa había. Qué bellos los viejos romances, todavía no he publicado un libro sobre ellos…Bueno, a lo que iba.

Este nuevo don Rodrigo manifiesta que, antes era dueño y señor de reyes, emperadores, caballos y galas. Ahora es un desolado mendigo. Y se ha quedado sin mono, que no volverá, antes le sudarán los dientes que poder atraparlo. Hipérbole enorme. En cuanto tenga hambre el animalillo.

Ahora hay que conmover a don Quijote para que le recompense generosamente por las pérdidas. Y coloca el dedo donde más le duele, un caballero andante que ampara, endereza y hace obras caritativas…el de la Triste Figura desfigurando figuras. Se enternece Sancho y ahora el escudero es el que remata la tara de ablandar el corazón de su amo. Su señor, “tan católico y escrupuloso cristiano”, si comete un agravio te lo pagará. No llore…

Maese Pedro le hace saber que fue la fuerza de su brazo la culpable del destrozo y don Quijote confiesa que, para él, todo era real y no fingido, Melisendra era realmente Melisendra… Tuvo que cumplir con su deber de caballero andante y ayudar a los que eran perseguidos. Si le ha salido al revés, no es su culpa, sino de los encantadores que le persiguen y mudan y truecan las cosas a su antojo.

El caballero está dispuesto a pagar en buena moneda, qué le diga Maese Pedro cuánto debe. Qué bueno es este hombre y cómo le brillan los ojos de codicia al titiritero que nombra al ventero y al “gran Sancho” como “medianeros y apreciadores” del valor de lo deshecho. El “gran Sancho” se derrite.

En un curioso tira y afloja, van tasando todas las figuras. Maese Pedro sale bien parado, recibe cuarenta reales y tres cuartillos más dos reales por el trabajo de buscar al mono. Don Quijote, irónico, ordena darle para el mono y para la “mona”. Menuda borrachera. Y estaría dispuesto el generoso caballero a dar doscientos , en albricias, a quien le dijera que Gaiteros y Melisendra están en Francia, con los suyos.

El Maese no tiene empacho en añadir que eso quien mejor puede decírselo es su mono, que vendrá enseguida, por el hambre y por el cariño. Y está dispuesto a recibir los doscientos de las albricias, en nombre del mono…Esto da que pensar sobre la codicia humana, sí señor.

Todos cenamos en paz y buena compañía, a costa de la liberalidad de don Quijote. Al día siguiente, me despido y tomo el camino de regreso a mi pueblo, muy a mi pesar porque este don Quijote es un ser humano muy interesante para un docto humanista como yo.

Con esto, me despido de vuestras mercedes, esperando les haya gustado mi participación.

María Ángeles Merino me dio voz.


Feliz puente de la Inmaculada Constitución a todos. Un abrazo desde Marbesula.

Pedro Ojeda Escudero dice en "La acequia":

"La Abejita divide su comentario en varias partes y lo deja en manos -en la voz- del primo famoso, al que al final vamos a coger cariño. La primera comenta el teatrillo de títeres de forma acertada y lo ilustra con no menor acierto (y hasta nos da un enlace sobre el leísmo en el Quijote). Después toma el hipogrifo (en ancho europeo) y continúa el comentario de la historia de Melisendra para terminarlo a pie de playa, ahora que los demás pasamos frío."

Leer más: http://laacequia.blogspot.com/search/label/Para%20una%20lectura%20de%20El%20Quijote#ixzz0Z7y5eiNX
Under Creative Commons License: Attribution Non-Commercial No Derivatives

Gracias, Pedro ,en mi nombre y en el de mi apócrifo "primo", por seguirme siempre, aunque vaya en mi hipogrifo. Otra vez a los "yelos", como diría pancho.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Vuestras mercedes me disculparán si sufro una metamorfosis y vuelvo a ser la criatura de ojos nuevos que fui (2)



Esta parte del comentario, la escribí así. En el hipogrifo, el "ave" más veloz.

Continuación al comentario al capítulo 2,26 del Quijote , publicado en "La acequia".laacequia.blogspot.com/

Pero en esto llega don Gaiteros a socorrerla…el piadoso cielo, también. No repara en gastos y pega un tajazo al rico faldellín. Don Quijote le diría que un faldellín puede servir para avalar un préstamo. ¡Ay, su Dulcinea arruinada!

Melisendra cae al suelo, al parecer sin lesiones importantes, gracias piadoso cielo. Gaiteros la coloca a horcajadas sobre el caballo, que no hay posibilidad de montar a mujeriegas como una dama. Tocotó, tocotó. El estoico caballo relincha contento con su doble carga, valiente y hermosa: pero carga al fin. Hiiiiii.

Los dos amantes toman la vía de París. El trujamán les desea que lleguen a salvo a su patria, sin que se les ponga estorbo. Y que vivan felices y lleguen a ser tan viejísimos. Los de mi pueblo aplaudían en momentos como éste. Aquí en la venta, silencio.

El muchacho se está encumbrando y Maese Pedro le pide llaneza, sin afectación.

El intérprete prosigue y ahora viene lo malo. Siempre hay ojos ociosos que todo lo ven, así hay quien vio la bajada y la subida de Melisendra, faltándole tiempo para ir con el cuento al rey Marsilio. El rey morenito manda tocar al arma y, en toda la ciudad, se oyen las campanas de las mezquitas. ¿Campanas en las mezquitas?


Feliz Inmculada Constitución a todos.

(Continúa)

jueves, 3 de diciembre de 2009

Vuestras mercedes me disculparán si sufro una metamorfosis y vuelvo a ser la criatura de ojos nuevos que fui (1)


Don Gaiferos con una espada de su propiedad , que el primo no quiso prestarle la Durandana. Hay cosas que no se prestan.

Melisendra con su faldellín, se le quedó así de corto, tras engancharse en el hierro del balcón.

El emperador Carlomagno con su cetro de dar coscorrones al yerno amnésico.

El caballero, la princesa y el rey.

Primera parte del comentario al capítulo 2,26 del Quijote.

Sigo siendo el primo, al que atribuyo esta frase apócrifa: "Vuestras mercedes me disculparán si sufro una metamorfosis y vuelvo a ser la criatura de ojos nuevos que fui."

"Donde se prosigue la graciosa aventura del titerero, con otras cosas en verdad harto buenas".

Callamos todos, tanto tirios como troyanos estamos pendientes del teatrillo. Atabales, trompetas y mucha, mucha artillería.

De nuevo estoy aquí, soy el primo del señor licenciado, el maestro de esgrima; aquel que condujo a don Quijote, hasta la mismísima cueva de Montesinos. Vuestras mercedes saben de mi gran afición a dar a la estampa ciertos volúmenes que desentrañan grandes misterios y alumbran a la humanidad. Un esforzado humanista, como yo, embobado ante un teatrillo de títeres. Mas, he de confesar que estos muñequillos movidos por una mano oculta, atraen mi voluntad cual piedra imán.

Maese Pedro, ahí dentro, alterna los atabales, rataplán rataplán, con la trompeta, tararí tararí, o con las cargas huecas de un cañón de juguete, bum bum. Coge uno, suelta otro; los espectadores no sabemos nada de esa actividad apremiante que existe detrás del telón.

¿Qué cómo lo sé yo? Pues…no lo sé, pero mi imaginación me lleva hasta mi infancia, allá en el pueblo, el de Basilio. ¿Recuerdan? Muy niño era, efectivamente, cuando, un día de mercado, un artista ambulante montó su retablo de títeres, junto a los puestos de venta. Allí los campesinos vendían o compraban animales y, ya de paso, se abastecían de lo que no daba la tierra; pero, en ese momento de mi recuerdo, la atención de las buenas gentes ya no se centraba en la vaca coja o en el bonito retal floreado que iban a comprar. En ese momento, todos los ojos permanecían clavados en la humilde función.

Todos los ojos menos los míos. Escapado de las manos de mi distraída aya y, agazapado, en los entresijos del teatrillo, miraba embobado como aquel titiritero , tirando de unos hilos, insuflaba vida a unos toscos muñecones con corona, cetro, espada o garrote. Vuestras mercedes me disculparán si sufro una metamorfosis y vuelvo a ser la criatura de ojos nuevos que fui.


Volvamos al de Maese Pedro. Alza la voz el muchacho de la varita y nos presenta la historia. Los personajes son los de siempre: el rey, la bella princesa, el héroe y el malvado. El trujamán nos asegura que sigue al pie de la letra las “corónicas” francesas y esos romances españoles que, transmitidos de padres a hijos, viajan de boca en boca, sin necesidad de estampa ni manuscrito. Les diré, con la autoridad que me da mi erudición, que sigue mucho más lo español que lo francés. Y al Carolo le dan un toque muy de aquí…

El héroe, don Gaiferos, yerno del emperador Carlomagno, ha de liberar a la bella princesa, su esposa Melisendra, cautiva por los moros en España, en una Zaragoza a la que llamaban Sansueña. En una relación de antiguos topónimos que compuso un amigo mío, tan docto como yo, no figura Sansueña como Zaragoza. Lo más parecido a Sansueña es Sansoigne o Sajonia…qué más da.

Mas don Gaiferos, jugando a las tablas, no tiene prisa en liberar a su esposa, un tanto olvidada la tiene y ha de ser el emperador Carlomagno, padre putativo de Melisendra, el que ha de recordárselo. La gente se ríe al oír la palabra “putativo” y sigue riéndose cuando el emperador amenaza con el cetro y el yerno recibe su ración de coscorrones para refrescar la memoria y que se entere de lo que vale una honra perdida. Toma, toma…y la chiquillería: bieeeeeeen. En realidad, no hay chiquillos en esta venta, pero estoy recordando el escándalo que se montaba en funciones como ésta, en mi pueblo.

Enrabietado, tira el tablero, le entra una prisa de mil demonios, pide prestada la espada Durandana a su primo Roldán. No se la presta, mas se presta a acompañarlo. Gaiferos. se basta él solo, además …no quiere testigos si hay cuernos. Así que coge el caballo y tocotó, tocotó, Mira, allí está Melisendra, asomada al balcón de una torre de la Aljafería. Vestida a lo moro, mira el camino de Francia y piensa en su esposo.
Por ahí viene el malo, un moro que a sus espaldas llega “callandico y pasito a paso”. Tiene la desfachatez de pedirnos silencio, con el dedo en la boca. Me veo, de chico, pataleando y chillando para llevar la contraria al del dedo. “La* da un beso en mitad de los labios”, ella escupe, se limpia con la manga, se lamenta y se arranca algunos cabellos.

Entre los malos, también hay buenos o…menos malos. Aparece otro rey, éste con turbante y más oscuro, el rey Marsilio de Sansueña. Ha visto la insolencia del besucón y, aunque sea de la familia, le manda detener y que le den doscientos azotes, llevándole por las calles, pregonando su delito. La sentencia se cumple enseguida, que en la justicia los moros no hay fórmulas jurídicas que dilaten el proceso.

Don Quijote protesta, bien está la justicia cristiana con sus alargamientos. Aconseja al niño no desviarse, seguir la historia en línea recta. Maese Pedro, desde dentro, le ordena que haga lo que el caballero manda. Así lo hará, que el que paga, manda.

Don Gaiferos aparece a caballo, habla con su esposa. Ay, que no le conoce. ¿Tan viejo está? Melisendra cree estar hablando con un pasajero y le dice aquello de “si a Francia ides, por Gaiferos preguntad”. Éste se descubre, Melisendra se descuelga del balcón para saltar sobre el caballo. Mas ¡ay! que el faldellín se engancha en un hierro y la dama queda ondeando al viento, como una bandera. Los espectadores ríen ante la embarazosa situación de la damisela.Se le ve el ... La chiquillería de mi pueblo se hubiera mostrado mucho más ruidosa.


Un abrazo

(Continuará)

Mañanana cojo el hipogrifo. Enviaré lo que falta, si no es posible aquí, en camino hacia Vandalia. El hipogrifo es un animal muy paciente y no le molesta el ordenador.



La* en vez de le. Ved este enlace acerca del leísmo y el laísmo en el Quijote.